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Clasificar al Mundial de Fundaciones Brasil 2014, evento que realiza Street Football World (SFW) —brazo social de la Fifa— y que reúne a 32 organizaciones que utilizan el fútbol como modelo de desarrollo en la sede oficial, no fue una tarea fácil. Como toda eliminatoria implicó sacrificio. Madrugadas y noches en vela. Compromiso. Trabajo en equipo. Partidos a muerte y mucho, mucho entrenamiento.
Terminaba el año 2006 cuando uno más de los tantos astros que han confabulado para que Tiempo de Juego sea hoy lo que es, una fundación que todos los días recibe a más de 2 mil niños para que aprovechen su tiempo libre en actividades artísticas y deportivas, se apareciera por Cazucá. Ese astro, esos, en realidad eran dos, nos dijeron que eran de la Fifa y que andaban de gira por Latinoamérica buscando organizaciones que utilizaran el fútbol como herramienta para combatir problemáticas sociales y de violencia. Por esos días Tiempo de Juego de organización tenía poco. Apenas éramos un grupo de 80 niños jugando fútbol en una canchita de tierra, guiados por un entrenador, yo, que aunque de fútbol tengo alguna idea, no hubiera sabido qué hacer si alguien se tronchaba un tobillo. Combatir problemáticas sociales era nuestra intención en un barrio como Cazucá, donde convertirse en paramilitar o pandillero era la única opción para los jóvenes.
Ellos, los astros, nos contaron que SFW había nacido en Medellín a raíz de la muerte de Andrés Escobar. Que el alemán Jurgen Griesbek y los paisas Alejandro Arenas y John Bahos eran sus gestores, y que ahora su sede quedaba en Alemania. Que más de 80 organizaciones en todo el mundo eran parte de ella. Que en su fútbol no ganaba quien metiera más goles, sino el que se portara mejor. Que el primer gol tenía que ser de una mujer. Que para ser parte de SFW necesitamos ser una fundación seria, sostenible, con impacto en la comunidad. Ese día nos pusieron a soñar y comenzó nuestra eliminatoria para Brasil 2014.
Pasaron dos años para que los scouts de SFW volvieran a aparecer. Y esta vez se encontraron con más de 400 niños entrenando en un potrero donde el pasto nos llegaba a las rodillas. Como yo no daba abasto con los entrenamientos, los pelaos más grandes se habían comprometido con la causa y convertido en entrenadores. Johan y Montañez, a sus 15 años, fueron algunos de ellos y esta vez para Johan había buenas noticias. En Asunción, Paraguay, se celebraría un torneo suramericano y él, gracias a su trabajo y compromiso, sería parte de la delegación colombiana.
En Asunción entendí lo que esto significaba: cientos de chicos de todos los barrios, favelas, villas y comunas de Latinoamérica hablando el idioma universal del fútbol. Profes que encontraron en este deporte la forma de combatir el embarazo infantil, la prevención del sida, la violencia y la pobreza. En fin, cientos de locos que como nosotros habían encontrado en el fútbol una forma para buscar un mundo mejor. En ese torneo Johan, embajador de la República de Cazucá, hizo amigos argentinos, bolivianos, chilenos y hasta novia brasileña.
Al volver a Cazucá sentíamos que ya nada era imposible. Tanto, que cuando regresaron los miembros de SFW al barrio encontraron las cosas diferentes: el potrero de pasto largo ahora era una cancha profesional. Los refrigerios los hacían las mamás en una panadería que generaba ingresos y empleo. Teníamos una sede para actividades lúdicas y artísticas. Los uniformes para más de mil niños los hacían ellos mismos en su taller de screen. Y hasta un estudio de producción para los que les gustaba la música. Pero creo que la decisión final para que nos dieran la membresía que nos hacía miembros oficiales de Srteet Football Word y un cupo en el Mundial de Brasil 2014, donde además ocupamos el tercer puesto, fue que Montañez sería el entrenador de esa selección y que los niños ya no querían ser pandilleros. Ahora soñaban con convertirse en Johan o en el profe Montañez.
* Creador de la Fundación Tiempo de Juego.