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La firma consultora de riesgos Kroll, con sede en Nueva York, en su informe mundial sobre propiedad intelectual, además de confirmar las alarmantes cifras de la OMS, evidencia que en cada caso en el que se presenta un fraude, en el mercado farmacéutico, los clientes se ven obligados a pagar entre un cinco y un 25 por ciento adicional por los servicios que originalmente habían contratado.
Entre 2001 y 2007, el volumen de sustancias ilícitas en la cadena de suministros de este sector del mercado se multiplicó por cinco, sobre todo en los países en vía de desarrollo, donde los controles a esta actividad son mínimos.
La principal causa de esta problemática, según el informe, es que las compañías se expanden rápidamente por diferentes regiones del mundo, donde subcontratan operaciones y se vuelven más vulnerables al fraude, al almacenar por largos periodos de tiempo información en medios electrónicos.
A esto se suma la complejidad que cada compañía va adquiriendo a medida que se expande por el mundo, pues la red de suministros y procesos se hace más compleja y más personas participan en las misma, haciendo que la compañía se vuelva más vulnerable a robos simples, falseamiento de inventario, falsificación y desviación al mercado negro y a la piratería.
En Latinoamérica, el 62 por ciento de las empresas del sector farmacéutico pierden por esta situación el 3 por ciento de sus ingresos anuales, siendo la propiedad intelectual (PI) o patentes el tema más vulnerable.
Otros de los factores que ha permitido que la piratería farmacéutica crezca es la venta de medicamentos por internet, gracias a farmacias que operan en línea, que en la mayoría de los casos no exigen fórmula médica y ofrecen los medicamentos a un menor costo.
De acuerdo con un estudio que realizó Mark Monitor (firma dedicada a proteger las marcas de las empresas que están en la web), en el mundo, sólo una cuarta parte, de los más de tres mil sitios investigados, poseen acreditación como Sitio de Internet Verificado para la Práctica Farmacéutica (VIPPS) y una décima parte no exige prescripción médica.
Lo que más preocupa, sin embargo, es que el precio promedio de los medicamentos en las farmacias en línea es de tan sólo una quinta parte de lo que cuestan en los sitios certificados, lo que hace dudar de su proceso original y de su calidad.
En los canales de distribución e intercambio de medicamentos, el problema no es menor. En gran parte de los lugares de intercambio comercial que se investigaron, los productos tenían un descuento exagerado, siendo China e India los principales países fuentes de estos medicamentos.
Las ventas por internet acarrean un problema adicional y es que la información personal de los compradores queda expuesta en la red, pues la mayoría de estos sitios web carecen de una encriptación de datos o capa de conexión segura, que es la que utilizan entidades financieras o empresas de productos y servicios para garantizar la seguridad de la información personal de sus clientes.
El atractivo de la producción y venta de medicamentos falsos está en que los costos son muy bajos, ya que se utilizan componentes más baratos, que, en la mayoría de ocasiones, no contienen ni un solo principio farmacológico activo; tampoco se requieren grandes instalaciones para fabricarlos; no se deben realizar complejos procesos de investigación y desarrollo y se usa mano de obra barata.
En los países del primer mundo, de acuerdo con la OMS, los medicamentos que más se falsifican son los utilizados para combatir la deficiencia de la hormona de crecimiento, los que permiten bajar los niveles de colesterol y los usados en tratamientos contra el cáncer.
En contraposición, en los países en vía de desarrollo los fármacos protagonistas de la piratería son los que se usan para tratar y curar enfermedades tan graves como la malaria, el Sida y la tuberculosis. Esta situación se explica en gran parte como consecuencia de los altos costos con que llegan los fármacos legales al Tercer Mundo.
El estudio de Mark Monitor develó que, en el planeta, en los últimos tres años, el 82 por ciento de las empresas de los sectores farmacéutico, de salud y de biotecnología sufrió pérdidas por fraude. En promedio, cada una de ellas perdió 11,7 billones de dólares y se espera que en los próximos años la cifra aumente drásticamente.
Los principales riesgos para la industria son el robo de la patente (25 por ciento), pérdida de información (24 por ciento), incumplimiento de la normatividad (21 por ciento) y corrupción (18 por ciento).
Tanto Kroll como Mark Monitor consideran que para combatir la piratería de manera efectiva, las farmacéuticas deben comenzar a ser más estrictas en sus procesos de producción; usar empaques con hologramas o en relieve para que no sean tan vulnerables a la reproducción; crear una base de datos conjunta para monitorear la aparición de medicamentos piratas y facilitar a los organismos de seguridad de cada país dar con los falsificadores; intensificar la auditoría de los productos que han caducado y rastrear las actividades de los falsificadores a través de internet.