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No paró de sonreír José Néstor Pékerman en su presentación como seleccionador de Colombia. No visitaba el país hace 34 años, cuando sufrió una lesión que terminó con su carrera de volante en el Independiente Medellín. A raíz de eso trabajó como taxista, repartidor de pizzas y vendedor de garrafas de gas, antes de comenzar su camino como técnico en las inferiores de Chacarita Juniors y de las selecciones juveniles de Argentina. Ayer el argentino habló de su nuevo reto. Aseguró que cree que tiene armas suficientes para asistir a Brasil 2014. En las próximas semanas definirá la sede de la selección y su primera lista de convocados, la que enfrentará el 29 de febrero a México, en un amistoso en Miami.
¿Qué le hizo venir a Colombia?
Nosotros, desde que comenzamos el primer contacto con el señor Luis Bedoya y compañía, anunciamos un acuerdo, pero dimos nuestra palabra. Dije tantas veces que no en otras partes, porque el fútbol está muy raro y no es fácil encontrar circunstancias que se adapten a mi filosofía. Las encontré acá y no tuve ninguna duda.
¿Por qué dijo que sí y tantos que no?
No se pueden juzgar las opiniones de los demás. Siempre fui respetuoso. Vislumbré este proyecto positivo. Sé lo que es jugar eliminatorias, hay situaciones dolorosas y hasta injustas con esta selección. Pero quiero cumplir los objetivos e ir al Mundial. Sé que hay gente que ha hecho mucho por este fútbol, como Bolillo Gómez y Maturana. Ellos y todos saben que lo voy a dejar todo.
¿Tuvo que ver también el cariño que le tiene a Colombia?
Pasé momentos maravillosos acá y tristes también, por una lesión que acabó con mi carrera. Si no hubiese pasado eso me habría quedado en este hermoso país. En esto prima la emoción. Aún recuerdo cuando el Medellín se coronaba después de tantos años. Y de una radio me llamaron para recordar que yo jugué allí. Colombia me quedó para toda la vida, tras mi partida. Mi hija, la colombiana, me acompañó ahora al aeropuerto y me dijo: ‘Papá, tenemos que ir al Mundial sí o sí’.
¿Cómo estará conformado su cuerpo técnico? ¿Podrá ser modificado en el camino?
Néstor Lorenzo (mundialista en el 90) y Pablo Garabello (quien me acompañó en México y jugó en Argentinos Juniors) serán mis asistentes. Eduardo Urtazún (quien me acompañó en Alemania 2006 con Argentina) y Patricio Camps (exjugador de Vélez en la era Bianchi), los preparadores físicos. Pero no tendré problema en dejar que se incorpore gente nueva. Sé que hay personas muy capacitadas en Colombia.
¿Cómo coordinar con técnicos juveniles que ya fueron nombrados ‘a priori’?
No es momento de especificar. Quiero que sepan que no tengo injerencia de nadie. Gozo de independencia. Tengo la libertad de unificar.
¿Qué va a pasar con la sede?
Por ahora estaré instalado en Bogotá. Entonces empezaremos a resolver temas como ese y a armar nuestra primera lista para el juego de febrero contra México.
¿Cómo hará para que el país recupere la fe, luego de tres años de ausencia en un Mundial?
Pero esta racha no sólo pasó con Colombia. Argentina lleva mucho tiempo yendo, pero no podemos llegar a la final y eso para nosotros es tremendo. A veces no se cumplen las cosas y hay momentos de decepción, pero se revierten aprendiendo de errores. Soy muy optimismta de que Colombia pueda lograrlo. Tenemos armas. En Uruguay unieron voluntades y recuperaron la mística. Ahora están en la élite.
¿Acepta que lo tilden de técnico clásico, amante de un volante 10?
Uno tiene una idea. Los años van dejando lo mejor. Pero hay que adaptarse a los jugadores que se tiene. Uno debe potenciar al grupo de futbolistas. Luego pienso en el sistema. No pienso en ser clásico sino en la adaptación, en las sociedades. Luego veremos si usamos un 4-3-3, 4-4-2 o 4-3-1-2.
¿Giovanni Moreno y James Rodríguez son como esos volantes que siempre le gustaron?
Respeto a todos los futbolistas. Acá hay una prioridad de construir equipos. Acá deben tener actitud positiva y compromiso. Los nombres causan problemas. Hoy no es momento para hablar de uno, sino de un conjunto. Muchas veces no se pueden explicar las convocatorias, porque uno no puede mostrar las armas. En este mundo tan globalizado se sabe todo sobre cualquier selección y un mínimo detalle marca la diferencia. También se debe planificar lo más pequeño.