Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Muchos en su lugar podrían obviar el tema con un simple no como respuesta o sugerir que el ámbito profesional no invadiese lo personal, pero en el caso de Luis Amaranto Perea, recordar su niñez llena de necesidades es algo que le alimenta el alma.
De aquel pequeño que se ganaba la vida vendiendo helados en Turbo conserva la humildad y en especial ese espíritu de lucha que lo llevó un día a encontrar en el fútbol una opción de supervivencia.
Hoy le debe mucho, casi todo, al balón y la mejor forma de agradecérselo a sus 31 años es “intentando ser un profesional íntegro, que se puede equivocar como cualquier persona, pero que siempre da lo mejor de sí para no tener que reprocharse nada después”.
Acepta las críticas y dice preferirlas sobre los elogios porque “ayudan a corregir y mejorar”, pero también a sumar registros, como el de hace dos semanas, cuando completó 250 partidos con el Atlético de Madrid para convertirse en el segundo extranjero que más ha vestido la camiseta rojiblanca.
Tener ya un lugar propio en la historia colchonera llevó al defensor a echar la mirada atrás para que encontrara un común denominador en su carrera: “Soy de equipos de sentimiento, porque para nadie es un secreto lo que sufrió durante años el Medellín en Colombia, ni hablar de la pasión que despierta Boca en Argentina y el mundo, y ahora el ‘Aleti’, que desata todo tipo de emociones”.
Con el DIM debutó profesionalmente y ayudó a romper el ayuno de gloria represado durante décadas; luego, vestido de auriazul, aumentó la grandeza bostera con la Intercontinental, pero en España tuvo que esperar cinco temporadas para probar el éxito, aunque siente que “valió la pena luchar durante tanto tiempo, porque al final ese esfuerzo se vio representado en dos títulos muy importantes”.
Con las vueltas olímpicas de la Europa League y la Supercopa del Viejo Continente, Amaranto recordó lo que era gritar campeón, aunque las perspectivas no han cambiado en absoluto, ya que “la intención siempre será la de ganar, estar arriba y seguir consiguiendo metas, así que queremos estar dentro de los tres o cuatro primeros para tener la opción de jugar la Champions”.
El grado de exigencia tampoco se modifica “porque en el fútbol, como en la vida misma, cumples un objetivo y automáticamente nace otro, lo que hiciste ayer ya hoy no sirve de nada y es lindo encarar cada día nuevos retos”.
Y los quiere afrontar con el Atlético, que “había sufrido muchísimo, pero los dos títulos que pudimos ganar, la gente los celebró de una manera única, nunca había visto algo igual, ahora es todo diferente y la expectativa es aún mayor, porque la afición ahora te va a pedir más, en cierta forma te acostumbras un poco a ganar cosas y el reto no puede ser inferior, entonces la responsabilidad es la misma y el equipo por suerte en esta temporada está fuerte”.
De ahí que la hinchada rojiblanca aún le enrostre las recientes consagraciones continentales a los del Madrid, que se fueron literalmente en blanco, pero para Perea, “más que pensar en el vecino, somos nosotros, no nos fijamos en lo que ellos hagan porque el Real es un club muy diferente al nuestro. De alguna manera junto al Barcelona están un escalón por encima de los demás y son los llamados a ganar la Liga, por eso en nuestro caso peleamos con nuestras armas, trazamos nuestros objetivos e intentaremos cumplirlos a como dé lugar”.
Los colchoneros, según Amaranto, tienen lo suyo, tal vez con nombre y apellido: Diego Forlán. ¿Una garantía, un honor, un lujo? “De todo, porque es goleador nato, un ganador y un gran compañero, así que encontrar todas esas cualidades en una misma persona es complicado, por lo que aparte de ser referente, es el amigo y eso facilita mucho la convivencia”.
El uruguayo se fue a Sudáfrica con el rótulo de artillero y volvió siendo el mejor del Mundial, algo que “a nivel personal debe ser una motivación única y en lo grupal nos sentimos también orgullosos de tenerlo a nuestro lado, porque de alguna forma hemos sido parte de sus triunfos, los sentimos como propios y él los ha compartido con nosotros”.
Perea admite además que se “disfruta mucho al tenerlo de compañero y de nuestras selecciones hablamos sólo cuando hay fecha de eliminatoria, todavía falta mucho tiempo para iniciar la próxima y de pronto lo más cercano es la Copa América. Apenas está disfrutando el buen papel en la Copa del Mundo, pero ya me dijo que en Brasil debemos estar los dos”.
Acaba de sumarse al proceso de Hernán Darío Gómez que le apunta al Mundial 2014. Hace tres semanas estuvo en los amistosos contra Ecuador y Estados Unidos, y en cuestión de días ya notó que el seleccionador nacional pretende “darle rigor a cada jugada, que el jugador tome cada entrenamiento como si fuera el último partido, darle mucha seriedad a todo y que la línea de atrás esté bien posicionada y los movimientos defensivos estén muy combinados”.
Reconoce igualmente que “está muy difícil jugar, porque hay varios jugadores de muchas condiciones como Iván (Córdoba), Aquivaldo (Mosquera), el mismo Cristian (Zapata) y otros que vienen reclamando oportunidad gracias a un nivel altísimo, no sólo en la zaga, sino en todas las líneas”.
Nota además a “un cuerpo técnico muy motivado, comprometido y con experiencia de sobra”, aunque sabe que con eso no basta y por eso advierte que “los jugadores deberemos dar un poco más para poder lograr el objetivo”.
“Ojalá no me vaya del fútbol sin jugar un Mundial”, suelta Perea con ilusión, la misma que le ha permitido cumplir varios sueños y con la que espera hacer realidad otros, como el de marcar gol con el Atlético, grito reprimido durante años que “algún día tendrá que llegar” o ver en competencia a su esposa Digna Luz Murillo en los Olímpicos de Londres 2012.
Ella, como atleta, estuvo en las Olimpiadas de Sidney representando a Colombia, pero al nacionalizarse española desde enero de 2009, ya fue campeona nacional y tras su participación en los Campeonatos de Europa de Atletismo al aire libre que se disputaron entre julio y agosto pasados en Barcelona, ganó beca olímpica.
“Le va mejor que a mí, sin duda, y en casa no puedo embarrarla, porque si salgo corriendo me alcanza facilito”, dice entre risas Amaranto, quien obtuvo la nacionalidad ibérica desde agosto de 2007 y admite vivir “muy feliz en Madrid, porque nuestros hijos (Juan David y Daniel, de 7 y 4 años, respectivamente) están creciendo en un buen ambiente”.
Ambos dan de qué hablar en España, son reconocidos a su manera, pero en casa es un misterio saber si se habla de deporte, porque si hay algo que Amaranto defiende con especial recelo es su intimidad de hogar. “Nos han pedido muchas entrevistas de los dos juntos y no hemos aceptado, porque nuestra relación es una cosa y la actividad de cada uno otra muy distinta”.
Así de invulnerable se esfuerza por ser Perea en la cancha, donde se ha ganado un nombre, un respeto y también una fama que desconoce la soberbia, porque este antioqueño no olvida nunca su origen, humilde por demás, para saber bien hacia dónde seguir.