
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
En marzo, con la entrada en forma de la pandemia por el COVID-19, el caos se apoderó de los colombianos. Muchos consumidores salieron a tiendas y grandes superficies a acaparar productos de primera necesidad, como tapabocas y alcoholes, dejando a muchos sin opciones.
En ese momento el Gobierno hizo un llamado a la calma y a las empresas de sectores como la confección, los plásticos y los alcoholes para que suplieran la escasez de estos productos. Algunas licoreras privadas y públicas decidieron utilizar sus reservas en la producción de alcohol antiséptico, glicerinado y gel antibacterial como una medida para contribuir a la situación nacional y una alternativa para salir a flote y mantener los empleos.
Las licoreras nacionales, como las de Cundinamarca, Boyacá y Antioquia, vieron en ese mercado una oportunidad.
La de Cundinamarca, tras conseguir el permiso otorgado por el Invima, logró la fabricación de aproximadamente 3’200.000 unidades de alcohol antiséptico y ventas cercanas a los $11.000 millones que les generaron utilidades de $3.000 millones.
“Cuando empezó la pandemia lanzamos al mercado un alcohol antiséptico, porque estaba escaso y teníamos reservas de alcohol, y solicitamos al Invima la autorización. Fue un tema bien percibido, porque les enviamos un mensaje a los consumidores de que la fábrica de licores no solo estaba en momentos de entretenimiento, sino también en los tiempos difíciles”, señala Javier Ignacio Hurtado, gerente de la Fábrica de Licores de Antioquia (FLA).
Aunque las ventas de alcoholes y geles no compensan las pérdidas de su mercado tradicional, porque se trata de productos de menor valor, sí les sirvió para mantener la planta operando e incluso les alcanzó para donar a hospitales, hogares geriátricos, bomberos, entre otros.
“Nosotros tomamos la decisión de hacer alcohol a mediados de marzo y finalizando el mes ya lo teníamos en el mercado. Primero, salimos con alcohol antiséptico. Luego tuvimos la certificación del gel antibacterial. Nos ayudó para mantener la sostenibilidad de la empresa en el primer semestre. En abril, mayo y parte de junio no se vendió una gota de licor. En esos meses vendimos alcohol para satisfacer la demanda”, asegura Sergio Tolosa Acevedo, gerente de la Nueva Licorera de Boyacá.
Los gerentes concuerdan que, al comienzo, la demanda de alcohol se multiplicó a tal punto, que no daban abasto. A medida que pasó el tiempo, el alcohol se normalizó en el mercado y las empresas dedicadas a esos productos volvieron a posicionarse y se sumaron personas a vender estos productos en las calles a menor valor y con riesgo de no proteger del virus. Así que las licoreras retomaron su actividad comercial principal en el segundo semestre del año.
Aunque tienen autorización para vender alcohol antiséptico y gel antibacterial mientras dure la pandemia, las licoreras no descartan posicionarse en el mercado de estos productos e incluirlas en sus líneas permanentes de negocio.
Lastimosamente, Beatriz Elena Jaramillo, directora ejecutiva de la Cámara de Industrias Asociadas de Bebidas Alcohólicas (Caba), señala que la alternativa de los geles y alcoholes no funcionó en todos los casos, pues microempresarios dedicados a la producción de cervezas artesanales o pequeños importadores que comercializaban sus productos en restaurantes, hoteles, bares, entre otros, tuvieron que cerrar sus negocios y emprendimientos.
¿Qué pasó con el mercado del licor?
Los efectos de la pandemia del coronavirus se sintieron en la sociedad y en todos los sectores económicos. Unos salieron mejor librados, pero otros no tanto, como la industria de los licores, que a pesar de la reactivación económica sigue afectada al depender de una de las actividades que no han podido retomar: el entretenimiento traducido en bares, discotecas, eventos masivos, fiestas municipales, entre otras.
De acuerdo con cifras de la Asociación Colombiana de Industrias Licoreras (ACIL), a octubre su producción ha disminuido un 38 % frente al mismo período de 2019. Por su parte, la Caba asegura que las medidas que se han tomado para frenar la propagación del virus, como prohibiciones de comercialización, ley seca y toques de queda, han causado una disminución de recaudo de pago de impuesto al consumo de casi $1,3 billones, dinero que se destina a salud y educación. Además, “la industria legal disminuyó casi un 50 % su participación en el mercado con efectos colaterales muy graves para nuestra cadena de valor”, dice Jaramillo.
La industria licorera, que aporta $5 billones de impuestos al año y genera más de 120 mil empleos directos, también denuncia que otro de sus problemas es la ilegalidad. “Este año ese problema ha crecido exponencialmente. Hacemos un llamado respetuoso y muy especial a las autoridades, al Gobierno Nacional y a los gobiernos territoriales, con el fin de revisar este tipo de medidas restrictivas considerando las múltiples afectaciones que se generan y reconsiderarlas para este fin de año”, agrega Jaramillo.
