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Una juez de conocimiento rechazó la solicitud de coalición de competencias presentada por la defensa de uno de los procesados en la presunta manipulación de la escena del crimen en el marco de la investigación que se adelanta por la muerte del joven grafitero, Diego Felipe Becerra.
En la decisión judicial, la administradora de justicia argumentó que no se encuentra impedida para conocer de este caso y le hizo un fuerte llamada de atención al procesado al considerar que no es la instancia procesal para presentar este tipo de solicitudes.
La funcionaria judicial le manifestó además al abogado que si así lo requiere haga esta petición ante el Consejo Superior de la Judicatura con el fin de que el alto tribunal dirima y defina las competencias en este caso que se adelanta contra tres policías y dos civiles.
En la audiencia judicial, la Fiscalía General presentó una adición al escrito de acusación presentando pruebas documentales y testimoniales que indican que el abogado Héctor Ruiz fue la persona encargada de “ubicar predeterminadamente” un arma de fuego en la escena de los hechos.
En este caso, el fiscal del caso manifestó que unos policías del CAI de Alambra, en la localidad de Suba, fueron los encargados de entregar la pistola a otros uniformados quienes la accionaron en un canal de aguas residuales cercano. Acto seguido le entregaron el arma a Ruiz quien la habría limpiado con un pañuelo y la ubicó en el lugar de los hechos.
La Fiscalía acusó formalmente a tres miembros de la Policía Metropolitana y dos civiles investigados por su presunta participación en la manipulación de pruebas en el lugar donde murió el joven grafitero Diego Felipe Becerra el 19 de agosto de 2011.
La Fiscalía General los acusó formalmente por los delitos de tráfico, fabricación y porte de armas de fuego agravado, alteración de elemento material probatorio, fraude procesal, falsedad ideológica en documento público agravado por el uso y favorecimiento al homicidio.
Ante esto estas personas tendrán que responder en juicio por supuestamente haber participado en la ubicación de un arma de fuego en el lugar de los hechos, la cual mediante testimonios de los mismos fue adjudicada al joven de 16 años quien fue acusado de haberle disparado al patrullero Wilmer Alarcón en extraños hechos que son materia de investigación.
El conductor de la buseta es investigado por haber acusado en diferentes medios de comunicación al joven grafitero de haberlo atracado en compañía de dos amigos cuando en la calle 106 con avenida Suba. (Ver A la cárcel tres policías y dos civiles implicados en caso grafitero)
Las pruebas
Según las investigaciones adelantadas los agentes del CTI que llegaron al lugar de los hechos no registraron la presencia de un arma de fuego, por lo que llama la atención que tres horas de primer informe se hiciera alusión a una pistola «que apareció extrañamente en el lugar».
«Existen contradicciones en las declaraciones entregadas por Alarcón y lo encontrado en la escena del crimen», indicó el fiscal haciendo referencia a que el patrullero siempre aseguró en el comienzo que «creía» que el joven tenía un arma de fuego.
Igualmente se indica que en las pruebas técnicas precisadas al lugar se pudo encontrar que el arma que fue encontrada «después» por los uniformados que llegaron a la escena de crimen «no funcionaba puesto que tenía fallas».
En este sentido la Fiscalía indicó que según las pruebas adelantadas por el CTI de la Fiscalía y Medicina Legal la pistola no funcionaba y que para dispararla «se tenía que ser un experto en el manejo de armas, pues la bala se tenía que ubicar de manera manual».
Los tres jóvenes que acompañaron a Diego Felipe Becerra indicaron que pese a que el uniformado los revisó en un primer momento y pudo constatar que no portaban ninguna arma de fuego ni corto punzante, sin embargo el patrullero emprendió una persecución por varias cuadras hasta que sonó un disparo.
“Yo lo vi en el piso y me dijo ‘no siento las piernas’ entonces yo me volteé y le dije al patrullero que por qué hizo eso. Creo que Diego Felipe estaba agonizando, cuando le di la vuelta vi que tenía una herida. Tenía un ‘quemonazo’, le dije que a quién se le ocurría disparar a esa distancia, no entendía si le había disparado un balín”, indicó.
Valiéndose en las pruebas técnicas y científicas practicadas, así como los testigos que declararon, se pudo comprobar que en ningún momento se presentó un intercambio de disparos como lo señaló Alarcón en su interrogatorio.
Prueba de esto es que los vecinos del sector y personas que pasaban por el lugar escucharon un solo disparo, señalando así que en ningún momento el joven le disparó al uniformado, quien en varias oportunidades ha señalado que actuó en defensa propia.
Y es que además los peritos del CTI que llegaron al lugar de los hechos no encontraron muestras que indicaran un intercambio de disparos puesto que no se encontraron registros de balas, disparos o cartuchos.
Ante esto, las pruebas técnicas indicaban que el joven había recibido un disparo de espaldas, puesto que el registro del ingreso de la bala indica que Diego Felipe fue herido mortalmente cuando corría.
Pese a que el patrullero le aseguró a los otros uniformados que llegaron al lugar antes de trasladar a Diego Felipe a la clínica Shaio de Bogotá que había un arma en el lugar, los peritos del CTI e incluso los mismos patrulleros no registraron la presencia de dicho objeto “pese a lo fácil que era ubicarlo de haber estado ahí”.
En horas de la noche, el abogado Héctor Ruiz llegó y se reunió con otro grupo de policías que estaban en la escena del crimen. En esos momentos se enfrentó a los agentes del CTI que estaban solicitando el informe de primer respondiente que debía entregar el entonces intendente Juan Carlos Leal.
La falsa denuncia
Igualmente la Fiscalía indicó que el conductor del bus, Jorge Narváez incurrió en serias contradicciones durante sus declaraciones sobre el tiempo, modo y lugar en el que se registraron los hechos del supuesto atraco protagonizado por Diego Felipe y tres amigos.
En este sentido el fiscal aseguró que no se entiende cómo Narváez dijo que el atraco había sido el 19 de agosto, sin embargo cuando se demostró que ese día el bus tenia pico y placa aseguró que había sido el día anterior, acusando a la persona de recibir la denuncia de cambiar la fecha.
Sin embargo, precisó en su exposición, este cambio en su declaración afectó todos los hechos narrados en un inicio, puesto que él fue la persona que le dio aviso, supuestamente, a los uniformados quienes iniciaron la persecución del joven de 16 años y sus compañeros.
Según el fiscal, aseguró que los pasajeros habían dado los nombres, número de Cedula y teléfonos a los uniformados del CAI de Andes de Suba, sin embargo dichos registros nunca aparecieron cuando se hicieron las respectivas inspecciones.
Igualmente se conoció que una teniente de la Policía de nombre Nancy le dio la orden a un uniformado de un CAI Móvil para que se desplazara a la localidad del 20 de Julio a recibir una denuncia el día martes 23 de Agosto.
En ese momento el uniformado se encontró con Jorge Narváez en una cafetería de dicho barrio, ahí llegó el entonces comandante de la Policía Metropolitana, general Francisco Patiño quien se quedó hablando con el conductor de la buseta por más de 10 minutos.