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En la televisión colombiana no estamos acostumbrados a hablar de precuelas. ¿Por qué decidieron hacer la de “Chichipatos”?
Claro, estamos acostumbrados a ver una historia y ya, pero con las plataformas digitales hay libertad de poder jugar con el antes y el después. Algo que obviamente está inventado hace mucho tiempo. En las precuelas (historia antes de), los actores trabajamos mucho cuando estamos preparando los personajes de cualquier producción, porque siempre trabajamos el de dónde vengo y para dónde voy, y es igual de necesario para un libretista y escritor saber de dónde nace la historia y cuál fue la historia de cada personaje.
¿Qué verá entonces el espectador de “Chichipatos, ¡qué chimba de Navidad!”?
El inicio de la historia. El cómo, por ejemplo, mi querido Lorenzo González ascendió a capitán. Además, también, párenle bolas a ciertas pistas que vamos a dar para lo que se viene más adelante, el año entrante, pero de eso no puedo hablar porque me regañan.
¿Por qué cree que la comedia es subvalorada?
En la comedia, para mí, se necesita absoluta verdad, porque te ríes o no te ríes, mientras que con el drama hay unas cascaritas, unas trampitas que hacen la diferencia; a veces uno puede hacer trampita con el drama. Ahora, claro que para el drama se necesita trabajo porque también se debe involucrar emocionalmente muy fuerte con el personaje, pero es que en la comedia te ríes o no… y en el drama… dejémoslo ahí.
¿Cuándo grabaron la precuela?
Yo creo que esto se planeó durante la cuarentena. A nosotros nos tomó por sorpresa el hacer esta historia y que pueda estrenarse en Navidad. De hecho, fue con este especial que Caracol Televisión y la productora de Dago García arrancaron los rodajes. Cumplimos todos los protocolos, estuvimos muy disciplinados y lo logramos.
¿Cómo les fue trabajando con los protocolos?
Muy bien. Tocó empezar a llevar lonchera de la casa, me levantaba temprano a hacer el termo de café, y luego miraba al compañero y le decía: “Hermano, no se puede compartir”, cual niño egoísta de primaria, pero tocaba estar muy responsables en el set. Los actores éramos los que más expuestos estábamos, porque al grabar teníamos que quitarnos el tapabocas un minuto antes de escuchar “acción”. Hasta hoy me han hecho cinco pruebas para saber si tengo COVID-19 y me esperan dos más antes de cierre de año.
Ahora que en Colombia los rodajes están suspendidos, ¿qué significó actuar en “Chichipatos”?
Ahorita estoy con susto de pensar si la gente quiere que volvamos al tipo de actuación de hace veinte años, que es lo que está mandando la parada en el horario prime de la televisión colombiana. Yo creo que ya se empiezan a hacer los resúmenes de las producciones que no se pudieron terminar de grabar y vamos a ver cómo las recibe el público. No sabemos qué va a pasar. Pero, para nosotros los actores, el trabajar de esta forma, en plataformas y con los nuevos estándares para televisión, es lo que, creo, queríamos hace veinte años. Ahora podemos jugar con diferentes puestas de escenas y maneras de actuar y expresarse que, para mí, son más valiosas… sin olvidar lo que hicimos antes, ni más faltaba. Me gusta mucho más esto y creo que la gente agradece que haya un esfuerzo mayor en la dirección de arte y fotografía o en el audio.
¿Qué tan preparada está la industria para cambiar las narrativas?
Es complicado el tema porque pasan varias cosas. Por un lado, hay gente que está realizando un trabajo profundamente profesional y, por otro lado, en las redes sociales, cargadas de inmediatez, hay muchos que trabajan todos los días produciendo contenido, contenido y contenido, pero, a mí, ese contenido no me mata porque me traslada a la televisión de hace veinte años… Ver a un comediante con la toalla en la cabeza no es novedoso para mí, no siento una evolución en ese sentido. El otro punto es que esto es muy efímero. Si la televisión era efímera, esto virtualmente lo es mucho más, porque la gente se consume la serie en un día y no se alcanza a digerir ni a disfrutar de los personajes, de esa creación que nos daban semana a semana… y yo soy más romántico.
¿Cómo sitúa a “Chichipatos, ¡qué chimba de Navidad!”?
Pues, tenemos unos libretistas maravillosos que están asumiendo buenas historias. Digamos que en este momento estamos en una etapa de entretenimiento fuerte y eso es lo que la gente va a ver en esta “chichi-Navidad”. No se van a sentar (los espectadores) a pensar sobre la vida o sobre lo complejo que es salir a la calle, no; esto es para divertirse, no le busquen vuelta a la vaina. Ahora, como ya las plataformas digitales están abiertas a producir y emitir cualquier contenido, estoy seguro de que pronto vamos a empezar a hacer historias más complejas, cargadas de tratamiento psicológico para poder charlar en el restaurante.