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La debilidad del sector externo

El ingreso de inversión extranjera debilita las actividades transables.

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En la anterior columna mostré que el modelo colombiano de alto crecimiento, basado en revaluación y déficit en cuenta corriente, había entrado en un estado de estancamiento.

La baja tasa de cambio y la dudosa rentabilidad de la inversión extranjera están pasando la cuenta de cobro.

Al día siguiente el gerente del Banco de la República afirmó que, gracias al elevado dinamismo de las exportaciones, la economía colombiana crecería por encima de 5%. La afirmación tiene un alto grado de ficción.

De acuerdo con el DANE, en los dos primeros meses, enero y febrero, las exportaciones crecieron 1% en toneladas métricas y 49% en valor. Como era fácil de imaginar, en un momento de revaluación, el aumento de las exportaciones obedece al alza de los precios externos y, sobre todo, a la sobrefacturación.

La situación más dramática se da en Venezuela. Al parecer, la sobrefacturación permite vender los excesos de dólares en el mercado paralelo a un precio cinco veces mayor. Basta una sobrevaluación de 20% para recuperar el valor de la exportación.

Si se tiene en cuenta que los cálculos del producto nacional se efectúan a precios constantes, las exportaciones le restan más de lo que le adicionan.

En una entrega reciente de la revista The Economist se reseña un libro de Dani Rodrik y Arvind Subramania, economistas de amplio reconocimiento en los países emergentes.

Los dos profesores revelan amplia información en la cual se muestra que el influjo de inversión extranjera no afecta mayormente el desempeño de las economías y, ante el estupor del editor de la revista, recomiendan limitarlos e incluso prohibirlos.

Sus argumentos centrales son los mismos que he elaborado en varios de mis libros y presentado en oportunidades anteriores en esta columna. En efecto, la limitación del desarrollo no está en la disponibilidad de ahorros sino en las inversiones productivas y de buena calidad.

Ante la carencia de estas inversiones, los recursos foráneos no entran en los países a aumentar la inversión, sino a sustituir el ahorro.

La inversión extranjera propicia la revaluación que lleva a desplazar y abaratar las actividades transables y suministra el financiamiento para adquirirlas en el exterior.

De hecho, induce a consumir en exceso y bajar el ahorro. Así, la bonanza de los últimos años se materializó en el disparo del consumo de automóviles, materiales suntuarios de construcción y electrodomésticos.

El otro aspecto es la compra de las empresas existentes. Los capitales que entran se compensan con los que sacan los antiguos propietarios y las remesas de utilidades.

El estado más dramático es el de las empresas textileras, las cuales experimentaron una caída de las ventas de 25% en los tres primeros meses y acumulan cuantiosas pérdidas, que las colocan al borde de la quiebra y han significado el desplome de las cotizaciones en la bolsa.

Ahora, los consorcios internacionales se aprestan a adquirir las empresas a precio de huevo y exigirles a los trabajadores que renuncien a sus derechos adquiridos. Es difícil imaginar otro ejemplo más claro de cómo la inversión extranjera quiebra las empresas nacionales, reprime los trabajadores y obtiene monumentales ganancias sin generar un peso de valor agregado nacional.

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No menos diciente es la historia de Ecopetrol. Los ingresos de la empresa en el presente año ascienden a US$ 6.000 millones, el Gobierno entregó el 10% de la empresa a un precio que no corresponde ni a la mitad del valor y la inversión extranjera se estima en US $5.000 millones. Si todos estos fondos se suman, se llega a una cuantía que supera ampliamente las posibilidades de inversión de buena calidad.

La verdad es que los capitales extranjeros vienen a sustituir ahorros existentes, como la apropiación de la renta proveniente del bajo precio de venta y las compras a los pequeños accionistas desinformados, y a realizar proyectos que bien podría adelantar Ecopetrol.

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Los esfuerzos que han realizado los diferentes gobiernos de tiempo atrás para fortalecer las finanzas de Ecopetrol no han redundado en los últimos doce años en hallazgos similares a los que se hicieron en el pasado en intervalos de cinco años, como en Orito o Caño Limón.

El problema no está en la insuficiencia de recursos, sino en las técnicas de sísmica y búsqueda que permitan abrir los huecos donde se encuentra el crudo.

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En síntesis, el ingreso de inversión extranjera debilita las actividades transables que tienen mayores posibilidades de demanda y absorción tecnológica, desplaza la mano de obra y sustituye el ahorro doméstico, y hasta el momento no han pasado a mayores gracias a los altos precios internacionales de las materias primas, la sobrefacturación de exportaciones y la abundancia de liquidez mundial.

En la medida en que estas condiciones desaparezcan, la economía enfrentará falencias en la balanza de pagos y en el ahorro, que redundarán en modestos crecimientos, como se observa en los tres primeros meses del año.

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