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Quince años han pasado desde que Luis Alberto Moreno tomó las riendas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con base en Washington, Estados Unidos. Tres quinquenios que le valieron para que la comunidad internacional lo catalogue como el gran líder transformador del Grupo BID, llevando a la organización a impulsar y financiar proyectos medioambientales, de desarrollo de infraestructura, energías renovables, ciudades sostenibles, revolución tecnológica, promoción de mujeres en posiciones de liderazgo e inclusión de minorías en la agenda global, solo por nombrar algunas.
Su hoja de vida tiene peso. Diplomático de triunfos, fue embajador por siete años de Colombia en Estados Unidos; como administrador y economista se desempeñó como ministro de Desarrollo Económico de Colombia, y su posición en el BID le da para ser miembro del Consejo de Administración del Foro Económico Mundial y miembro del Comité Olímpico Internacional. Tiene voz y voto para hablar de lo que está viviendo el continente. En entrevista telefónica con El Espectador, Moreno habla tranquilo, con pausa y mucho conocimiento sobre la región, ad portas de dejar la presidencia de la multilateral, un ciclo que cierra con la próxima Asamblea del BID, que será en Barranquilla del 18 al 22 de marzo.
Quince años en el BID. ¿Cuál es su balance en cuentas de servilleta?
En cuentas de servilleta: hemos aprobado durante estos años prácticamente US$200.000 millones, hemos puesto el banco en el siglo XXI, en el sentido de que estamos con una agenda que es la de este siglo, construcción de infraestructura pensando no en el hormigón, sino en las implicaciones de sostenibilidad social, ambiental y financiera.
Logramos instalar en el interior del banco y con los países toda una discusión alrededor de la revolución tecnológica. Hace 15 años todos estos temas de cambio climático comenzaban a hablarse, hoy en día en el banco, más de la tercera parte de sus créditos están orientados a sostenibilidad ambiental. Hemos hecho muchísimo en los temas de seguridad ciudadana y la gran paradoja es cómo, si usted se remonta a los años 80, a la peor crisis financiera de lo que se llamó la década perdida -crisis financiera en Latinoamérica-, los índices de criminalidad eran mucho menores que en años en los que tuvimos un muy buen crecimiento. Por lo menos en el balance de los 15 años.
¿Y en el sector privado?
Un cambio profundo. Cuando llegué estábamos prestando en torno a los US$150 millones, hoy prestamos arriba de US$5.000 millones por nuestra cuenta, que terminan siendo proyectos por encima de 15.000. Hemos desarrollado una agenda de mayor inclusión social, entendida como los temas de diversidad, de género, de discapacidad, de minorías, y entendiendo que el desarrollo es más amplio y por eso incorporamos todos los temas como lo que puede hacer el deporte por el desarrollo, los artistas por el desarrollo.
Usted habla de fenómenos nuevos, habla de cambio climático, que a consideración de muchos se convirtió en crisis climática…
Que así es…
Los países que más contaminan son los que menos hacen por detener esa chimenea. ¿Cómo exigirles a esos gobernantes que cumplan los compromisos, que vayan más allá de sus intereses económicos propios de sus países, de sus propias cuentas fiscales?
Pensando en todo este tema de la crisis del coronavirus, y viendo esta pregunta tuya de cambio climático, esto prueba que el mundo necesita más, y no menos multilaterales. En el mundo tenemos que empezar a trabajar entre todos porque la Tierra es una sola, y tenemos que saber trabajar en compañía para solventar ese tema. Es cierto que los países desarrollados han hecho menos y son los responsables del mayor número de emisiones. Si miras América Latina, tenemos un 7 % de la masa del territorio, pero en su conjunto tenemos el 40 % de la diversidad del mundo, un patrimonio nuestro que también le importa a toda la humanidad y por eso lo tenemos que cuidar. Igualmente nuestra energía sigue siendo de fuentes limpias, sobre todo en Suramérica, que proviene de fuentes hidráulicas, arriba del 60 %.
Este será un año difícil para la economía global. Ya los centros de estudios económicos hablan del desastre causado por el coronavirus, y Colombia no será la excepción. ¿Vamos a entrar todos en cuarentena económica?
