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Pegando patadas, con más ganas que fútbol y muy por debajo del nivel de las dos mejores selecciones europeas (Alemania y Holanda) en el Mundial, la selección de Brasil se despidió por la puerta de atrás de la Copa Mundo. Es su segundo fracaso como anfitrión y en ambos hizo historia, no por su espectacular juego, sino por perder dos partidos que serán su sombra durante la eternidad. El primero, en el 50, contra Uruguay en el recordado Marcanazo. Y el segundo, el pasado martes contra Alemania en semifinales, donde salió goleado 7-1 por los alemanes.
Se esperaba que en el partido por el tercer y cuarto puesto peleara por su gloria ante Holanda, sin embargo, fue tan duro el golpe propinado por Alemania que nunca pudo levantarse de la lona. Aún en la cabeza de Julio César, David Luiz, Oscar y compañía rondaba el fantasma de esos siete batacazos que le propinaron los teutones. Fueron, otra vez, víctimas de su propio desorden y falta juego en conjunto. Los tulipanes aprovecharon cada situación que tuvieron y se adueñaron del tercer lugar del Mundial al ganar 3-0.
Mundial para olvidar por parte de Brasil. Sus jugadores quedaran como villanos. Salieron bajo abucheos e insultos. Los hinchas, quienes cantaron el “ole” en las tribunas, olvidaron que Luiz Felipe Scolari les dio el pentacampeonato en 2002. El mismo técnico aceptó su responsabilidad y se calificó como el único responsable de este fracaso. Los anfitriones, quienes quedaron con pocas ganas de volver a organizar una Copa Mundo en su territorio, tendrán que reformar su estilo de juego y volver al sistema que los puso en la cúspide el fútbol Mundial. Por ahora, las luces se apagaron para la verdeamarela.
Holanda, por su parte, vio cumplir un ciclo a varias de sus figuras. Arjen Robben, Robin Van Persei, Dirk Kuyt, Nigel De Jong y Wesley Sneijder jugaron, al parecer, su último Mundial. Hicieron historia: Fueron subcampeones en Sudáfrica 2010 y terceros en Brasil 2014. Algo parecido a lo que hizo la Naranja Mecánica en 1974 y 1978 —en ambos torneos salieron segundos—. El partido contra Brasil fue un premio a su juego rápido, táctico, ordenado y contundente.
Así lo demostraron a los 3’ de partido, cuando Robben se le escapó a Thiago Silva, quien le hizo falta fuera del área pero el árbitro decretó penal. Lo cobró Van Persei y puso el 1-0. El segundo llegó gracias a un centro de De Guzman que David Luiz no pudo despejar. El rebote le quedó a Daley Blind —quien salió lesionado—. Se acomodó y definió a su antojo ante la poca presión de los volantes brasileños. Scolari intentó cambiar la historia del partido al sustituir a sus dos centrocampistas, Luiz Gustavo y Paulinho, quienes deambularon en la cancha. Parecían dos muertos que no peleaban un solo Balón. Ingresaron entonces Fernandinho y Hernanes, dos jugadores que antes que apoderarse del balón repartieron. El típico libreto de del equipo anfitrión.
Y cerrando el partido Holanda liquido a su rival. Una rápida jugada de contragolpe terminó en los pies de Georginio Wijnaldum, quien definió a la perfección. Faltando un minuto de los cinco que añadió el juez del encuentro, Louis Van Gaal, en un acto que no puede ser tomado como burla hacía al rival, hizo un cambio para permitir el ingreso del tercer arquero de su selección. Michel Vorm era el único de los 23 holandeses que no había jugado. De esta forma, los tulipanes se convirtieron en el único equipo que puso todas sus fichas en el campo de juego.
Se acabó el Mundial para el anfitrión. Aún quedan jugadores en sus filas con muchísimos años por delante vistiendo la verdeamarela. Sin embargo, en sus hombros ya pesará la deshonra más grande que ha sufrido Brasil en la historia de los Mundiales. Tendrán varias revanchas, la más próxima será Rusia 2018, Copa Mundo en la que varios de los que hoy son señalados como villanos por su propia afición, podrán callar las críticas o, por el contrario, en el peor de los escenarios, alimentarlas. Pese a cual sea el resultado hoy en la final entre el los dos principales verdugos y enemigos futbolísticos del anfitrión, Alemania y Argentina, Brasil siempre será el más veces campeón, el pentacampeón.