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La ‘lucha’ de Jacqueline

Una lesión de meniscos por poco la deja fuera de las justas de Beijing, pero se recuperó a tiempo y ahora se prepara con todo para pelear por un lugar en el podio. “Conozco muy bien a mis rivales y sé que les puedo ganar”, dice.

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En el barrio Siloé de Cali todos luchan a diario, pero Jacqueline Rentería es quien mejor lo hace. Ella, a diferencia de sus vecinos, no sale a trabajar a las cinco de la mañana, ni llega agotada cuando ya está bien entrada la noche. Su ‘lucha’ es la deportiva y gracias a ella ha podido salir adelante.

Nació el 23 de febrero de 1986 y comenzó a pelear cuando, por recomendación de una profesora suya, visitó la Liga Vallecaucana de Judo. “La verdad es que no me pareció chévere, pero entré a la de lucha, que queda al lado. Y eso sí me gustó”, reconoce la morena, de 1,65 metros de estatura y 55 kilogramos de peso, quien antes había practicado atletismo, pero no lo había tomado muy en serio.

En esa época, a Jacqueline no se le pasaba por la cabeza convertirse en deportista de alto rendimiento. De hecho, a pesar de las limitaciones económicas, soñaba con ser médica o terminar otra carrera profesional, porque “era una niña juiciosa, que salía poco a la calle, pues prefería quedarme en la casa viendo televisión”.

Pero su vida cambió en enero de 2000, cuando participó en su primera competencia municipal y ocupó el segundo lugar, lo que la motivó para dedicarse más de lleno a la lucha, mientras terminaba su bachillerato en el Instituto Técnico Escarpeta, de Cali.

“Después todo se fue dando poco a poco —explica—. Me llamaron a la selección de Cali, luego a la del Valle y finalmente a la de Colombia, hasta que me dediqué por completo a la lucha”.

Y no le ha ido nada mal. Tiene 15 títulos nacionales en diferentes categorías, cinco panamericanos, dos centroamericanos, dos bolivarianos y un subtítulo mundial. Al respecto dice que “las alegrías han sido muchas, pero conseguir el oro en los Juegos de Río, el año pasado, y lograr el cupo a los Juegos Olímpicos de Beijing, ha sido lo mejor”.

En cambio, no ha sufrido muchas tristezas. “Me duele cuando no gano un título o no consigo una meta, pero lo único que realmente me afectó fue una lesión de menisco que sufrí en noviembre pasado, pues creí que me iba a dejar fuera de los Olímpicos”.

Afortunadamente se recuperó y ya está entrenando con todo para las justas de China, en donde sus principales rivales serán la campeona mundial y olímpica de la categoría, la japonesa Saori Yoshida, y la kazaja Olga Smirnova. “Las conozco muy bien, pues tengo varios videos de sus combates. Además, ya las he enfrentado y sé que les puedo ganar”, dice con seguridad mientras su técnico, Víctor Capacho, aprueba sus palabras.

Él afirma que una de las grandes fortalezas de Jacqueline es su mentalidad ganadora. “Entrena duro, es muy disciplinada y dedicada, pero lo hace siempre pensando en ganar. Tiene una trayectoria importante que le permite enfrentarse de tú a tú con todas sus contrincantes”, asegura el entrenador. Sin embargo no la presiona para evitar que se obsesione con subir al podio.

“Yo quiero una medalla en Beijing, ese es mi gran anhelo. Tengo muchas ganas de darle una satisfacción a Colombia y a mi familia y creo que allá se puede dar”, reconoce la caleña, feliz porque gracias al deporte ha conocido muchos países de Europa, Asia y América.

Después de los Olímpicos, ella espera ganar para su departamento la presea de oro en los Juegos Nacionales y definir qué carrera va a estudiar. “Quería empezar Derecho, pero ya no estoy muy segura. Tal vez sea mejor la arquitectura”, admite con algo de pena Jacqueline, que vive en la casa de deportistas de Indervalle, entidad que le brinda alojamiento, alimentación y un auxilio para sus gastos, además de pagarle la EPS y la ARP.

“Esa es una gran motivación, así como los premios del Gobierno por lograr medallas en torneos internacionales”, afirma. Ella espera poder comprarles una casa a sus padres, José y Delia, y a sus cuatro hermanos, quienes por ahora siguen luchando en el popular barrio Siloé.

 

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