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Amaranto Perea: «Solamente pensamos en Venezuela»

El defensa confía en hacer valer la localidad y comenzar a despejar el camino hacia Brasil.

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La historia, medianamente conocida, dice que Amaranto Perea vendía helados para sobrevivir. No lo hacía porque se estuviera muriendo de hambre, pero sí para sostenerse en Medellín, a donde había llegado de Currulao, su pueblo, para probar suerte en el fútbol y en el sueño de ser jugador profesional. Era un vendedor típico: el carrito, la campana, las paletas de fruta.

Luego de un tiempo, Perea fue a entrenar, junto a otros siete compañeros, en el Deportivo Independiente Medellín. Julio Comesaña, que en su momento hizo debutar a Leonel Álvarez, lo llevó al primer equipo. Lo que vino después es infinitamente conocido, pero no menos meritorio: el paso exitoso por Boca Juniors, en Argentina, y las ocho temporadas que lo han consagrado en el Atlético de Madrid.

Ahora, el defensa habla con la voz leve, con el tono tibio. Más allá del dinero y la fama, está el hombre humilde, el semblante sencillo. Aunque la pobreza ya se fue, del adolescente que vendía los helados calle a calle, familia a familia, quedan las ganas, la necesidad de triunfar con una camiseta que ya ha vestido más de 50 veces, desde aquel 4 a 0 que, paradójicamente, Bolivia le propinó hace ocho años al conjunto que en ese entonces dirigía Francisco Maturana.

La vida tiene esas cosas: frente a los bolivianos, hace un mes, Perea se puso la cinta de capitán. Tras la victoria histórica, lloró. El ritual del llanto fue simple: no hubo drama o impostura o exageración. Apenas eso: el hombre ante la emoción, ante el sueño que se va cumpliendo.

Hoy, sin embargo, hay más por hacer. Después de La Paz, Barranquilla. Y, allí, Venezuela. Perea insiste en que el apoyo del país no sólo se debe al triunfo en los 3.600 metros, sino también a lo hecho en la reciente Copa América, en junio.

“Más que ese partido, creo que, después de la Copa, Colombia en sí volvió a volcarse”, comenta. “Hacía muchos años no veía a un pueblo tan unido, tan esperanzado en una selección como ésta, y bueno, eso lo notamos. Antes de viajar al primer encuentro, cuando todavía estábamos en Bogotá, a la salida del hotel, en los entrenamientos, había siempre muchísima gente, y eso sin duda te exige estar más concentrado”.

El poco tiempo para entrenar ha devenido en disciplina y eficacia. “Leonel lo menciona mucho. Ante el corto tiempo, que no sólo es de nosotros sino de todos los equipos, es más hacer memoria”, afirma. “Por eso los grupos que vienen siendo convocados, a no ser un caso de fuerza mayor, intentan ser los mismos: porque hay memoria de un trabajo y así es más fácil agarrar un concepto”.

“En este formato”, señala Perea, “tuvimos la ventaja del descanso para el segundo partido, y en ese momento pudimos trabajar más y llegar frescos. Pero después, es el mismo plazo y la misma dificultad para todos”.

Al hablar del rival, que hace su arribo hoy a Colombia, hay un elogio que se ha vuelto común y una declaración esperanzada. “Tiene muy buenos jugadores, dos delanteros peligrosos, que juegan en las grandes ligas, y de mediocampo hacia atrás han crecido mucho”, sostiene. “Colombia tiene que darle mucha importancia a este partido, porque, de ganarles, se empiezan a visualizar cosas interesantes para nosotros”, confiesa.

Dentro de todo eso, sin embargo, no cabe referirse a Argentina, el próximo rival. “No hablamos de ellos, solamente pensamos en Venezuela, y es esencial ganar, porque es el primer partido que tenemos, y el más importante”, asume. La deducción que sigue es valiosa por su franqueza: “Al final”, dice Perea con claridad, “los argentinos siempre van a estar clasificados. En cambio, nosotros nos estamos jugando una plaza con selecciones como la venezolana”.

En esa medida, sigue siendo sincero cuando se le pregunta cómo le ha ido en Barranquilla. “Yo diría que no muy bien”, reconoce. “Desgraciadamente, no hemos podido clasificar. Pero después tengo buenos recuerdos; hemos goleado acá a selecciones competitivas. Creo que, al final, si le damos intensidad al juego, las condiciones climatológicas nos van a favorecer”.

“Es una ciudad muy alegre, y esto nos contagia. Es esencial que nos estén acompañando los 90 minutos, aunque puede haber momentos difíciles, y ahí los necesitamos a ellos, para que volvamos a estabilizarnos. Las veces que Colombia ha clasificado, ha sido acá, y eso es fundamental”, añade. Para cerrar, un aliento para Juan Camilo Zúñiga: “Esperemos que no haga tanta falta”, apunta. “Lo que pasa es que para nosotros ha sido un jugador muy importante. Él y Pablito Armero son las alas de la selección, porque son los que hacen mucho daño por los costados, que atacan por sorpresa. Pero el nacimiento de su hijo coincidió con esta fecha y, en un caso como ese, lo más importante es la familia. Le deseamos de corazón que todo salga bien”.

 

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