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“Un acto de guerra» frente al cual “Francia será implacable”, dijo el presidente François Hollande sobre los repudiables atentados del viernes en París. Los cerca de 130 muertos de esa noche se suman a las 26 víctimas del mismo día en Bagdad, a los 43 fallecidos del jueves en Beirut, a los 224 pasajeros del avión ruso en el Sinaí y los 102 manifestantes en Turquía en octubre. Este baño de sangre, reivindicado por el Estado Islámico, dispara todas las alarmas. Fuera de nuestro total rechazo a estos hechos, urge una política integral para actuar contra el terror.
¿Cómo enfrentar a estos grupos que, bajo el ropaje del fundamentalismo religioso, intentan crear un califato y llevar a cabo su yihad, o guerra santa, contra el mundo infiel? Francia, que vivió en enero el ataque a la revista Charlie Hebdo, demostró que las medidas adoptadas frente al terrorismo islamista fracasaron. Las fallas de inteligencia permitieron que de nuevo actuaran los fanáticos suicidas. Fueron tres los grupos de suicidas que operaron coordinadamente para sembrar la muerte en un distrito de París. La Policía continúa la desesperada búsqueda de algunos de los asesinos que escaparon con vida. Mientras tanto, aviones de guerra franceses atacan posiciones del EI en Siria.
Una vez más son muchas las preguntas que surgen frente a esta nueva ola de atentados suicidas. Se sabe que el caldo de cultivo de los yihadistas pulula en los países musulmanes. Frente a la barbarie que allí se vive, un alto número de personas tratan de escapar a la muerte en sus países y arriesgan su vida para llegar a Europa. Sin embargo, la reciente acogida de cientos de miles de migrantes que en buena hora aceptaron los países europeos va a afrontar a partir de ahora serios problemas. Las autoridades francesas han informado que varios de los atacantes suicidas se colaron en la última ola de refugiados. De esta manera habrían escapado a los controles fronterizos con identidades falsas y recibido el apoyo de redes locales de simpatizantes. Los partidos derechistas, como el de la señora Le Pen, ya agitan las banderas del nacionalismo y la xenofobia. Muy mal asunto.
Lo cierto es que estos últimos hechos de sangre, según algunos analistas, coinciden con recientes logros militares en Irak y Siria contra el EI. Los peshmergas, soldados kurdos apoyados por la aviación de EE. UU., tomaron la ciudad de Sinyar, ubicada en un lugar estratégico entre Irak y Siria. La presunta muerte de “John el Yihadista”, un inglés miembro del EI que había aparecido en varios videos ejecutando a rehenes indefensos. El importante avance del ejército sirio en las inmediaciones de Alepo. Estos éxitos muestran que si se actúa de manera coherente sobre el terreno se puede hacer retroceder a los más de 30.000 militantes del EI que buscan consolidar su califato entre Irak y Siria. Sin embargo, y como forma eficiente de retaliación, los yihadistas estarían operando con mayor efectividad contra Rusia y Francia, miembros de la coalición, mediante las acciones terroristas mencionadas.
Justo el sábado anterior se reunieron en Viena los ministros de Relaciones Exteriores de Rusia y Estados Unidos, así como de otros países interesados en el tema de Siria, para encontrar una forma de actuación común frente a la amenaza de los fundamentalistas. Hasta ahora la divergencia de ópticas entre Washington y Moscú sobre cómo enfrentar la situación ha llevado a que las acciones militares avancen por caminos diferentes. Rusia insiste en mantener en el poder al dictador Bashar al Asad mientras los demás han apoyado a los combatientes opositores que buscan un gobierno incluyente sin Al Asad. Justo en el medio fue que se incubó el EI. Es de esperar que frente a esta arremetida de las últimas semanas, que afecta varios de los países implicados, se llegue de una vez por todas a una solución definitiva para este problema. De otra manera seguirá corriendo sangre inocente.
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