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Dronestagram nació como una necesidad de Eric Dupin, un bloguero francés que en 2013 se encontraba en San Petersburgo, Rusia. Al final de su viaje en ese momento, sus compañeros decidieron tomar una foto de todos, una selfi grupal. La diferencia es que aquella vez el trabajo se haría con un dron. Una experiencia novedosa, quizá, pero algo incompleta. “¿Dónde puedo encontrar la foto luego?”, fue la pregunta de Dupin.
De aquella experiencia nació Dronestagram, una plataforma que, como indica su nombre, pretende ser una especie de Instagram, pero para fotografía y video tomados con drones. Una necesidad específica para algunos, quizá. Pero, a la vez, un servicio dirigido hacia un mercado que crece constantemente.
Se estima que para finales de este año haya más de dos millones de drones en el mercado mundial; esto para vehículos de uso civil, cabe aclarar. De éstos, la gran mayoría serán utilizados para capturar imágenes o videos para una variedad de usos y clientes que van desde cubrimiento de noticias para medios de comunicación, pasando por producciones de cine y piezas publicitarias, hasta el simple y puro disfrute de tomar fotografías por el amor al oficio.
El amor al oficio es algo que sale a relucir plenamente en el trabajo de gente como George Steinmetz, quien, de cierta forma, se ha especializado en fotografía aérea. El fotógrafo ha realizado proyectos como “African Air” (2008) o “Desert Air” (2012), en los que explora lugares remotos desde un parapente motorizado. Imágenes que ofrecen una crónica visual de un planeta pleno en una belleza que, desde el aire, se presenta acaso remota e inexplorada.
La fotografía aérea no es un asunto nuevo. Como sucede a menudo, la introducción de una nueva tecnología puede modificar una práctica en varios niveles. El caso de la fotografía y los drones puede ser un buen ejemplo de esto.
Dronestagram, que hoy cuenta con un equipo de apenas cuatro personas, ha logrado atraer más de 15 mil usuarios registrados en su plataforma, que han subido más de 25 mil videos y fotografías, la mayoría de éstas en alta definición. El sitio ha comenzado a transformarse en algo más que una vitrina para fotógrafos: ahora es una especie de lugar de contacto para conseguir buenos pilotos de estos dispositivos.
Esta es una de las estrategias ideadas por Guillaume Jarret, jefe de desarrollo y marketing del sitio, para financiar la operación del servicio. “Hacemos misiones de reclutamiento de los mejores pilotos para marcas que necesitan este tipo de personas para sus actividades. En un par de meses también vamos a comenzar a ofrecer impresiones de las fotos a través de una compañía en París, un poco como sucede con Getty Images, por ejemplo”.
El servicio se alió el año pasado con National Geographic para realizar un concurso de fotografía que, en su primera edición, tuvo dos mil participantes; el sitio web pone el material y la organización mediática se encarga de juzgar los trabajos. Jarret cuenta que este año, en apenas cinco días de convocatoria, recibieron 1.000 entradas. Las inscripciones para la competencia se cierran el 30 de junio.
Jarret concluye: “Nuestra intención es construir un mapa de la Tierra desde la visión de un pájaro. Nos parece no sólo divertido, sino muy interesante observar nuestro planeta desde esta perspectiva. Un dron no es un helicóptero, tampoco es un satélite: sus capacidades de vuelo generalmente lo ubican entre los dos y los 200 metros de altura. Desde allí, el mundo se ve diferente, lo que también propone un lenguaje nuevo en fotografía, una nueva forma de observar las cosas”.