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La agenda de la reunión del G20 para este sábado gira casi exclusivamente en torno a la pandemia, cosa que no sorprende a nadie. Lo que sí llama la atención es que el grupo de las 20 naciones más industrializadas del mundo se centrará especialmente en cómo aliviar las condiciones de deuda para los países más pobres del mundo.
De acuerdo con proyecciones de las Naciones Unidas, uno de los efectos más desastrosos de la crisis por el COVID-19 será la entrada de 130 millones de personas a la pobreza extrema en todo el mundo.
En Latinoamérica, el organismo estima que unos 45 millones de personas entrarán a engrosar el renglón de pobreza. Esta es una de las regiones más desiguales del mundo, un asunto que no ayuda a la hora de hacer proyecciones sobre impactos por la pandemia.
Para la Cepal (organismo de la ONU especializado en Latinoamérica), las cifras de la región son preocupantes per se, pero lo son aún más porque pueden llevar a una desestabilización de todo el continente.
“En un contexto en el que ya existen enormes desigualdades, niveles elevados de trabajo informal y servicios de salud fragmentados, las poblaciones y las personas más vulnerables son una vez más las más afectadas”, dijo hace dos semanas Antonio Guterres, secretario general de la ONU, al discutir el panorama de la pobreza en Latinoamérica.
Con este contexto en mente, las discusiones del G20 (que reúne a ministros de Economía y Finanzas) son cruciales porque, en últimas, se trata de los representantes gubernamentales de los países que, a su vez, agrupan a los acreedores de las naciones más pobres en el mundo.
En abril, el G20 acordó una moratoria de un año en el servicio de la deuda a instancias del FMI y el BM para ayudar a los 76 países más vulnerables del mundo, y llamaron al sector privado a unirse, en medio de la pandemia de coronavirus.
La medida, aunque fue celebrada en su momento, ha sido reconocida como insuficiente dados los alcances extensivos de la pandemia sobre la economía global. Para Carmen Reinhart, nueva economista jefe del Banco Mundial, la decisión del G20 fue útil, pero “lamentablemente no fue tan lejos como se deseaba”. “Todavía esperamos la participación del sector privado y de miembros fuera del Club de París (de acreedores)”, insistió Reinhart el viernes en declaraciones a medios.
Reinhart admitió que se encuentra “un poco escéptica” ante los alcances de las charlas del G20 y destacó que China es un acreedor mayor que los miembros del Club de París en conjunto, pero ofrece poca transparencia sobre el monto de alivio que está ofreciendo.
Organizaciones como Amnistía Internacional han llamado a congelar los pagos de deuda de los países más pobres durante, por lo menos, los próximos dos años.
En su último informe como relator de pobreza y derechos humanos de la ONU, Philip Alston aseguró que la forma de medir la pobreza, bajo los lineamientos diseñados por el mismo Banco Mundial, oculta realidades sombrías. El ahora exrelator de la ONU asegura que al utilizar los marcos teóricos del BM se ha creado la ilusión de que el mundo ha avanzado sostenidamente en la reducción de la pobreza extrema, cuando el escenario real puede ser mucho menos triunfalista.
En el documento Alston incluyó críticas duras a la visión global sobre las soluciones a este problema: “…la comunidad internacional erróneamente habla de progreso en la eliminación de la pobreza extrema al utilizar como referencia un estándar de subsistencia miserable, en vez de un parámetro de vida mínimamente adecuado. Esto, a su vez, facilita que se hagan declaraciones enormemente exageradas acerca de la erradicación de la pobreza extrema y oculta el estado de peligroso empobrecimiento en el que aún subsisten billones de personas”.
En Colombia, una proyección de Fedesarrollo revela que en el peor de los casos la pobreza podría subir 6,6 puntos porcentuales hasta 33,6 % (3,1 millones de personas adicionales), impulsada por quienes hoy están en vulnerabilidad (al menos un 15 % de este grupo ya no podría satisfacer sus necesidades básicas).
La cifra será más o menos alta dependiendo de la recuperación de la actividad económica en lo que queda del año. Según Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo, “de todas formas el choque va a ser sustancial, porque en abril y mayo la pobreza pudo haber subido a 40 %: eso nos retrocede ocho años. Nuestro escenario central es que el aumento en pobreza y desempleo no llegue a los niveles que tuvimos a finales de la década de los 90, aunque hay chance de que todo empeore”. Incluso el DANE cree que el choque de ingresos puede sumarle entre 7 y 15 puntos al porcentaje de la población clasificada como pobre.
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Las discusiones sobre la pobreza resultan cruciales en diferentes niveles. Desde el macro (el manejo de la deuda de los países), hasta la focalización de recursos para atender a los más vulnerables en la crisis. Además del escenario de salud pública, la gran batalla en tiempos e la pandemia será por defender las condiciones de vida de quienes están en riesgo de caer de nuevo en la pobreza y, con ella, echar por tierra décadas de esfuerzos fiscales y sociales a nivel global.