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Jorge Ballén Franco es reconocido, no solo en Colombia sino en el exterior, por ser el primer ingeniero agrónomo que logró reunir en un solo escenario más de 4.500 animales de distintas especies y razas, crear en un espacio abierto un parque temático agropecuario y, además, diseñar un nuevo concepto empresarial de entretenimiento relacionado con la industria del campo. Panaca es su creación y hoy, nueve años después de inaugurar su primera finca en Quimbaya (Quindío), acaba de abrir su primera franquicia en Costa Rica y comienza su plan de expansión a nivel internacional.
En entrevista con El Espectador, Ballén explica la estrategia con la que Panaca empezará a traspasar fronteras.
¿Por qué escogieron Costa Rica como el primer país para la internacionalización de Panaca?
Reunimos cuatro temas en la internacionalización de Panaca: negocios, agro, turismo y emprendimiento. Costa Rica, además de ofrecer estas posibilidades, tenía muchas similitudes con la cultura colombiana. Es el país líder en turismo ambiental de preservación y avistamiento de aves, llegan dos millones de turistas cada año y el café es muy parecido al nuestro. Entonces, después de una solicitud del Instituto Costarricense de Turismo, lo empezamos a desarrollar.
¿De cuánto fue la inversión?
Llega a los US$ 15 millones, recibirá 330.000 visitantes el primer año y es una franquicia donde nosotros aportamos el know how, y por la que, lográndose los resultados pronosticados, recibiremos regalías.
¿Los han buscado de otros países?
Claro que sí. Avanzamos en obras preliminares en Puebla México. Si las cosas salen bien, para fin de este año estará abierto al público. Tenemos avances en la frontera con Texas en un estado que se llama Tamaulipas, estamos en conversaciones con la Fundación del Cine Latinoamericano hace cuatro años en Cuba para un parque temático de la cultura agropecuaria cubana y hemos hecho estudios y modelos de trabajo para España.
¿Qué tan difícil ha sido crear cultura agropecuaria desde el entretenimiento?
En Panaca no hay dificultades sino oportunidades y la gente lo entendió cuando se dio cuenta de que en 1930 el 75% de la población era rural y el 25% urbana, mientras que en el año 2000, 75% era urbana y sólo el 25% rural. Estamos llenos de entretenimiento de sol y playa y por eso cuando mostramos el campo en todo su esplendor, la gente realmente lo quiso conocer mediante experiencias directas, donde la agricultura y el campesino son los protagonistas.
¿El agro y el turismo son una lucrativa unión?
Los empresarios del sector agropecuario lo deben ver así y entenderán que el turismo, en todos sus ámbitos, es una herramienta de diversificación, fortalecimiento o complementación de la infraestructura agraria que hoy tenemos en Colombia.
¿Los campesinos se han visto reflejados en Panaca?
Claro que sí. Allí se les muestran oportunidades que no tiene en su región y, para muchos, en su país. Con el banco genético equino de Panaca Costa Rica, que está catalogado como el mejor de Centroamérica y el Caribe, hay razas de caballos puras y ya los costarricenses están buscando cruzar sus yeguas criollas con caballos de tiro. No trabajamos sólo en entretenimiento y turismo, somos un recinto ferial. Dictamos clases de herrería, mayordomía, jardinería, etc. Somos un sitio de transferencia de tecnología y casas comerciales como Purina, tienen en Panaca Quindío, el centro de investigación más importante de América Latina en el tema de caninos.
¿Hay cabida en Panaca para pequeños empresarios, para campesinos, para arrieros…?
En Panaca cabe todo el mundo. Ellos han sido los que más nos han enseñado y en un proceso de democratización una compañía del campo debe pensar socialmente. Sin embargo, no me atrevo a lanzar esas apreciaciones tan crudas, lo que sí les digo es que cabe mucho la inversión privada de carácter inmobiliario, respetando la filosofía conceptual de Panaca con la que tratamos de hacer entender que sin campo no hay ciudad y con la que ya estamos internacionalizando el agro colombiano.