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Esta ha sido mi odisea buscando el amor en línea

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11 de diciembre de 2015 – 07:06 p. m.
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Después de un par de desengaños con hombres colombianos,  decidí que internet me ayudaría a buscar y encontrar el amor de mi vida.

La primera experiencia fue con un hombre que no creo que sepa cuántas novias en línea ha tenido. Un día es joyero, otro militar retirado, otro es médico… Y siempre termina con negocios en Ghana, África, para pedir dinero. Hasta la talla del anillo de compromiso me la pidió. Una vez le reenvié una de esas cadenas de engaños y le cedí una de esas maravillosas herencias que me llegaban al correo.

Todo esto fue en una página gratuita y me dije, “claro, es así porque es gratis”. Pagué mi membresía en otro portal y conocí a tres hombres. Un escritor latinoamericano a quien, por paranoia, debo decir, encontré con ayuda de Google: era real, pero estaba un poquito obsesionado con las mujeres y todas le gustaban. Luego conocí a otro de origen iraní. Su premisa era: la mujer debe ser sumisa y obediente y estaba obsesionado (también) con  tener un hijo varón. Salí despavorida. “La tercera es la vencida”, me dije. Y encontré, o me encontró, un hombre del Norte del continente. Bello. Pero bien decía mi mamá: “Lo bonito no se echa a la olla”. 

Era un poco frío, como su lugar de procedencia. Pero aun así logramos establecer una relación y un buen día decidió venir. Fueron cinco días gratos. Él en su idioma y yo intentando. Guatavita, Monserrate,  museos, parques…

Conoció a mi familia, que se caracteriza por tener un humor un poco ácido. Nos contó de su trabajo y casi morimos: era lo que optamos por llamar un deforestador. Su trabajo era acabar con bosques enteros en su país y en el país vecino. Su espíritu de protección del ambiente lo hizo un tanto menos bello. Luego vino la mala hora. Una tormenta se cernía sobre su país y entró en pánico. En fin, logró irse y yo respiré aliviada.  Yo suponía que todo estaba bien, pero no. Lo sorprendí buscando de nuevo en el portal. Decidimos ser amigos hasta que este año consiguió una novia. Supongo que es feliz.

Incansable y perseverante. Paré un tiempo y volví. Y encontré a otro hombre que pudo ser el amor de mi vida,  pero por mis experiencias anteriores estaba un poco prevenida y a la primera lo saqué a correr. Era extraño, y creo que lo sigue siendo: a pesar de que nunca lo vi,  soñaba con él cuando algo estaba mal. Le volví a escribir un tiempo después y mis sueños obedecían a que había perdido a su mamá hacia unos días. Entablamos de nuevo la relación y luego fue él quien salió a correr. No pudo soportar la distancia. Aún lo recuerdo todos los días. Una de esas almas bonitas con las uno se encuentra en la vida y por una dosis de ridiculez deja ir.

Ahora tengo una relación con otro hombre que conocí allá mismo,  mucho mayor que yo. Y pasamos de sueño a pesadilla con un chasquido de los dedos.
Conclusión,  el amor no se encuentra así no más, al voltear una página. La soledad es amiga de la tecnología y la tecnología se presta para todo. Ya veremos que me trae el viento.

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