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Néstor Raúl Porras tiene las cosas claras. Lo primero que expresa es que el país debe dejar de lado el estereotipo que tiene de quienes se dedican al campo. “Siempre nos ven como humildes personas de botas, ruana y sombrero, y somos mucho, mucho más que eso”, explica enfáticamente, con las manos dentro de los bolsillos de su jean.
Después de hacer esta aclaración, Néstor entra a lo suyo: el campo. Así ha sido desde que tiene uso de razón. Sus padres tenían una parcela en la sabana de Bogotá donde cosechaban hortalizas. Ahí nació su cercanía por los temas de la tierra.
Recuerda con precisión que a los 13 años realizó su primera tarea agrícola al colaborar en el transporte de insumos para cultivos.
La sabana ha sido su hogar y su lugar de trabajo. Nació en Bogotá y toda su vida ha estado alrededor de Mosquera, Funza, Zipacón, Bojacá y Facatativá.
Estando en el gremio del campo conoció a Rafael Torres, quien lo llevó a trabajar con él como administrador de la Hortícola Santa Lucía.
Desarrolla este trabajo desde hace dos años, y para eso se levanta a las 5:00 a.m. Una hora y cuarto después ya está en una de las fincas “repartiendo labores a por lo menos 70 empleados”.
A las 5:30 ó 6:00 de la tarde cumple con su faena diaria. A esa hora ya ha cosechado unas 60 toneladas de alimentos, especialmente hortalizas y papa, y ha recorrido unos 250 kilómetros de finca en finca.
Su cosecha va a parar a los estantes del Éxito o Carrefour, o a empresas procesadoras de comestibles que como Fritolay, que convierte los frutos de la sabana en papas con sabor a chorizo o barbecue. Bien sea del repollo, la zanahoria o la papa R12, Néstor Raúl conoce todo el proceso que conlleva sembrarla, cosecharla y comercializarla.
“En el caso de la papa, utilizamos procesos mecánicos. Hemos adaptado tecnología brasileña a nuestros campos”, explica, mientras recalca que lo suyo es netamente empírico, pues lo ha aprendido con la práctica.
Del tubérculo conoce todos sus secretos, por eso afirma con total propiedad que los actuales precios de la papa empezarán a ceder una vez llegue la cosecha de la segunda mitad del año.
Después de hablar regresa a lo suyo: entra a los campos, revisa las papas, pide que les agreguen menos abono a los sembrados o más tierra a los surcos… “y si quieren también les manejo los tractores”, afirma con una sonrisa pícara. Al final del día toma su camioneta y regresa a su hogar en Mosquera, con la satisfacción del deber cumplido.