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El año pasado, en un Giro de Italia que nunca vamos a olvidar por el 1-2 conseguido por los colombianos, Nairo Quintana aguantaba una virosis que no lo dejaba respirar bien con la reciedumbre y la voluntad de hierro de un curtido campesino boyacense y sufría antes de encarar la última semana de la prueba. La mayoría de los expertos aseguraban que el campeón sería Rigoberto Urán. Pero por esa condición física excepcional que tiene, Nairo pudo recuperarse a pesar del desgaste sufrido en las etapas en que luchaba con tremenda desventaja contra la enfermedad y contra sus rivales.
En el descanso que precedió a la etapa 16 entre Pizzolo y Aprica el líder del Movistar aseguró que al día siguiente iría al ataque y lo cumplió al pie de la letra al vestirse de rosa con un arrancón en el descenso previo al final y con una subida portentosa al puerto de llegada. El 26 de mayo del 2014 fue la etapa en la que Nairo hizo su primer milagro al salir de una semana de sufrimiento para convertirse en el líder y luego en el campeón del Giro.
El viernes pasado Quintana le dijo a los periodistas (un día después de que se quedara en un ascenso de tercera categoría), que se sentía mejor y que si el físico le respondía podría aún luchar por el título. Francamente no le creí demasiado porque no lo veía en los últimos días con la soltura y la facilidad con la que sube siempre, pero no me atreví a sacarlo de la baraja de corredores que están peleando la camiseta roja porque tenía muy presente lo ocurrido en Italia el año pasado. A Nairo Quintana hay que respetarlo en cualquier condición en que esté.
Y este sábado Nairo consiguió su segundo milagro, salir del infierno en que se encontraba en esta Vuelta y volver a ser el súper escalador de los últimos años. Con facilidad le llegó a la rueda a Fabio Aru que quiso demoler de una vez a sus adversarios y luego lo contraatacó para robarle siete segundos que lo dejan a tres minutos de la gloria. Fue poco el tiempo conseguido pero fue impactante su forma de subir que lo vuelve a meter entre los duros de la carrera.
Y hay terreno para buscar la roja: este domingo en la escalada final al Alto de Sotres en el que se suben 1.000 metros en 12 kilómetros y en especial el lunes donde se encararán dos premios de tercera categoría, tres de segunda, uno de primera y en la meta uno fuera de categoría en el que escalarán 800 metros en siete kilómetros.
El martes será día de descanso en Burgos y el miércoles la cronómetro llana de 38.7 kilómetros en la que tiene fincadas sus esperanzas Tom Dumoulin. Seguirá una jornada con dos premios de tercera y uno de primera a diez kilómetros de la llegada. El viernes una etapa muy similar a la que le sirvió a Lucho Herrera para consolidar su triunfo en la Vuelta de 1987 con llegada a la amurallada Avila y el sábado cuatro puertos de primera categoría en la Sierra Madrileña, en los que casi nunca ha pasado nada pero que en esta ocasión pueden ser encarados a muerte por las escasas diferencias en la clasificación general.
Y además de lo realizado por Quintana hay que resaltar la actuación de Esteban Chaves que ahora es cuarto en la general y que batallará sin descanso para meterse al podio que se encontrará frente al Santiago Bernabeu en la Castellana. Sin duda alguna ha sido la gran revelación de la Vuelta y en este momento el bogotano se muestra con arrestos suficientes para lucirse en las jornadas montañosas que se vienen.
La ilusión que casi teníamos perdida renació este sábado en el Alto Campoo, que por cierto fue el sitio en el que un colombiano ganó la primera etapa en la Vuelta a España. Era el año 1.985 y su protagonista fue el antioqueño Antonio “el Tomate” Agudelo.