No, no diría una cuarentena económica. Aquí la pregunta de fondo es cuánto va a durar este virus expandiéndose de la forma en que se ha venido expandiendo, y creo que eso tiene que ver con la época del año, sobre todo en los países de estaciones, lo que aparentemente pasa con este virus es que su capacidad de transmisión a mayores temperaturas disminuye, pero es cierto también que los efectos del virus en la economía mundial son gigantescos. Usted lo ve en todas las industrias de servicios, sobre todo aquellas que la gente da la cara, en un centro comercial, en un partido de fútbol, en andar en grupos de personas grandes, esto hace que la posibilidad de contaminación sea muy grande y está afectando la industria del turismo. Estaba leyendo algo así como que 1.000 aviones han sido retirados de las aerolíneas porque ha caído la demanda de viajes, de conferencias, de todos los servicios que apoyan el turismo, como lo son los restaurantes.
La gente está protestando en la calle. Cuestionan de manera airada a sus mandatarios. Ya hay muertos tanto en Chile como en Colombia, y se ve mucha soberbia. ¿Qué nos espera? ¿Hacia dónde vamos con todos estos movimientos que se están dando?
La protesta es un mecanismo absolutamente legítimo en una democracia, es algo que hay que respetar, pero también hay que entender el origen del mismo. Nosotros hemos hecho mucha investigación en esto mirando, por ejemplo, que en un país como Chile el 70 % de quienes van a la universidad hoy en día forman parte de familias donde son los primeros en toda la historia de sus familias en ir a la universidad, y cuando salen al mercado del trabajo encuentran frustraciones porque no consiguen el tipo de empleos que ellos creían producto de su esfuerzo y el de toda su familia. Entonces hay muchas razones, diría, de techos de vidrio, de oportunidades que se generan o la calidad de la educación, y eso es un tema por el cual tienen derecho a protestar, pero también el hecho de que hay insatisfacción y el sentimiento de que no van a tener prosperidad es lo que está llevando a mucha gente a la protesta.
Ahora, si usted mira encuestas que se hacen permanentemente, por ejemplo, al capitalismo, sobre la democracia como una forma de resolver los problemas en una sociedad, todo se está cuestionando, porque detrás de todo esto hay una gran discusión del tipo de contrato social que tenemos, y eso es lo que vamos a tener que hablar todas las sociedades en nuestros países, hacerlo menos desde el hígado y más desde la cabeza, y eso es un poco lo que hay que ir haciendo poco a poco, porque esto no se va a resolver de la noche a la mañana. Sabemos que son complejos, pero requieren una enorme atención.
Antes teníamos grandes industriales que invertían en otras industrias. Ahora lo que se ve es más fondos de capital, productos de family office, con varias figuras financieras. ¿Cuál es su opinión al respecto?
El aspecto positivo que veo es que todas estas family office, sobre todo en las segundas y terceras generaciones, todas sin excepción, lo que veo es un enorme deseo por apostarles a las metas de desarrollo sostenible, que aquel que tiene más, como dice la Biblia, tiene más responsabilidades con el prójimo y la sociedad en la que vive, de tal manera que lo que veo es que hay gran apetito de invertir en poder cerrar todas estas brechas de desarrollo. Lo que falta siempre es el número de proyectos bancables que existan, y ahí nosotros desde el BID hemos venido invirtiendo mucho en eso, precisamente para que existan proyectos en los que se pueda invertir y traer todo ese tipo de recursos.
Cada vez hay menos hijos y más perros y gatos aquí en Colombia…
Risas. Lamentablemente los políticos pelean como perros y gatos. Risas. Es un punto interesante, porque las ventas de alimentos para perros y gatos es impresionante, las empresas en ese sector crecen en Latinoamérica. Pero, perdón, interrumpí la pregunta.
Sin hijos, ¿cómo se plantea que una sociedad funcione si la base es cada vez más pequeña en habitantes, menos jóvenes aportando a la economía y por supuesto que produciendo?
