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El pasado enseña y quien se aprovecha de la experiencia logra al final el resultado que busca. ¿Recuerdan ustedes el Tour de Francia del 2015, en el que Movistar no aprovechó dos etapas durísimas de montaña que se corrieron en la semana final y se limitó a hacerlo en las dos últimas jornadas en ascenso cuando Chris Froome la pasó muy mal y tuvo que depender de la fortaleza de Richie Porte, quien pudo salvarlo del desastre? Tanto los directores técnicos del Sky como los del equipo español reconocieron que un día más en el que se lo hubiera atacado podría haber cambiado todo el panorama.
Por ello lo del sábado de Nairo, al atacar seis veces a Froome en el ascenso final no buscaba el irse de su rueda. Estaba empeñado exactamente en lo contrario, le tomaba unos metros, lo obligaba a perseguirlo y cuando le llegaba volvía hacerlo para que no subiera a su ritmo sino a arranconazos y ese ir y venir fue constante en los últimos cinco kilómetros de la esta etapa reina, trepidante en sus cinco últimos kilómetros por los muchos intereses que estaban en juego pero en especial por el mano a mano de los dos primeros de la general. El boyacense no quería dejarlo de rueda para que siguiera cómodo a su andar, no forzó al máximo como lo prueba el que Esteban Chaves pudo marcharse y ganarse unos segundos que lo llevaron al tercer puesto de la general.
Si Froome no hubiera sentido lo que le estaba haciendo el boyacense con toda seguridad hubiera atacado el llegar a la meta, como lo hizo hace unos días, simplemente para mostrarle que aún es el más fuerte. Eso quiere decir que esa labor metódica va dando resultados. Aunque Nairo afirma que los kilómetros van pesando en las piernas, aún no se le nota.
Una segunda consecuencia de la forma en que está corriendo el boyacense al obligar al británico a seguir su ritmo y subir a tirones y no con el andar medido del corredor del Sky es que con eso se le van cortando las piernas para que en la etapa a cronómetro, que se correrá la próxima semana, no esté en la plenitud de sus condiciones. Para el escalador tipo Patrocinio Jiménez, Lucho Herrera y Nairo Quintana es su forma natural de correr y poco lo afecta pero al que tiene la costumbre de ir escalando a su ritmo le va haciendo daño. Por ello estamos convencidos de que este domingo, en otra jornada con final en montaña, las cosas van a ser iguales a no ser que Quintana considere que ya está maduro para golpear con contundencia.
Lo que pasa en esta Vuelta a España es muy diferente a lo que ha ocurrido en estos últimos años en los que Froome y Nairo han sido los protagonistas de las grandes Vueltas. Ahora no hay coequiperos que den una mano en un momento de debilidad pues uno y otro se están quedando solitarios en los momentos definitivos. En la etapa reina llegó al límite de sus fuerzas Valverde, quien hasta donde pudo fue una inmensa ayuda y un escudero leal para el colombiano pero ya hasta salió de los diez primeros de la general y el líder del Sky no cuenta ni en esta vuelta con Porte, ni con Henao y también se queda sólo.
Este domingo, en una corta etapa de 118 kilómetros con un puerto de primera categoría en la llegada en Aramón-Formigal, lo más normal es que se repita lo que vimos este sábado en la que de nuevo se ve un líder firme pero con la necesidad de doblegar a un adversario de mucho respeto que quiere ganar la carrera y que quiere mostrarle al mundo que no es únicamente el Rey del Tour, en una batalla de gigantes del ciclismo.