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Vida de pescadores

Decenas de familias construyeron sus viviendas sobre el agua y sobreviven de atrapar camarones y jaibas en el corregimiento de Tasajera, en Puebloviejo (Magdalena).

01 de mayo de 2014 – 09:37 p. m.
Ronald Blo, un joven pescador de 27 años, heredó de su padre, hijo de un inmigrante alemán, el oficio de la pesca. /Jesús Fragozo
Ronald Blo, un joven pescador de 27 años, heredó de su padre, hijo de un inmigrante alemán, el oficio de la pesca. /Jesús Fragozo

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Ronald Blo parece que tuviera un despertador en la cabeza. Tiene 27 años y todos los días se despierta a medianoche y en la madrugada sin siquiera activar la alarma del celular. Podría jurar que se levanta hasta sonámbulo. Son las cinco de la mañana y ya está listo para embarcarse en la canoa en la que revisará cuántos camarones y jaibas (especie de cangrejos) cayeron en las cuatro redes que puso el día anterior. El cielo está encapotado y apenas se logra ver la silueta de las canoas de cientos de pescadores que como él salen a esta hora a atrapar peces en la Ciénaga Grande de Santa Marta, la laguna más extensa de Colombia.

Él vive en una pequeña casa de tablas, una de las cerca de 20 viviendas que en el corregimiento de Tasajera, en Puebloviejo (Magdalena), están dentro de la ciénaga. Agarra un palo de madera que los pescadores llaman palanca y comienza a impulsarse y a desplazarse en la canoa. En la jornada atrapó siete jaibas y más de tres kilos de camarones.

Ya en tierra, William -su hijo de siete años- lo espera para acompañarlo a vender los camarones. El pequeño está atento al arribo de Ronald, para luego ir con él a la única plaza de mercado del pueblo, que parece más una pescadería. Por los camarones, una matrona de esas gordas que anda con el pelo desordenado le ofrece 27 mil pesos, y él acepta.

Hace 14 años, Ronald y su hermano Guillermo, más conocido como Memo, viven en la ciénaga. El papá de los pescadores, Justo Blo, un descendiente de un inmigrante alemán que entró al país por el muelle de Puerto Colombia, construyó la casa y los corrales en donde se crían peces. Por aquel entonces, al hombre alto, corpulento y de ojos claros lo tildaban de loco, porque fue el primero en alimentar mojarras y sábalos en la ciénaga, incluso antes que en el corregimiento de Nueva Venecia, el pueblo palafito más grande del Magdalena que queda en el municipio de Sitionuevo, a una hora en lancha rápida desde Tasajera.

Las casas que están sobre el agua son como las que se construyen en las polvorientas calles del pueblo. Cuentan con energía eléctrica, servicio por el que se paga mensualmente 20 mil pesos. Tienen muebles y electrodomésticos. Sin embargo, el baño es un cuadro de tablas de madera que carece de sanitario, solo hay un hueco en el que van a parar los excrementos que luego terminan en la ciénaga.

“En el tiempo que llevamos viviendo acá, dos veces nos hemos inundado por culpa de las crecientes súbitas. Nos ha tocado alzar los aparatos electrónicos y dormir en hamacas. Eso es lo malo de vivir en estas condiciones, además del frío y los mosquitos”, dice Ronald.

Cerca de 30 mil peces, entre mojarras y sábalos, podrían estar en los 13 corrales de Santos y Memo. Las dos especies -que crecen en un periodo superior a un año- se alimentan de lisas y purina. Guillermo dice que hay ocasiones en las que se vende entre 400 y 500 kilos de cualquiera de las dos especies, unos 3 ó 4 millones de pesos “de un solo tajo”.

Memo tiene 24 años, vive con Marisol -su esposa- y Marieth, la pequeña de tres años que es la menor de sus dos hijos, en la casa de tablas de color azul que es custodiada por cuatro perros que no dejan de ladrar cada vez que se acerca una embarcación a la vivienda. Para rebuscarse el sustento diario, Guillermo hace como su hermano, atrapa camarones y jaibas que luego vende en el mercado. Ambos estudiaron hasta quinto de primaria, desde entonces no han parado de pescar y de navegar en la ciénaga.

En Tasajera, quizá, es mejor vivir sobre la ciénaga que en sus polvorientas calles. Por lo menos eso da a entender Marieth, que no le asusta caer al agua; se la pasa corriendo sobre los muelles que separan los corrales llenos de peces.

jesus.fragozo.29@.hotmail.com

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