Las economías nuestras crecieron durante muchos años por cuenta del bono demográfico que teníamos, o sea la cantidad de gente joven con edad promedio de 25 años, explicada en buena parte en que toda esta gente que entraba al mercado laboral era parte importante de por qué las economías crecían. Ese bono demográfico se está agotando, y ahí es donde nos empieza a apretar el cinturón, por ejemplo, en el tema de pensiones, toda vez que si usted compara los países de la OCDE con los nuestros, cada 10 % de la población arriba de 65 años en países europeos se demoraron 50 años en que pasara de 10 a 20, en Latinoamérica eso será en menos de 20 años, porque este bono demográfico, con la mejora en la expectativa de vida, lo que está haciendo es que nos va apretar mucho en términos de pensiones y de cobertura de pensiones. ¿Por qué? La gente trabaja menos años y vive más.
La economía es cíclica, le dicen a uno en todas las clases de economía. ¿Estamos “ad portas” de una nueva crisis como la que vivimos en 2008-2009?
No me atrevería a decir eso. Cada 10 años es normal algún tipo de corrección, es la historia del mundo, este ha sido un período de enorme expansión durante muchísimos años, más de lo que todo el mundo supondría, y estamos en épocas en las que ha habido tasas de interés negativas, le pagan a usted para que tome un crédito, y eso obviamente implica riesgos, porque hay muchísima liquidez, mucha gente tomando créditos, lo que lleva a que los espíritus animales en el sector privado, como es apenas natural, arriesguen más de la cuenta, vienen problemas y es donde empiezan las crisis. Creo que se hizo mucho en cuanto a la regulación mundial en los temas financieros que hacen que sea más difícil tener la vulnerabilidad en las instituciones financieras que se tenían. Si hay una corrección, pues se van a afectar, pero no a un nivel de lo que vimos hace ya 12 años.
Se escuchan muchas críticas a los bancos centrales…
La crítica es a los bancos centrales, es que ellos son los que han hecho la gran parte del esfuerzo que también debió venir de parte de los gobiernos con la capacidad de ajustar en lo fiscal. Es como en cualquier hogar que tiene más gastos que ingresos, pues más temprano que tarde le toca ajustarse, puede tomar un crédito un par de veces, pero cuando ya no tiene para pagar el crédito le toca vender parte de la casa u otro activo. Pasa a distintas velocidades en los gobiernos, pero es la misma discusión. Y eso es lo que nos toca aprender, esa es la razón de las críticas. Aquí todo se ha hecho a punta de crédito y no necesariamente de ajustar el gasto, y ese es el gran tema.
Usted es colombiano, pero vive afuera, ¿cómo se ve esta Colombia desde afuera en temas como el posacuerdo, después de la firma del proceso de paz?
Soy optimista por naturaleza, llevo 22 años fuera de Colombia y efectivamente he visto un país con la capacidad de resolver problemas que me parecían imposibles, y eso habla mucho de lo que es Colombia y lo que ha sido estos años. Obviamente, después de los Acuerdos de Paz, lamentablemente nos quedamos todavía en una cantidad de discusiones, toda esta polarización política que forma parte de lo que es la política moderna en el mundo, y creo que esto ha sido muy dañino en general, porque cuando la lógica es que lo que importa más es tener una discusión y estar más polarizado, pues es el camino a no resolver los problemas, y creo que eso es lo que genera también frustraciones en la sociedad, que la clase política no es capaz de plantearse los problemas, encontrar soluciones y es parte de las razones por las cuales la gente sale a la calle y empieza a preguntar. Y todo esto pasa en un mundo en donde también ha pasado un empoderamiento en el ciudadano común y corriente por cuenta de un celular en medio de una sociedad que tiene más celulares que personas en nuestra región, pues cuenta mucho.
Ya que tocó el tema político: ¿vuelve a Colombia a competir en la carrera presidencial o se quiere ir a descansar lejos del ruido político nacional?
Risas. Seguiré trabajando por temas de Colombia, pero no desde la política, tengo muchas maneras de hacer todo lo que he venido haciendo todos estos años, hay maneras de contribuir sin necesariamente estar en la política, y además creo que produce más satisfacción.