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Como un robo a pito armado, un episodio vergonzoso y hasta como una ofensa para quienes aman el fútbol. Así calificó la prensa mundial lo ocurrido en el Georgia Dome de Atlanta durante la segunda semifinal de la Copa de Oro de la Concacaf, entre los seleccionados de México y Panamá. El árbitro estadounidense Mark Geiger perjudicó al conjunto canalero, que iba en ventaja por la mínima diferencia, al otorgar un penal inexistente a favor de los mexicanos cuando el partido estaba por el minuto noventa.
Los 30 minutos de tiempo extra, que se debieron jugar debido al empate, fueron de total caos. Los panameños sentían que el sueño de llegar a su segunda final consecutiva del evento más importante de selecciones en la Concacaf lo había frustrado el juez central y por eso protestaban airadamente cualquiera de sus decisiones. Incluso, los dirigidos por el colombiano Hernán Bolillo Gómez pensaron en retirarse del campo, como manera de mostrar su inconformidad. Para colmo de males, Geiger decretó un segundo penalti, dudoso para algunos, a favor de los mexicanos y con ello se concretó la clasificación para el “Tri” a la gran final.
Al término del partido vinieron las declaraciones desde ambos bandos. “Tengo decepción con el fútbol, es la primera vez que me pasa algo así”, dijo un acongojado Bolillo Gómez. “Después de que el árbitro señaló el primer penalti, pensé en retirarme de este deporte. Es de una irresponsabilidad absoluta lo sucedido en el campo”, añadió el antioqueño
Por su parte, Miguel Herrera, seleccionador del equipo mexicano, reconoció que el primer penalti fue inexistente, pero que ni él ni ninguno de sus jugadores tuvieron la culpa de esa decisión arbitral, que resultó más que desafortunada. “La verdad es que no merecíamos ganar el partido, porque no jugamos nada bien, pero estaba la oportunidad ahí y aprovechamos las circunstancias”, puntualizó Herrera.
Lo cierto es que México disputará la final de esta Copa de Oro el próximo domingo contra Jamaica. Por su parte, los panameños ya están de regreso en casa. Sin embargo, queda el sinsabor por lo ocurrido en este partido y sobre todo por la actuación del central Mark Geiger. Este juez, que nació en Beachwood, Nueva Jersey, el 25 de agosto de 1974, dirige profesionalmente en la MLS desde 2003 y como juez internacional de la FIFA desde 2008.
Pero más allá de la experiencia que puede tener, Geiger tiene un historial con varios episodios en los que cometió groseros errores. El primero que tuvo repercusión internacional fue durante el amistoso que jugaron Brasil y Colombia el 14 de noviembre de 2012 en Nueva Jersey. En el primer tiempo Geiger permitió fuertes infracciones por parte de los brasileños contra James Rodríguez y Falcao. Pero lo peor vino en el segundo tiempo, cuando decretó un penalti inexistente a favor de Brasil.
A pesar de sus erradas decisiones, dos años después fue elegido como uno de los jueces para el Mundial de Brasil 2014. Allí se convirtió en el primer árbitro norteamericano en los octavos de final de este evento. Le fue asignado el enfrentamiento entre Nigeria y Francia, que terminó con triunfo de los europeos por 2-0. Sin embargo, en la primera parte no pitó un claro penal a favor de los nigerianos y decidió no expulsar a Blaise Matuidi, quien le provocó una fractura de tibia y peroné al nigeriano Ogenyi Onazi en una fuerte entrada.
Geiger, que pareció darle la razón al combinado panameño, que calificó a los dirigentes de la Concacaf como “ladrones” y “corruptos”, no contribuyó para que este organismo pudiera revertir en algo su desteñida imagen luego de verse involucrada en los recientes casos de corrupción de la FIFA. Este episodio también deja una vez más sobre la mesa la pregunta acerca de si la tecnología debe ser aceptada en el fútbol como un mecanismo para tomar decisiones justas y acabar con la trampa que cubre día y noche el deporte más popular del mundo.