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El pasado 20 de diciembre se celebró la edición número 64 del certamen de Miss Universo, una de las ceremonias más polémicas de la historia.
Yo estuve ahí. Vi cómo todas las personas de Miss Universo querían meterse debajo de las mesas. Si hubieran podido, hasta debajo de la tierra. Para la transmisión del certamen de belleza, Noticias Caracol se traslada una semana antes al lugar del evento. A mis espaldas llevo cuatro Miss Universo: Vietnam, 2008; Bahamas, 2009; Rusia, 2013, y Miami, 2014. Este año fue mi quinto reinado y, sin duda, el más insólito.
Todos sabíamos que a Ariadna le iba a ir muy bien. El termómetro que normalmente uno usa para saber quiénes son las favoritas es el estado de la prensa: a quiénes entrevistan, de quiénes hablan más. La colombiana era una de las más aclamadas. El día del junket (una especie de rueda de prensa con las candidatas que los medios elijan) todo el mundo había pedido a Colombia. Ella fue la primera que llegó y la última que se fue.
Como iban las cosas, no había nada fuera de lo común. Los medios tenían sus favoritas; los medios colombianos postulamos a Ariadna Gutiérrez entre las cinco finalistas. En la mañana de la coronación todos los periodistas hacíamos fila para ingresar al viewing room, una habitación donde hay conexiones a internet, pantallas gigantes y los equipos para que los medios cubran el evento. Cuando quedó entre las cinco estábamos bien. Teníamos el live view, que es el dispositivo para transmitir en vivo, en ese momento estábamos tranquilos. Cuando quedó en las tres prendimos el live view y empezó el estrés: el sistema de transmisión de nosotros comenzó a fallar y no llegaba la señal hasta Colombia. Nos retiramos del salón para evitar un poco la congestión de la señal, esperamos en la puerta del salón el anuncio, cuando dijeron: “Quedó Colombia”. Yo espero ver que le pongan la corona, se la ponen y me salgo del salón. Estábamos listos para ir en vivo cuando Ariadna era la nueva Miss Universo. Yo grabé ese momento. Estábamos esperando a que nos dieran el cambio y oímos una gritería en el salón de prensa: “No, no puede ser”; “Fraude, fraude”. También escuchaba cómo tiraban cosas. Pilar Schmitt, la presentadora, dijo que estaba pasando algo, que de pronto eran ataques terroristas. Yo entré a la habitación para ver qué pasaba y me di cuenta de que le estaban quitando la corona.
En Bogotá se acabó la transmisión, mientras tanto los periodistas del mundo nos quedamos viendo cómo la colombiana estaba en la mitad de sus compañeras con los ojos inundados y la Señorita Filipinas, la ganadora, sola en el escenario.
Yo no diría que hubo fraude, a todas luces se vio que Steve Harvey se equivocó. Ariadna quedó destrozada. Recuerdo que a las 12 de la noche fui a buscarla para que hablara con nosotros. No me miraba a los ojos. Creo que estaba dopada porque fue un golpe muy fuerte. Todos quedamos sorprendidos. La Señorita Filipinas era una mujer hermosa, pero viéndola de cerca tenía lentes de contacto, uñas postizas y cirugías muy evidentes. No era la más opcionada.
* Gerente de Noticias Caracol.