La Empresa de Licores de Cundinamarca, fundada en 1905 y convertida en Empresa Comercial e Industrial del Estado en 1958, tuvo caídas en sus ventas del 70 % cuando comenzó la pandemia en el país. “No hablamos de pérdidas, hablamos de reducción en la utilidad. No vamos a dar un balance negativo, pero sí se han reducido en unos $50.000 millones los ingresos de la empresa y el departamento”, cuenta Jorge Enrique Machuca, gerente de la compañía.
Por su parte, la FLA, empresa que se encuentra en proceso de transformación para ser una empresa del Estado, que tiene 100 años y cuenta con ventas anuales de más de 52 millones de unidades, también se vio muy afectada por la pandemia. Hurtado, su gerente, dice que llegaron a vender un solo millón de unidades al mes y la afectación la estima en casi un 47 %. La Nueva Licorera de Boyacá, creada en 2019, ha perdido entre el 65 y el 70 % de las ventas normales en lo corrido del año.
La ACIL explica que los efectos negativos de estas cifras tienen repercusiones en los impuestos departamentales, pues la Ley 1816 de 2016 indica que el impuesto al consumo de esos productos se destina para salud, educación y deporte de los departamentos en los que se encuentran las licoreras.
“La Empresa de Licores de Cundinamarca, junto con el gobernador, giró parte de sus utilidades de 2019 anticipadamente al departamento y con ello se logró pagar las matrículas de los jóvenes que están estudiando en la Universidad de Cundinamarca”, asegura Machuca.
Tolosa Acevedo, gerente de la Nueva Licorera de Boyacá, explica que siguieron haciendo la transferencia al departamento. Sin embargo, por la reducción en las ventas no podrán cumplir con el objetivo inicial para 2020, que era de $19.000 millones, pero planean llegar a los $13.000 millones. “Las ventas han disminuido y afectado al sector, pero nosotros hemos tratado de hacer lo posible para que las transferencias no se vean afectadas en el mismo porcentaje. A la fecha, hemos destinado más de $8.000 millones. Esperamos que en el transcurso de noviembre y diciembre se logre un repunte en las ventas para llegar a la meta”.
¿Y los privados?
El grupo de cosméticos Natura & CO tomó la decisión de ofrecer en el mercado colombiano alcohol en gel, ampliar la producción de artículos de higiene y mantener los empleos como parte de sus acciones para contribuir a la contención del contagio y para minimizar las pérdidas del negocio.
“Desarrollamos en tres meses, un tiempo récord, la producción de alcohol en gel localmente. Obtuvimos un producto con los estándares acostumbrados de Natura, optimizando recursos y trabajando en forma coordinada y ágil con nuestros equipos técnicos en Brasil y Colombia, y con la alianza de nuestro maquilador local”, asegura Mary Hoyos, gerente de TT&P Natura Colombia.
Masglo, empresa cosmética para el cuidado de manos y pies, lanzó una línea de productos de bioseguridad, como geles, jabones, alcoholes, desinfectantes de ropa y caretas de protección. Además, al comienzo de la pandemia la compañía realizó una producción masiva de geles antibacteriales, algunos para donaciones.
Masglo explicó que su departamento de producción tuvo la tarea de fabricar en un mes la cantidad de geles antibacteriales que se elaboran en cinco meses.
Henkel, empresa alemana y con dos plantas en Colombia, pensando en apoyar la situación, cambió una línea de producción de tinturas para el cabello por 3.500 litros de geles y 3.500 litros de jabones líquidos bajo la marca Dial, para donaciones y para sus empleados encargados de esa fabricación.
Expectativas de la temporada navideña
A pesar de la crisis, octubre fue un buen mes para las licoreras, pues alcanzaron ventas cercanas al 70 % y esperan seguir en esa línea. Los gerentes de las licoreras reconocen que esta será una Navidad atípica, aunque mantienen buenas expectativas. “Esperamos que el mercado vaya mejorando, pero sabemos que la restricción que existe aún en establecimientos públicos y eventos masivos afecta la venta. Invitamos desde la compañía a consumir lo nuestro en este momento tan difícil que estamos pasando y que nos unamos todos”, pide Machuca.
Por su parte, Javier Hurtado dice que en la medida en que se manejen los meses que vienen sin restricciones o cierres, podrán mantener la dinámica de octubre. “Diciembre no será como todos los años, será atípico, pero sí pensamos que las familias van a buscar celebrar a su manera y estaremos presentes las industrias de licores. Esperamos cerrar más o menos entre el 55 y 60 % de las ventas de este año”.
Finalmente, Sergio Tolosa, de la Licorera de Boyacá, espera que “no solo a las licoreras, sino al comercio en general, nos llegue la Navidad”. Las empresas mantienen la esperanza y están planeando estrategias como ediciones especiales o limitadas y ventas por medios virtuales para que la gente se interese en comprar productos colombianos y apoyar su industria.