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El gestor anónimo

AYER, EN HORAS DE LA TARDE, NOS enteramos de la muerte de Donny Rubiano, un impresionante gestor musical que, pese a la buena calidad de su trabajo y a sus facultades y encanto personal, permaneció en una especie de clandestinidad, bajo la sombra que la música le proveyó durante muchos años.

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Adentro de ese mundo, sin embargo, en el de los artistas emergentes y los conocedores y promotores de los distintos géneros que tienen despliegue en Colombia, su nombre es bastante recordado y respetado. Sólo hace falta ver las distintas reacciones que ellos han tenido en las redes sociales para darse cuenta de la magnitud de su nombre.

Según lo que pudo averiguar El Espectador, Rubiano luchó varios años contra una leucemia , la cual, a pesar de ser combatida por los tratamientos médicos pertinentes, terminó ganando la batalla y llevándoselo de una forma bastante prematura. Las voces consultadas tienden a coincidir en una sola cosa: Rubiano era un gestor cultural sin el ánimo de figurar. Es por eso mismo que su nombre, contrario al de otros tantos, no se registró en los medios ni en las menciones honoríficas, salvo unas cuantas entrevistas que él concedió. Pero se había ganado el cariño de todos.

Probablemente ese fue uno de los grandes aportes que hizo en el mundo cultural. Produciendo y coordinando los distintos festivales al parque (de rock, de jazz), logró lo que pocos consiguen en estos mundos particulares de la música: que fanáticos y artistas lo respetaran. Johanna Pinzón, amiga personal y compañera de Rubiano, directora de Poliedro, un proyecto de desarrollos digitales, asegura que Rubiano era un líder que se echaba al hombro los festivales y que lograba, a través de un compromiso destacable, que las personas pronto lo vieran como un referente, como alguien digno de consulta y respeto.

No era poco lo que hacía: siempre estaba al día con los distintos estilos de la música, con los artistas jóvenes que querían una oportunidad; siempre viajaba a otros festivales del mundo para actualizar los de acá en términos de artistas invitados, de producción, de propuestas novedosas que estuvieran a la vanguardia de la escena.

No por nada, claro, es que bajo su batuta, Rock al Parque, ese festival gratuito, culto de muchos bogotanos y de otras regiones, año tras año se convirtió, en su género, en el más importante de toda América Latina. La calidad de los artistas fue subiendo sin distingo del género: rock alternativo, heavy metal, punk. Así como la oportunidad que les dio a muchas bandas de participar en él.

Durante sus últimos años, Rubiano se desempeñó como productor ejecutivo de Radio y Televisión de Colombia y era la voz oficial de Señal Radio Colombia. Desde el Instituto Distrital de Artes (Idartes), años antes, hizo su gestión de los festivales. Se caracterizó por ser un buen compañero de trabajo, un líder escuchado por todos, innato, un amante del metal nuevo y, también, un artista destacado en la escena misma.

Paz en la tumba de este gestor cultural. Su legado, sin duda, y pese al anonimato, muy probablemente por él mismo como ejemplo, perdurará por años.

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