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¿Gobierno o Salud?

El actual secretario de Salud sería el candidato más opcionado por el alcalde Gustavo Petro para reemplazar a Antonio Navarro, luego de que el periodista conservador Juan G. Uribe rechazara el ofrecimiento.

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La renuncia del secretario de Gobierno, Antonio Navarro Wolff, tiene hoy al secretario de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, en una difícil encrucijada: desde el pasado viernes su nombre es uno de los más opcionados por el alcalde Gustavo Petro para ocupar el cargo. Sin embargo, de aceptar la propuesta, muchos de los proyectos que ha venido promoviendo desde que llegó a esa Secretaría para revolucionar el servicio de la salud quedarían huérfanos.

Inicialmente, el más sonado para el cargo era el periodista conservador y director de El Nuevo Siglo, Juan Gabriel Uribe. El también exsenador no sólo contaba con el visto bueno del alcalde Petro sino con gran aceptación por parte de los concejales, como lo asegura el presidente de esa corporación, Darío Fernando Cepeda: “Uribe es una persona muy capaz, bastante respetada y muy querida dentro de la capital. Un gran acierto para la ciudad”. Sin embargo, Uribe no aceptó la propuesta del alcalde, aduciendo motivos personales.

Después de Uribe, Jaramillo es la carta de Gustavo Petro: su trayectoria como senador y gobernador de Tolima, sumada a su lucha en contra del paramilitarismo en este departamento, le dan el bagaje necesario para asumir el cargo, y después de Antonio Navarro es, entre los miembros del gabinete, quien tiene mayor experiencia administrativa en el Ejecutivo, además de que conoce el escenario de las corporaciones públicas.

En eso coinciden varios concejales. Entre ellos, María Victoria Vargas del Partido Liberal, quien se refiere a Jaramillo como “una persona con gran trayectoria que reuniría todas las condiciones para ser secretario de Gobierno”.

Lo mismo cree la concejal de Progresistas Angélica Lozano: “Guillermo Jaramillo es el mejor en términos de experiencia, convicción política y capacidad de trabajo para reemplazar a Navarro”.

Pero el asunto de fondo en cuanto a su posible nombramiento tiene que ver con el destino de proyectos de Salud, como la búsqueda de una acreditación de calidad para la entidad, la reforma administrativa de la secretaría y la insistente lucha para que las EPS presten sus servicios y le paguen a la red de hospitales lo que les deben.

Desde que llegó al cargo, Jaramillo se ha dedicado personalmente a declararle la guerra a cualquier atisbo de corrupción dentro de la entidad y el temor es que se termine abriendo un hueco en salud para tapar uno en seguridad, como lo advierte Vargas: “Es necesario analizar si realmente es conveniente sacar de Salud a alguien que venía haciendo bien su trabajo”.

El Espectador buscó a Jaramillo pero no le fue posible establecer comunicación. Por el momento se desconoce si está realmente interesado en asumir las riendas de la seguridad de la capital. Una fuente cercana a la Secretaría de Salud aseguró que, aunque Jaramillo no quiere abandonar los proyectos en los que viene trabajando, aceptará lo que el mandatario capitalino defina.

De hacerse el cambio, los concejales también advierten que el carácter de Jaramillo podría traerle problemas a la administración en términos políticos. Según el concejal Antonio Sanguino, del Partido Verde, a diferencia de Navarro “que es más tranquilo y mesurado, Jaramillo es más altisonante, tiene un tono más fuerte que podría generar choques”.

Independientemente de quien llegue al cargo que dejó Navarro, el secretario de Gobierno encargado, Jorge Rojas, aseguró que “la política continúa; aquí hay un plan de gobierno, hay un horizonte, hay una brújula, y nosotros vamos a seguir en esa dirección fortaleciendo todos los programas del gobierno distrital para hacer realidad el Plan de Desarrollo”.

Según una encuesta adelantada por la firma Datexco Company S.A. para El Tiempo, y revelada ayer, la imagen favorable del alcalde Gustavo Petro viene en descenso. Mientras en noviembre pasado el 59% de los encuestados le daba su visto bueno, actualmente sólo el 39,5% piensa lo mismo. El resultado es una señal evidente de que la renuncia de Antonio Navarro y la búsqueda de su sucesor son una oportunidad para analizar la manera en la que alcalde gobierna la capital.

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