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El viacrucis de Crisanto Gómez

El cuidador de Emmanuel tiene siete hijos y se dispone a escribir su segundo libro.

Crisanto Gómez. /Archivo
Crisanto Gómez. /Archivo
Foto: DAVID CAMPUZANO 2012

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Haber cuidado durante cuatro meses de Emmanuel, el hijo de la dirigente política Clara Rojas, le significó al campesino Crisanto Gómez un proceso judicial de casi siete años, con carcelazo de por medio, pero al mismo tiempo la posibilidad de volver su historia una ficción internacional y hasta de publicar un libro. La Corte Suprema de Justicia revocó un fallo del Tribunal de Villavicencio que lo condenó a 33 años de prisión por los delitos de rebelión, secuestro extorsivo, fraude procesal y falso testimonio. La Corte estableció que a pesar de que la guerrilla de las Farc le entregó a Emmanuel para su cuidado, en enero de 2005, Gómez nunca hizo parte de la organización ilegal y sólo ofició como un cuidandero de buena fe en una región asediada por la violencia y los fusiles de la guerrilla.

Su historia ha sido el centro de la controversia en las últimas horas porque para muchos Gómez no aparenta ser el campesino incauto que se presenta ante los medios de comunicación. La primera en reprochar su absolución fue la madre de Emmanuel, Clara Rojas. No obstante, ya la justicia dio su última palabra mientras Gómez asegura que su único empeño hoy por hoy es sacar adelante a sus siete hijos. Por eso, en diálogo con El Espectador, sostiene que “un núcleo familiar tan grande demanda, más que empeño, recursos, y cuando no se tiene un trabajo es muy difícil”. Según él, lo más difícil ha sido capotear las amenazas de supuestos emisarios de las Farc y de otros grupos ilegales que lo han tenido en la mira desde que se descubrió su historia.

Todo empezó a principios del año 2005 cuando el custodio de los secuestrados políticos de las Farc, alias Martín Sombra, decidió sacar a Emmanuel de uno de los campamentos en donde solían moverse los retenidos. Así separó al niño de su madre. En esas vueltas, el pequeño fue llevado hasta la casa de Gómez, ubicada en El Retorno, porque estaban buscando a su suegro que es curandero. Al no encontrarlo, dejaron al menor bajo el cuidado de Gómez y aseguraron que lo recogerían después. No obstante, a mediados de ese año ya el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar se había hecho cargo del niño, pues el mismo Gómez había pedido colaboración ya que no tenía recursos para asumir su cuidado.

A finales de diciembre de 2007 su historia trascendió a los medios de comunicación, pues el presidente Álvaro Uribe anunció que Emmanuel estaba bajo la custodia del ICBF y no de las Farc, como este grupo guerrillero aseguraba. Después de unas pruebas genéticas, tras la liberación de Clara Rojas en enero de 2008 pronto se comprobó que la afirmación de Uribe era cierta. El país recibió con júbilo el reencuentro entre una madre que apenas salía de un cautiverio de casi seis años y su hijo. Al mismo tiempo, la Fiscalía inició una investigación contra Crisanto Gómez, al que relacionó como un enlace de las Farc en el Guaviare.

Gómez siempre se declaró inocente, pero paralelamente debía sortear los hostigamientos del grupo guerrillero y las acusaciones del Estado colombiano. Mientras se resolvía su situación jurídica, que incluso lo obligó a pisar una cárcel, muchos comenzaron a interesarse por su historia. Él mismo escribió un libro titulado «El hijo de la selva» y ese ejercicio lo hizo estando tras las rejas. Según contó, estaba aturdido por la «irresponsabilidad con la que muchos medios llevan la información a la opinión pública y cómo se tergiversa la verdad». Crisanto Gómez también ofició como una especie de tinterillo de sus compañeros de prisión ayudándoles a redactar tutelas y derechos de petición. «Era otra forma de afrontar toda la adversidad y colaborar con mis compañeros de La Picota».

No es muy claro cómo pudo documentarse entre códigos para ser útil, pero dice que lo fue. En ese contexto de barrotes y encierro, asegura, conoció realmente a miembros de la guerrilla, de los grupos de autodefensa y delincuentes comunes. En su criterio, por fin aprendió en qué mundo vivía. Después vino su apoyo a la producción cinematográfica «Operación E», un largometraje colombo-español que causó polémica y cuyo estreno se demoró varias semanas por la oposición de Clara Rojas. Nada había vuelto a saberse de él hasta que en abril de este año el Tribunal de Villavicencio lo condenó a 33 años de prisión.

De nuevo, otro fallo judicial volvió a sacarlo del ostracismo. En las últimas horas ha dado decenas de entrevistas reivindicando su inocencia y celebrando que se hizo justicia en su caso. De Emmanuel recuerda la última vez que lo vio, acostado en una cama del Hospital de San José del Guaviare. «Sentí mucho dolor al dejarlo», dice y agrega que lo único que hizo fue tratar de garantizarle su derecho a la salud y a la vida. Explica que él mismo habló con delegados del ICBF, contactados por la trabajadora social del hospital, y que voluntariamente entregó la custodia del niño. Las otras versiones las considera rumores malintencionados. Para él, lo único realmente importante era proteger y salvar al niño, buscarle los cuidados que no le podía ofrecer. Aun así, cree que el país «recogió las rosas de la corona y me tiró las espinas». Ahora se dispone a escribir un segundo libro.
 

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