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Un mundo de problemas

Aumenta el desangre en Gaza sin que las partes acepten un alto al fuego.

30 de julio de 2014 – 11:27 p. m.

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Continúan las tensiones con Vladimir Putin en torno a Ucrania, mientras se resuelve el derribamiento del avión malasio. No cesa la guerra civil en Siria. Los yihadistas del Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS) ponen en jaque el gobierno de Irak. Sigue el enfrentamiento en Afganistán. Estados Unidos, Gran Bretaña y la ONU se van del país ante el caos causado por los islamistas en Libia… Esto en los últimos días. Así vamos, pues.

Uno solo de estos hechos ya sería suficiente motivo de preocupación internacional por los muertos, heridos, destrucción y la complejidad en su solución. De ahí que los casos mencionados prendan las alarmas sobre lo que se está cocinando en el mundo y que, de paso, regresen a la memoria las épocas de la Guerra Fría. La gran diferencia con lo ocurrido en la segunda mitad del siglo anterior es que ya no se trata de los viejos conflictos capitalismo-comunismo. Tal vez por ello, encontrar un hilo conductor no resulta fácil. Hay cosas en común, pero no de manera tan evidente como hace algunas décadas.

Se podría tomar el fundamentalismo religioso como mínimo común denominador, en especial en el Medio Oriente. Mientras Hamás, que gobierna en la Franja de Gaza, tiene vínculos evidentes con el Irán chiíta y con los Hermanos Musulmanes, los yihadistas del ISIS están amarrados a los suníes. Ambos bandos son enemigos religiosos irreconciliables. Por otro lado, están los derechistas ultrarreligiosos judíos, que son el fiel de la balanza en el gobierno de Israel e hicieron escorar al primer ministro Netanyahu hacia la guerra abierta en Gaza, ante la mirada de una comunidad internacional que no es capaz de parar el baño de sangre.

Otra forma de ver lo que está pasando sería por el lado político. Desde la terminación de la Guerra Fría se abrió una puerta hacia el multilateralismo, para frenar el pernicioso unilateralismo, a través de la ONU. Pero las cosas no funcionaron como se esperaba. George W. Bush actuó como quiso en varios frentes, destapando cajas de Pandora que hoy muestran sus peores resultados. Naciones Unidas, cuando no ha sido dejada de lado para llevar a cabo invasiones como la de Estados Unidos en Irak, queda maniatada frente al poder del veto que imponen las grandes potencias. De esta manera, las acciones propias que son contrarias al Derecho Internacional, o las de sus aliados, son cobijadas por la impotencia del Consejo de Seguridad. Contra Putin lo máximo adelantado son algunas sanciones a sus colaboradores. Nada más.

Tal vez el antecedente más cercano de una situación parecida, en circunstancias distintas, se vivió a finales de la década de los setenta y comienzos de los ochenta cuando se dio la invasión soviética de Afganistán; cayó el sha de Irán y llegaron los ayatolás al poder, amén de la toma de la Embajada de Estados Unidos en Teherán y el triunfo de la revolución sandinista, entre otras cosas. La derecha republicana acusó a Jimmy Carter de ser demasiado blando y no hacer respetar a su país. No fue reelecto y la Casa Blanca la ocupó un guerrerista: Ronald Reagan. Guardadas las proporciones, a Barack Obama parece estar pasándole algo similar: los republicanos le están pasando cuenta de cobro por los problemas internos y externos, acusándolo de falta de liderazgo. Tanto es así que hay una posibilidad cierta de que los demócratas pierdan el Senado en las próximas elecciones de noviembre.

Así las cosas, no es fácil avizorar, como en el dicho popular, por dónde viene la mano. Es de esperar que sea sobre la base del fortalecimiento de la capacidad de actuación de la ONU y del respeto de las normas mínimas de la convivencia internacional. Sin embargo, los hechos recientes evidencian lo contrario. De no actuar a tiempo con cordura, la violencia imperante podría abrir la puerta a la ley de la selva.

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