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Uno de sus rasgos característicos es la facilidad de expresión, que atribuye a dos hechos clave: sus constantes lecturas (miles de horas en solitario y centenas de libros absorbidos hasta el final) y su necesidad de transmitir lo aprendido, tanto como periodista, como profesor.
Con 50 años a la vuelta de la esquina, siempre supo que regresaría de manera permanente a las aulas, de las que, en el fondo, nunca ha salido. Tras su paso por la multinacional Dow Chemical, que le permitió trabajar y vivir en Venezuela, Estados Unidos, Suiza e Italia, abrazó el periodismo como otra forma de docencia, pero mantuvo cátedras durante todo ese tiempo. Escribió miles de editoriales sobre economía, ciencia, creatividad, cultura, salud y educación, y, en paralelo, enseñó en el CESA, la Universidad de los Andes y el Externado de Colombia materias como análisis financiero, política empresarial, finanzas internacionales, presupuesto y liderazgo.
Hoy está a cargo de casi 1.000 estudiantes de pre y posgrado. Y su reto, según dice, es ajustar y actualizar los programas para mantener la visión original de sus creadores —Hernán Echavarría Olózaga y Carlos Lleras Restrepo, entre otros—, en el sentido de formar administradores de empresas que, más que técnicos o burócratas, sean creadores de empresas o les inyecten a las compañías ya establecidas una nueva dinámica. “Es lo que Clifford Pinchot llama intrapreneurs”.
Pero su mayor obsesión es el liderazgo. De hecho, esta es la única materia que dicta, fuera de dirigir la institución. A diferencia de muchos analistas, quienes defienden el argumento de que un líder nace y no se hace, Rodríguez piensa lo contrario. Para él, las habilidades de liderazgo no surgen por arte de magia, sino que “pueden enseñarse”.
El encuentro fue en el restaurante La Brasserie, de Bogotá, donde se paró un par de veces a saludar a colegas y amigos. Una de ellos fue Ana María Delgado, quien, en un encuentro previo, le disparó a Rodríguez una frase que lo marcó. “Los colombianos —le dijo— tenemos mucha iniciativa, pero poca ‘acabativa’, o sea, nos encanta dejar las cosas a medias. Un líder bien formado no puede obrar así”.
Rodríguez ha identificado cinco aspectos especiales que deben identificar al nuevo líder empresarial colombiano: pensamiento estratégico, creatividad, responsabilidad social, visión internacional y ética. “Si actuamos estratégicamente, podremos ser eficientes y eficaces”. Las empresas nacionales son muy buenas en lo operativo, dice, pero jamás se detienen a pensar si están en el camino indicado. “Hay una obsesión con el corto plazo, que no permite ver más allá; y lo cierto es que el largo plazo es lo único que da rumbo y sustentabilidad”.
La creatividad, a su turno, puede convertirse en una de las mayores riquezas nacionales (al lado de la biodiversidad y de la ubicación geográfica), si —y sólo si— se aprende a encauzar. El contrabando y el narcotráfico la han empleado de manera perversa; pero dirigida a producir cambios e innovación, puede tener un enorme valor colectivo. La creatividad debe desarrollarse como fruto del aprendizaje de las adversidades y como parte de un proceso juicioso, profundo y disciplinado de búsqueda. “La creatividad es la idea y la innovación es el hecho; no estamos hablando de un chispazo en la ducha”.
Sobre la responsabilidad social, Rodríguez va lejos y reta al sector empresarial a cumplir los preceptos básicos de sus compromisos. “Uno no cumple haciendo eventos mediáticos; antes que nada hay que crear empleos, pagar impuestos y proteger el medio ambiente, cosa que no hacen muchos”.
Por otra parte, sin visión internacional, agrega, Colombia no logrará insertarse como proveedor de productos y servicios de clase mundial. Concentrarse en atender la demanda de una población de 42 millones de habitantes, bastante maltrechos en términos de ingresos, no va a gestar empresas nacionales capaces de lograr importantes transformaciones en el mundo. “Hay que foguearse afuera y, de paso, traer divisas y generar riqueza interna”. El CESA, dice, acaba de nombrar un coordinador de intercambio internacional para enviar a los alumnos a vivir experiencias profesionales en el exterior.
Y el quinto punto es la ética, mas no la que dicen los códigos ni las leyes. “Hay que ir más allá de lo que la norma obliga”.
Pero todo esto no será posible si la calidad de la materia prima humana mantiene bajos niveles en educación. “Tenemos una juventud con una inmensa apatía por las matemáticas y una actitud negativa frente a la lectura. Sin esas dos disciplinas, se torna muy difícil educar”. Rodríguez atribuye el problema, en gran parte, a profesores no comprometidos. Y explica que el CESA está trabajando para corregir la dificultad. Es un hecho que la gente no llega a la universidad porque quiere, sino porque le toca. “Pero recurriremos a profesores que iluminen y provoquen y a programas que atrapen”.
En dicho sentido, agrega, cobra fuerza la propuesta lanzada alguna vez por el pensador Paolo Lugari, quien dijo que los diplomas deberían tener caducidad. “El conocimiento humano se modifica cada tres años; de manera que nadie puede pensar que lo que se aprendió de joven va a servirle para toda la vida”.
Quién es
Mauricio Rodríguez Múnera es administrador de empresas del CESA. Ha pasado la mayor parte de su tiempo en cargos directivos en Dow Chemical y la Casa Editorial El Tiempo. Es autor de libros e integrante de varios consejos directivos. Su tesis de grado, “Diseño de una estrategia integral de mercadeo”, fue sobre El Espectador.
Muy personal
Es hijo de un arquitecto de origen santandereano. Es ‘trabajólico’, pero pasa los fines de semana con sus dos hijos. Se distrae saliendo a comer y haciendo deporte.
El menú
Un Campari de aperitivo, una entrada compartida de albóndigas de cordero y scargots, un pato a la naranja como plato fuerte y un par de copas de Pinot Noir chileno.
De sobremesa
-Vino preferido: el Marqués de Riscal
-Platos más buscados: carnes
-Sus maestros favoritos: Gilberto Arango Londoño, Francisco Mejía, José Vicente Vargas, Antonio Álvarez Restrepo, Gladys Carrillo de Rojas, Fabio Carrillo, Beatriz López de Ortega.
-Sus ambiciones políticas: ninguna
-Su mejor amigo: Enrique Peñalosa
-Una personalidad cercana: Álvaro Uribe Vélez