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Eternamente inundados

Expertos coinciden en que la única manera de evitar nuevas tragedias por el invierno es reubicar a un millón de personas que hoy viven por debajo de la cota de los ríos. Sin embargo, el Distrito reconoce que un traslado no es viable.

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No es la primera vez ni será la última: cada vez que regrese la temporada de lluvias, los mismos barrios de Bogotá en los que viven un millón de personas volverán a inundarse. Ya lo confirmaron las reiteradas tragedias por el invierno y así lo reconoció el Distrito esta semana después de las emergencias en dos barrios de la localidad de Engativá.

“La comunidad tendrá que aprender a vivir con el problema”. A esa conclusión llegó el director del Fondo de Prevención y Atención de Emergencias (Fopae), Javier Pava, quien esta semana le dijo a El Espectador que las familias que viven en zonas de inundación tendrán que manejar el riesgo. Señaló que aunque sí se harán algunas reubicaciones, éstas no se llevarán a cabo en los barrios que ya están consolidados.

Lo mismo cree el gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado, Diego Bravo. “Lo que estamos viendo es una combinación de malas políticas públicas que hacen que hoy mucha gente tenga que vivir en zonas de riesgo”.

Si en algo coinciden tanto los expertos como los concejales del Distrito es en que la única salida para evitar que el agua vuelva a meterse a estos hogares es la reubicación. Pero si se tiene en cuenta que actualmente hay un déficit de vivienda de 258 mil unidades, que escasea la tierra urbanizable y que la ciudad no cuenta con recursos para hacer frente a una medida de tal envergadura, reubicar a un millón de personas resulta una tarea casi imposible. Según Bravo, ”lo ideal sería la relocalización , pero los costos son tan grandes que lo más sensato es pensar en la adaptación al riesgo.

¿Hay alguna otra solución? Ante este desafío, “seguir pensando en que el río es el culpable y que los jarillones y las medidas de mitigación son la salida para el problema no tiene mucho sentido”, como enfatiza el director del Centro de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional, Gerardo Ardila.

Para las personas que viven en zonas de amenaza, que hoy representan una octava parte de la población de la capital, el camino es organizarse para prevenir las inundaciones y adelantar acciones para mitigar el riesgo, como lo explicó Javier Pava.

Pero no sólo eso. Tanto para Ardila como para la consultora ambiental Margarita Pacheco, es urgente dejar de construir en zonas anegables, agilizar la recuperación del río Bogotá y detener la urbanización en la periferia, como lo propone el alcalde Gustavo Petro.

Para eso es necesario que no se entreguen más licencias de construcción en las rondas de los ríos, como ocurrió con los barrios que padecen bajo las aguas, señala la concejal de Progresistas Angélica Lozano. Además, actualizar los mapas de riesgo de la ciudad para que con base en ellos se limiten los desarrollos en zonas de inundación, como insiste el concejal Diego García, de la misma bancada.

A estas alturas, cuando las reiteradas lluvias han demostrado que declararle la guerra a los ríos es una pelea perdida, urge una transformación en la manera en la que se afrontan las precipitaciones. Así lo explica Pava: “El cambio climático va hacer que las lluvias sean cada vez más comunes y es urgente que se empiece a trabajar en prevenir y no en reaccionar cuando los desastres ya sean un hecho”.

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