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Rock para el ‘estriptisismo’ sonoro

El blues, los corridos mexicanos, el swing y el tango fueron algunos de los estilos musicales que visitó el artista argentino durante la realización de este registro, que presentará en Colombia durante el Festival Centro, el próximo año en Bogotá.

Ariel Rot dice que porta con orgullo las medallas de haber integrado las bandas Tequila y Los Rodríguez. / Cortesía Warner Music
Ariel Rot dice que porta con orgullo las medallas de haber integrado las bandas Tequila y Los Rodríguez. / Cortesía Warner Music

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La Huesuda es el resultado de un arrebato de Ariel Rot. Antes de comenzar el proceso de realización del disco, el argentino estaba muy influenciado por algunos escritores mexicanos y le daba vueltas en la cabeza la trama de El poder del perro, del estadounidense Don Winslow, en el que se habla del narcotráfico en México desde la década de los 70.

Gracias a la lectura de esta novela, sangrienta y sanguinaria según su parecer, logró conciliar el sueño, y lo último que recuerda haber visto y entendido en esa jornada de deleite literario fue la forma en que llamaban a la muerte en México. Esa fue la primera vez que vio la expresión La Huesuda, en un contexto poco habitual para él y, de inmediato, pensó que sin duda podría ser un excelente título para una canción.

Días después y luego de haber entrado en confianza con esa expresión mexicana y de haber pensado en sus múltiples connotaciones, tomó la guitarra, empezó a hacer lo suyo desde hace más de treinta años, y sin mucho esfuerzo le salió una canción dedicada a esta imagen casi de culto para los mexicanos. Para Ariel Rot estaba muy clara la temática y sabía que la única forma de hacer un abordaje con respecto pero a la vez muy genuino, era a través de su propio concepto de un corrido. Así surgió un tema, que con el paso del tiempo se fue transformando en el título de una producción discográfica completa.

“Para la selección del nombre del álbum, busqué los primeros discos de la banda Calexico, quise mezclar un poco el rock con un corrido mexicano, y cuando ya no pude dilatar más la escogencia, revisé el material que tenía entre manos y resultó que La Huesuda me pareció divertido, impactante, desconcertante, y tenía la virtud de darme mucho juego para explorar en la parte gráfica y por eso opté por ese título”, cuenta Ariel Rot quien ya había pisado los senderos de la música popular de México al componer la música de la canción Viridiana, una creación original del español Joaquín Sabina.

El proceso de composición de las canciones de este disco se dio en su totalidad durante una gira con un formato distinto y especial, que por cierto será el que implemente el argentino durante su presentación en Bogotá el próximo mes de enero. Él sube solo al escenario, está rodeado de instrumentos diversos como piano y guitarra, pero no intenta hacer un desconectado porque para lograr su cometido, necesita de la complicidad eléctrica. Para Ariel Rot la atmósfera de ir viajando solo con un acompañamiento instrumental reducido, le ha permitido entender la música de manera más relajada y más reflexiva, características que definen el contenido de La Huesuda.

“En este álbum estreché un poco más el marco de lo que son mis discos para el ‘estriptisismo’ sonoro. Procuré que todas fueran canciones que yo pudiera tocar solo, con un instrumento, porque muchas veces armamos una canción con sistemas de grabación casero y después llegamos a tocarlas y se complica su ejecución”, asegura el artista que para este registro dejó que los músicos hicieran su trabajo en el estudio sin marcar las pautas. Puso algunas pinceladas justas en los instantes en los que necesitaba el lucimiento de algún instrumento y cerró toda la posibilidad de sobrecarga en lo que para él debe ser una propuesta estética sin igual.

Ariel Rot quería llegar virgen al estudio, sin hacer experimentos previos y tocar por primera vez esas canciones que integran La Huesuda. Para él, uno de los momentos más agradecidos de esta profesión, se resumen en el instante en el que se graba la base rítmica y se plasma ahí la primera ocurrencia. Durante esa labor mágica, el argentino toma una guitarra y empieza a probar colores, tonalidades y atmósferas. Sin embargo, así como puede ser mágico también puede convertirse en caos cuando no se ha determinado la finalidad narrativa. Por fortuna, Ariel } siempre ha contado con el respaldo de un guía incondicional, el maestro rock and roll.

“Es mi escuela, mi lenguaje. Llegué a la música por el rock and roll y fueron mis primeros años de vida musical. No me he movido de ese concepto, porque cuando lo conoces deja marcada tu manera de expresarte, y se vuelve tu idioma. Aparte, tiene otra connotación, la de una forma de vida, evidentemente es una especie de estereotipo, porque esa música la hacían chicos de 19 años. Pero si ellos hubieran tenido 50 años, el género hubiera expresado otro tipo de conceptos. Ya no llevo esa vida loca y bohemia de cuando tenía 20, pero tampoco hay que fingir y proyectar una imagen que no es real. Sigo escuchándolo, y sintiéndome genial cuando oigo The Rolling Stones mientras conduzco y por eso es una parte esencial de mi nuevo registro”, cuenta el músico argentino que antes de ser solista integró bandas tan importantes para la escena en América Latina como Tequila y Los Rodríguez, agrupaciones de las que se siente más que orgulloso por el compromiso social y por sus múltiples aportes artísticos.

En este momento, Ariel Rot está concentrado en la realización de los conciertos con los que presentará en Iberoamérica su nuevo disco, incluida su presentación dentro del Festival Centro, en Bogotá. “Se trata de un show que cambia cada noche, no es un show totalmente cerrado, porque depende mucho del recinto, del feed back que tendré del auditorio. Llevo cierto orden pero la circunstancia puede variar dependiendo de cómo vea a los espectadores, de lo qué ellos quieran escuchar, lo más viejo, lo más nuevo, lo más conocido, todo eso influye. Digamos que yo miro a los ojos al público y decido qué voy a tocar”, concluye el argentino para quien la muerte, La Huesuda, se transformó en una excusa para seguir haciéndole guiños al rock.

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