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El habitante de calle de Barranquilla que terminó siendo un falso positivo

La Fiscalía demostró que el homicidio de Jorge Luis Villanueva, presentado en 2007 por el Ejército como guerrillero muerto en combate, fue un vil montaje.

Foto: EFE - Francisco Díaz

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Entre los más de 2.400 casos por ejecuciones extrajudiciales que investiga en estos momentos la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía, recientemente se conoció una condena a 40 años de prisión contra tres soldados profesionales del Batallón La Popa del Ejército –ubicado en Valledupar (Cesar)–. El pasado 27 de marzo de 2014, el juez tercero penal de Valledupar encontró culpables por los delitos de desaparición forzada y homicidio en persona protegida a los militares Edinson Rafael Gómez Daza, Jaime Blanco Castillo y Jonathan Arbeláez. Estos hombre participaron en el asesinato de Jorge Luis Villanueva López, un joven que fue presentado como guerrillero muerto en combate a pesar de que se conocía que tenía problemas mentales, era drogadicto y un habitante de calle.

Los hechos se presentaron el 6 de diciembre de 2007 en la vereda Maruamake del corregimiento de Guataparí de Valledupar. En la madrugada de ese día, integrantes del grupo Albardón 2 del Batallón de La Popa reportaron un presunto combate con tropas del Frente 59 de las Farc, y que en ese operativo un guerrillero había muerto. En un principio todo parecía normal y que los hechos se habían presentado en el marco de la operación Normandía. Sin embargo, tres meses después, la Fiscalía logró reconocer que el cuerpo era el de Villanueva López, por lo que se comunicaron con sus familiares quienes recibieron con sorpresa la noticia ya que aseguraron que el joven “tenía limitaciones y padecimientos mentales” y en varias oportunidades había sido recluido en centros médicos.

La primera en llegar hasta Valledupar para realizar el reconocimiento fue del cuerpo del joven fue su tía Eucaris Mercedes Gómez, quien dio luces a las autoridades para que iniciaran una investigación por el homicidio de su sobrino ya que manifestó que el joven nunca había salido de Barranquilla –ciudad donde vivía– y que las únicas veces que lo hacía era para ir a Malombo, pueblo donde vivía su abuela. Asimismo, indicó que no pertenecía a ningún grupo al margen de la ley ya que durante los últimos años había estado recluido en el Centro de Atención y Rehabilitación Integral (CARI) de Barranquilla por sus adicciones. Una de las principales pruebas fue la historia clínica de Villanueva López, en la que había una certificación expedida en junio de 2004 por el equipo de farmacodependencia del Hospital Universitario de Barranquilla que dictaminaba “trastorno efectivo bipolar más farmacodependencia mixta”.

La madre de la víctima, Carmen Elena Villanueva López le dijo a la Fiscalía que era imposible que su hijo fuera un delincuente, ya que él “venía sufriendo enfermedades mentales. Cuando consumía drogas hablaba incoherencias, se reía, perdía el control”. Según los registros, desde 2000 había estado entrando y saliendo de rehabilitación, y que la última vez que estuvo en el CARI fue desde el 18 de agosto de 2007 hasta el 9 de octubre. Se creía que estaba recuperado pero, el 22 de octubre tuvo un ataque y fue agresivo con su madre, al punto que abandonó la casa y se fue al hogar de su abuela. Su madre dice que desde ese día no lo volvió a ver y que supo de él después de que uno de los vecinos le comentaron que lo vieron en la calle, descalzo y reciclando.

Rafael Camargo Guille, un hombre que aseguró conocer de toda la vida a Jorge Luis Villanueva, señaló que el joven tenía serios problemas con la droga y que antes de desaparecer en diciembre de 2007 fue visto como reciclador en el centro de Barranquilla sin un solo centavo. La Fiscalía también presentó una serie de informes de Medicina Legal y del CTI en los que se demostraba que las trayectorias de los proyectiles que le causaron la muerte al joven no correspondían a los de un combate y que, además, la prueba técnica de Residuos de Disparo en Mano concluía que Villanueva nunca disparó un arma. Para el juez queda claro que las pruebas demostraban que la versión de los uniformados sobre un presunto combate con un hombre que en su espalda llevaba un costal e iba armado con un revolver y una escopeta, era falso.

Este se convirtió en otro caso de un joven drogadicto y habitante de calle que fue reclutado y desaparecido por las Fuerzas Militares para presentarlo como un guerrillero muerto en combate. Villanueva López jamás había disparado un arma, nunca prestó servicio militar y jamás perteneció a un grupo al margen de la ley, por lo que no tenía conocimiento en técnicas de combate. “Existe pleno fundamento, serio y creíble, sobre la desaparición de la víctima y su posterior asesinato (…) al momento de realizar las conductas tuvieron la capacidad de comprender la ilicitud (…) podemos concluir con las pruebas que no hay duda sobre la comisión de los delitos de homicidios y desaparición forzada por el Ejército (…)Se trata de un homicidio que se cometió sobre un civil indemne en desarrollo del conflicto armado que padece nuestro país, por la vil razón de demostrar resultados operacionales”, fueron algunos de los argumentos del juez para condenar a 40 años de prisión a estos tres soldados profesionales.

@santsmartinez
smartinezh@elespectador.com
 

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