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Una lástima

Una lástima que lo que se discuta sobre Gabriel García Márquez a estas alturas sea el destino de su archivo personal: ese afán patriotero y egoísta de que repose acá, en Colombia, el país que algunos consideran el lugar que, por derecho inalienable, está por encima de todos los demás.

25 de noviembre de 2014 – 11:48 p. m.

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Y no: la obra de García Márquez, y esa ventana a su proceso creativo más íntimo, son universales: pertenecen a la humanidad entera. Eso lo sabemos de sobra los colombianos (aunque a veces no pareciera), y para corroborarlo solo hace falta recordar el día de su muerte: su cara en la portada de todos los periódicos del mundo. Lo han leído en Zimbabue y en Tokio, en Nueva York y en La Habana, como dijimos en este espacio cuando nos enteramos de la noticia. Un hombre universal.

Por eso no debería sorprendernos que el archivo personal haya sido vendido por la familia del escritor (ahí sí, por derecho propio) al Centro Harry Ransom de la Universidad de Texas, en Austin (EE.UU.), donde, por demás, reposan los documentos y bibliotecas de otros grandes escritores, también universales, como William Faulkner, Virginia Woolf o Jorge Luis Borges. Un lugar especializado en ello y que, insistimos, pagó para continuar ampliando la documentación de sus estudios. No es un disparate, ni mucho menos. Antes bien, parece uno de los caminos más lógicos que pudo tomar el destino del archivo: manuscritos, pruebas corregidas de sus trabajos posteriores a Cien años de soledad, archivos fotográficos, computadores y máquinas de escribir. Recibir todo esto implica una labor ardua, sin duda: analizar, clasificar, rotular, desenmarañar lo que estaba en la mente del escritor. Esta universidad parece estar a la altura de dicha tarea. Una parte de toda esta exquisita joya estará en el futuro cercano, según han anunciado, disponible en línea (como debe ser) para el mundo entero y el archivo completo entrará a funcionar a mediados del próximo año.

La noticia, sin embargo, no llegó sola: las críticas de que la familia no lo haya donado a Colombia no se hicieron esperar, aquí en su patria.

El problema no es que en Colombia no existan profesionales o instituciones capacitados para hacer lo mismo. Esa no es la queja principal. El debate se abrió porque, al parecer, mucha gente considera que Gabriel García Márquez nos debe algo: desde un acueducto para Aracataca, como decían por los días de su muerte, hasta ahora su archivo personal; todo, gratis, accesible y a la mano. Él nos pertenece. Es nuestro. Un colombiano que recibió la admiración del mundo, pero colombiano, al fin y al cabo. No solo sacamos pecho por él, sino que le exigimos cosas.

Puede que García Márquez haya basado la totalidad de su obra literaria en este país: se valió de un pueblo imaginario para armar el relato colectivo de una nación. Pero no olvidemos, tampoco, que escribió y vivió lejos de Colombia, en el exilio: ¿o es que ya no recordamos que se fue de este país por amenazas veladas del gobierno y los militares de turno? ¿No fue eso lo que confesó una vez? ¿Esa parte la borramos convenientemente para seguir exigiéndole cosas? Vaya paradoja.

Así que no, no es una lástima, como calificó el hecho el Ministerio de Cultura, que el archivo no haya sido donado a Colombia. Una lástima es que, después de todo lo que logró García Márquez a nivel literario, nos creamos de repente sus acreedores. García Márquez es el más universal de los colombianos todos, y como tal su literatura, su figura y su legado está muy bien que recorran el mundo. Incluido, como será, según lo ha tenido que salir a aclarar su familia, su país de nacimiento, al que nunca dejó de amar.

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