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En pleno campeonato mundial vino Francia a recibir el castigo por su polémica clasificación. En noviembre del año pasado, cuando una mano clara de Thierry Henry no fue sancionada y generó el gol de la agónica victoria 1-0 sobre Irlanda, en el juego decisivo del repechaje europeo, los galos sintieron que habían recibido una ayuda divina.
Hoy, sin embargo, viven un calvario en Sudáfrica y lamentan que su selección, que viene de capa caída desde la final del Mundial de 2006, esté prácticamente eliminada de la cita africana, tras la derrota 2-0 frente a México.
Porque, aunque quedó ubicada en el llamado “grupo de la muerte”, no era la candidata para quedarse fuera del torneo en la primera ronda. Los pronósticos indicaban, más bien, que entre los locales, manitos y uruguayos definirían el compañero de los franceses en octavos de final.
Pero, al igual que ocurrió en 2002, cuando llegaron como favoritos, los campeones de 1998 no han jugado a nada. Sus mejores hombres no han sido ni la sombra de lo que son en sus clubes y el técnico Raymond Doménech les ha dado la razón a sus críticos, quienes lo califican de soberbio, perezoso y poco astuto para plantear los partidos. De hecho, desde antes de este Mundial, la Federación Francesa ya tenía definido el nombre de su sucesor, Laurent Blanc.
Matemáticamente, ‘Les Bleus’ no están eliminados, pero dependen de un milagro, el próximo martes, para seguir con vida en el torneo. Su única alternativa es golear a Sudáfrica y que haya un ganador entre Uruguay y México, a quienes un empate los clasifica automáticamente.
El problema, sin embargo, es que la selección gala no parece tener cómo reaccionar. Desde que se retiró Zinedine Zidane, el equipo ha carecido de un líder y el llamado a asumir ese rol, Franck Ribery, está más preocupado por sus problemas judiciales, tras las acusaciones de contratar servicios de prostitutas menores de edad, que por jugar.
Y a Henry, héroe nacional tras su “viveza” contra los irlandeses, el destino lo castigó con la impotencia de ver a su selección desde el banquillo, porque Doménech no lo utilizó en la derrota contra México y prefirió poner a delanteros con menos trayectoria que él.
En el fútbol no hay nada escrito, y Francia no quedará eliminada sino hasta cuando se juegue la tercera fecha del grupo, pero, evidentemente, ni uruguayos ni mexicanos van a arriesgar más de la cuenta sólo para darles una mano a los galos. De hecho, a la salida del estadio Peter Mokaba, de Polokwane, los jugadores y los miembros del cuerpo técnico apenas atendieron a los medios, porque los obliga el protocolo de la Fifa, y ninguno mostró optimismo con respecto al futuro de su equipo en el Mundial.
La justicia cojea, pero llega, dicen algunos. Y Francia, con su sufrimiento en Sudáfrica, está pagando la condena por una cuestionada clasificación, mientras sus víctimas irlandesas, también con camisetas verdes, agradecen la venganza que cobraron los manitos.