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Desde 2006, cuando la Corte Constitucional despenalizó las interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) en tres casos —violación, riesgo de la vida de la mujer y malformaciones del feto incompatibles con la vida—, la polarización entre quienes apoyan la decisión del alto tribunal y quienes se oponen a ella, aumenta día tras día.
Como lo informó ayer El Espectador existen dos iniciativas de referendo que avanzan paralelamente con la intención de tumbar el fallo de la Corte. Mientras dichos trámites se desarrollan, este medio buscó a dos mujeres que tras ser violadas tomaron decisiones diferentes: una eligió dar a luz a su hijo; la otra optó por abortar para no recordar los horrores del abuso sexual.
‘El karma no termina con el aborto’: Luisa*
Con 22 años y un nuevo empleo, Luisa vela por el bienestar de sus dos hijos: el primero concebido cuando aún era estudiante de enfermería; el segundo como consecuencia de una violación en julio del año pasado. Al principio quería abortar, pero después de ver al bebé en la ecografía, decidió tenerlo.
A los cinco meses le dijeron en la Clínica Veraguas (Bogotá) que su embarazo era de alto riesgo. Siguiendo las indicaciones de la sentencia C-355 de 2006, en la entidad le ofrecieron la opción de abortar; sin embargo, en esa clínica no le realizaron el proceso de IVE. La remitieron, entonces, a Oriéntame, una fundación que se dedica a la atención de estos casos en Bogotá y el Eje Cafetero.
“Creo que es una gran mentira cuando las mujeres dicen que si tienen a su hijo les va a recordar la violación de la que fueron víctimas”, reflexiona.
En esos momentos, Luisa renunció a su trabajo para evitar pasar por el lugar en el que la violaron. No tenía el apoyo de su familia y ninguno de ellos sabía lo que había ocurrido esa noche. Pero no se dejó vencer ante estas adversidades y, mientras conseguía un nuevo trabajo en el que pudiera ejercer su carrera, vendió dulces en los buses.
Al nacer su hijo, una amiga le aconsejó ir a la fundación Vida en Misericordia. Ellos se encargaron de acompañarla y ayudarla en su proceso.
“Tu karma no termina cuando nace tu bebé. Si no estuviera Gabriel (el bebé producto de la agresión) conmigo, sería la persona más desafortunada del mundo”, dice Luisa. Hasta este momento no ha denunciado su caso de violación pese a las insistencias de la fundación. Desconfía de la justicia y cree que para la gente sin recursos es más difícil acceder a ella.
‘Me hicieron sentir culpable’: Karla
El 1º de julio de 2004, mientras Manizales estaba de fiesta por el título que había conseguido el Once Caldas en la Copa Libertadores, Karla Araque fue violada por dos de sus amigos. Ella tenía 19 años y una hija de dos.
Esa noche salió de su casa acompañada por ellos. En varias oportunidades los dos hombres le habían insistido en que tuvieran relaciones sexuales, sin embargo, siempre se negó. “Ingerimos licor y quienes se hacían llamar mis amigos asumieron que, por mi estado de embriaguez, tenía que tener sexo con los dos. Me negué, pero terminaron abusando de mí”.
Al día siguiente, Karla tenía marcas de golpes en sus brazos, piernas y cuello. “Les reclamé y me dijeron que yo estaba loca. Que me les había insinuado por la borrachera. Me dieron a entender que había sido yo la culpable”. Al mes y medio de los hechos se dio cuenta de que estaba embarazada. Quiso abortar, pero para esa época (2004) esta práctica era un delito en Colombia.
“Tuve que viajar a Bogotá y un amigo me llevó a un sitio donde me ofrecían hacerme el procedimiento barato. Aborté y me devolví a Manizales. Entré en depresión, no por lo que hice, sino porque había dos tipos libres que me tenían amenazada si los denunciaba. Nunca lo hice y ellos jamás pagaron por lo que me hicieron”. Por la condición económica de ambos hombres, Karla no acudió a la justicia pensando que era lo mejor para su bienestar y el de su hija.
Este es el panorama de dos casos que muestran diferentes realidades en torno al aborto en Colombia. El debate en el país parece no tener final, porque mientras algunos velan por la protección de la vida de los seres que se gestan en el vientre de las mujeres, otros alegan el derecho a la protección de ellas, ya sea porque han sido violadas o porque su vida corre algún riesgo.
* Nombre cambiado.