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¿Qué es una joya?
La joyería es una forma de ganarse la vida, una forma de experimentar con el arte, es una forma de trabajar con materiales y una forma de comunicar cosas que existe desde la época primitiva. La gente se ponía adornos para comunicar cosas. Las joyas eran piezas distintivas. Yo creo que es un medio de comunicación. Cuando yo veo una joya en alguien sé mucho de esa persona, casi más que a partir de cómo va vestida, porque hoy vamos vestidos muy globalizados. En la joyería no te globalizas tanto porque para comprarla te lo piensas más. Es más cara y es más especial. Por eso, creo, nos define más.
¿Una joya determina un estatus?
Antes sí. En muchas épocas hay joyería de estatus, y sigue existiendo. Si no hubiera joyería de estatus, Cartier y Bulgari no sobrevivirían, porque para mí son marcas que ponen piedras por poner piedras. Es a ver cuántas me caben más en un collar, cuánto peso de oro tengo en un collar, en función de que ese collar valga un millón de euros. Pero la joyería ha ido evolucionando a un medio de expresión de muchas otras maneras. Hay joyería que protege, que cura, hay joyería de creencia. Si me pongo una Virgen de Monserrat sabrás que soy catalán, si es de Guadalupe sabrás que soy de México, y si es de Chiquinquirá, pues colombiano, por lo general. Por tanto, habla de mi origen y al mismo tiempo de mis creencias.
¿Pero todo el que usa una cruz es católico o todo el que lleva una Estrella de David es judío? Porque esas joyas también se han popularizado mucho…
Es cierto, también pueden ser un medio de reivindicación, inlcuso de rebeldía, o sólo un adorno. Hay joyería fashion, hay joyería de autor. Esa es la que más me interesa: esa joyería que hace que el personaje cree, con materiales nobles o no nobles, unas piezas que otros van a llevar en su cuerpo, pero que reflejan el trabajo psicológico con el que las ha creado (que es el mismo que el de un pintor o un escultor). Cuando las piezas son auténticas y muy propias es cuando has logrado hacer joyería de autor, y cuando logras simpatizar con un público que se las pone.
¿Sus joyas reflejan una identidad catalana?
Entonces todo lo que hacemos, y en este caso las joyas, son expresiones de uno mismo. Y como vivimos en zonas geográficas concretas, es natural que indirectamente, en el tratamiento de texturas, de color, o la forma de pensar, se vean influenciados por el ADN del país en el que vives. Yo no hablaría de ADN de país, hablaría de mi ciudad, Barcelona, que es una ciudad de diseño, mediterránea, del buen vivir, alegre, amable, superergonómica al cuerpo humano, una ciudad amena para pasear. Creo que yo soy todas esas cosas. Todo eso en las piezas se ha de ver.
¿Por qué no reflejan una identidad de país, y sólo de Barcelona?
Estamos entrando en un terreno político… Porque yo diría Barcelona o diría Cataluña, nunca diría España.
¿Ha partido de otras culturas para crear sus piezas?
Yo he ido como consultor de la Unión Europea a varios países y he tenido la fortuna de hablar con artesanos desde Filipinas hasta Chile. Cuando busco referentes ancestrales de otras culturas es siempre para sorprenderme por lo modernos que eran: no puede ser que hace 10 siglos existieran collares de plumas de 10 metros, maravillosos, y que ahora todos nos contengamos y usemos cositas pequeñas. Cuando quiero ver más modernidad de la que puedo ver ahora me remito a culturas propias de un lugar. Tenemos un caso aquí con el Museo del Oro. Lo sorprendente es pensar que todo lo que está allí no se fabricó para estar en un museo, era objeto utilitario de uso diario. Esa belleza, esa originalidad que cuenta tantas historias, era algo cotidiano. Si uno lo piensa, es muy extraño, y muy ajeno a nosotros. Esa unicidad de cada pieza, ese trabajo, esa majestuosidad. En el Museo del Oro tuve un ataque de belleza, de ansiedad, me parece que fue el segundo en mi vida. Y del primero no puedo hablar…
Ya ha venido más de cuatro veces a Colombia. ¿Cuál es su relación con este país?
Cada vez me gusta más. Como país, me parece que está despertando, que está en un proceso de transformación, que pronto será un país moderno. Se huele el nerviosismo porque está todo por hacer en diseño. Hay un caldo de cultivo de todo tipo de diseñadores que me sorprende, así como sus revistas de diseño, porque los objetos tienen ancestralidad, identidad colombiana, porque muchos están hechos desde la base artesana y porque hay, desde ese punto de partida tan propio, ejercicio de vanguardia. El mundo, justo ahora, en esta igualación globalizada, necesita esos objetos vanguardistas, hechos desde lo propio y desde la artesanía.
¿Qué tienen sus objetos que los hace reconocibles?
En muchas de mis colecciones he cogido objetos de la realidad o de la naturaleza, los he pasado directamente a plata y con ello he hecho joyas. Eso es por lo que la gente reconoce mis diseños.
¿De qué es el curso que está dictando en la Escuela de Artes y Oficios Santo Domingo?
En este curso —en el que participan alumnos y artesanos de cuero, bordado, platería y joyería— no vine a enseñar sobre cómo hacer marca, que es lo que hago generalmente: vine a hablar con los artesanos desde un punto de vista no de diseño, sino de creatividad. El curso se llama “Diseños de película”, y la idea es sacar de un filme una idea para crear una pieza. El objeto tiene unos límites que da la técnica, pero yo quiero que se salgan del molde, que creen objetos experimentales y creativos, que salgan un poco de la rutina artesanal. El mejor pretexto es una película, y escogí una difícil, minimalista: 2001: Una odisea del espacio (1968) de Stanley Kubrick. No podrán ser barrocos, no podrán decorar, tendrán que ser funcionales y justificarme mucho el porqué de su objeto final. Con ello, les estoy dando un arma para diseñar. A partir de esa película quiero que hagan un objeto creativo, no comercial, que, sin embargo, puede servir como objeto madre para una próxima colección.