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Si le gusta el color, pero no el modelo, o si le gusta la tela, pero le gustaría que tuviera cintas en lugar de un elástico, sólo tiene que visitar el almacén My Seal, hacer su diseño y esperar 20 minutos para que la confeccionista le entregue su prenda personalizada. Esa es la apuesta empresarial de Juan Sebastián Arango, un bogotano que desde hace seis años dedica tiempo, capital y esfuerzo para sacar adelante su empresa.
"En las mujeres, la compra de ropa interior no es una decisión racional, sino emocional”, asegura Samanta Arango, hermana de Juan Sebastián, socia capitalista de la empresa y cabeza de la estrategia de mercadeo. Una mujer compra ropa interior cada vez que encuentra un modelo que le gusta, por eso los hermanos Arango vieron que ofrecer ropa interior personalizada era la oportunidad de entrar en el mercado sin pasar inadvertidos.
Juan Sebastián y Samanta pensaron que sus clientes principales serían mujeres entre los 15 y los 35 años. Pero descubrieron con sorpresa que los hombres también son compradores importantes. Por la afluencia del género masculino al local de My Seal se puede afirmar que, aunque el hombre sólo compra ropa interior para él cuando lo necesita, le encanta escoger y comprar para su pareja. De hecho, el pedido más raro que han recibido los Arango durante sus dos años de funcionamiento lo hizo un músico que mandó a confeccionar unas bragas de cuero con taches para su novia.
Obviamente, se necesitan más de 20 minutos cuando los pedidos son tan particulares, pero el compromiso del almacén se mantiene: se consiguen los materiales y se entrega lo que el cliente pida, dentro de un plazo máximo de un día.
My Seal maneja un portafolio de diferentes telas, estampados y accesorios que se ajustan a medida que se identifican las peticiones recurrentes. Las cremalleras y los bolsillos, que no suelen ser elementos tradicionales en las marcas comerciales de ropa interior, son solicitados con mucha frecuencia a My Seal.
En el almacén, ubicado en la Zona Rosa de Bogotá, en la misma cuadra de los almacenes de camisas y vestidos de baño a la medida, se venden tangas, hilos, brasileras, cacheteros y semicacheteros a precios que oscilan entre $9.500 y $20.000, y tops entre $19.500 y $28.000. También se venden prendas desechables biodegradables que usualmente compran centros de estética y gimnasios.
Para no fallar en el intento
“Hacer empresa requiere una alta tolerancia al fracaso”, asegura Samanta, quien reconoce que los resultados de una empresa nunca son inmediatos y hay que tener paciencia mientras la marca se construye y se posiciona, pues en muchos momentos sólo se siente frustración y el temor a quedar en interiores.
En los días críticos el local es visitado por lo menos por ocho personas, mientras que en un día exitoso alcanza a recibir entre 35 y 40 compradores. Según las cifras, la historia de My Seal ha sido de crecimiento constante: en 2006 la empresa registró un aumento en ventas del 35%, con respecto a su primer año de operación, y el año pasado, además de alcanzar el punto de equilibrio, los hermanos Arango registraron un aumento en ventas del 63% respecto a 2006.
Los resultados positivos motivaron a estos emprendedores a integrar en la operación de su negocio un componente de responsabilidad en dos líneas: social y ambiental. Así, la empresa destina un porcentaje de sus ganancias para apoyar a la fundación Niños por un Nuevo Planeta y utiliza bolsas de papel reciclado para empacar sus prendas.
Samanta le atribuye la estabilidad de la empresa a su hermano, quien desde el comienzo tuvo claro que no le interesaba entrar a competir con el líder, sino que su objetivo era presentar una propuesta novedosa. “Investigamos tendencias y vimos que lo mejor era explorar nichos que no estuvieran atendidos”, señala Samanta.
Sucede que la personalización y la innovación son dos conceptos claves en la industria de la ropa interior femenina, pues como lo señala Clara Echeverri, directora de Comercio Internacional de Inexmoda, “la ropa interior fabricada en Colombia es apetecida en el exterior debido a que el país está a la vanguardia en materia de diseño”. En 2007, Colombia exportó confecciones por más de US$ 1.500 millones, lo que significó una variación positiva del 45% frente al año anterior.
Actualmente, la empresa se está preparando para exportar, quiere que sus interiores se luzcan en el exterior, teniendo en cuenta que desde su inicio fue confeccionada como una comercializadora internacional. Se estima que en junio los productos de My Seal se estarán exportando a Venezuela, Ecuador, Costa Rica y Trinidad y Tobago.
Entre tanto, los Arango siguen fortaleciendo su empresa, explorando distintos canales de comercialización, participando en ferias y consolidando alianzas estratégicas con almacenes que venden artículos para mujeres.
Empresarios por naturaleza
Como muchos casos empresariales de éxito, la idea de Juan Sebastián nació en la universidad, cuando preparaba su trabajo de grado. Esa fue la oportunidad de poner en práctica sus conocimientos de administrador y al mismo tiempo sacar provecho de su gusto y su habilidad para el diseño.
Pero según Samanta, la historia no empezó ahí. Hace 40 años, José Arango y Clara de Arango abrieron un negocio de camisas a la medida y, desde ahí, la vocación empresarial se transmitió en el material genético a los hijos de este matrimonio de bogotanos. “Tal vez si nuestros padres hubieran sido empleados, a nosotros nos habría interesado también serlo”, señala Samanta, quien antes de asociarse con su hermano tuvo una empresa de software en Cali.
Todos los hijos de Clara y José han optado por el camino del emprendimiento. Recientemente, el hermano menor, quien también se graduó como administrador de empresas, inició una compañía de jugos con la cual estuvo presente en la Feria de Jóvenes Emprendedores de la Cámara de Comercio de Bogotá.
Actualmente los padres tienen una compañía de ingeniería que se ha sostenido por 25 años, sobrellevando los vaivenes de la economía nacional.
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Para las mujeres, la compra de ropa interior no es una decisión de tipo racional, sino emocional. Si le gusta, lo compra.