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“Cada vez que escucho en las noticias sobre la muerte de un joven afroamericano en confusos hechos, y está relacionado con la brutalidad policiaca, vienen a mi mente recuerdos de todo tipo. Me hacen sentir que el racismo y la violencia contra nosotros parecen estar en la médula de la sociedad estadounidense, una apuesta estructural, a pesar de que sus orígenes fueron muy diversos”, señala sin titubeos Emory Douglas, unas de las figuras claves del Partido Pantera Negra, la organización que sacudió la vida política estadounidense durante las décadas de los sesentas y setentas. “Rápidamente alcanzaron alta visibilidad. Los medios se preocuparon por saber sobre ellos”, afirma el antropólogo Jaime Arocha, quien cursaba un doctorado en Estados Unidos en la época.
Este “agitador gráfico”, como es conocido en los círculos artísticos, se vinculó al partido a través del movimiento Black Arts, luego de elaborar un cartel de la viuda de Malcolm X que fue usado para un coloquio en el cual se debatía el ambiente político del país y la situación de los afroamericanos. “Desapariciones, racismo, exclusión y pobreza. Éramos jóvenes y teníamos un mundo que ganar. Yo quería contribuir al cambio, así que me uní a ese proyecto político”, afirma Douglas en diálogo con en El Espectador.
La disciplina de la militancia política forjó su carácter y el resto de su vida. “Cuando el partido empezó a crecer, se les explicó a los más jóvenes que no podían tomar ni consumir drogas, ya que estaban haciendo tareas del partido”.
Su actividad política se enfocó en el periódico Black Panther, que circuló desde mayo de 1967 hasta 1978, encargándose de su desarrollo visual. Sus primeros números fueron hechos artesanalmente y desde los lugares donde se realizaban encuentros y eventos de la organización. “Nos movimos durante dos años hasta que tuvimos nuestra sede y montamos rotativas fijas. La redacción creció y el Ministerio de Información y el Ministerio de Cultura se especializaron; el primero en contenidos y el segundo en difusión. También teníamos nuestro propio departamento de fotografía y no vendíamos publicidad. El periódico costaba 25 centavos de dólar”.
Este medio de comunicación alcanzó un tiraje para 400.000 lectores y circulación internacional en la URSS, China y Cuba, entre otros países. “Apostábamos por lo visual, porque muchos de nuestros hermanos no sabían leer, entonces a través de una imagen comprendían el mensaje, nuestro mensaje, la versión que los grandes medios nunca contaban. Mostrábamos la realidad de las personas”.
Todos estos detalles se pueden apreciar en la exposición ¡Todo el poder para el pueblo!, que estará hasta el 22 de febrero de 2016 en la Biblioteca Luis Ángel Arango.
“La propuesta que podrán apreciar los visitantes es muy provocativa y atrevida visualmente. Supieron usar la polémica para la época, y hacían cosas muy adelantadas para su tiempo”, anota Juan Pablo Fajardo, que junto con Andrés Fresneda está a cargo de la curaduría.
¿Qué impactó tuvo este movimiento en Colombia?
Tanto el investigador Jaime Arocha como la líder social y directora de la Fundación Colombia Negra, Esperanza Biojó, parecen coincidir en que la movilización de los afrocolombianos no ha estado en el ámbito de la radicalización que se mostraba en aquella época.
“Los movimientos en Colombia por los derechos de los afros han sido muy resistentes y persistentes, contra viento y marea. Pero su acción difiere de lo que se veía en el caso de las Panteras Negras. Son contextos diferentes. De igual forma se debe seguir estudiando el tema”.
“Nuestro trabajo está orientado por la defensa de nuestros derechos civiles, en el campo político y con las herramientas que la legislación colombiana provee. Eludiendo siempre la violencia en busca de la paz”, añade Biojó.