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Si el Distrito quisiera empezar la construcción de la Avenida Longitudinal de Occidente (ALO) hoy, no sólo tendría que haber comprado los 696 predios que hacen falta para despejar el trazado, sino que, además, se vería obligado a negociar con los cientos de invasores que se han ido tomando los terrenos destinados para la vía, muchos de ellos comprados hace más de 10 años por el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU).
Sólo es necesario hacer un recorrido aéreo para ver que en medio de la franja verde reservada para los 50 kilómetros de la ALO, empezando en Soacha y llegando a la Autopista Norte, por todo el borde occidental, no son pocas las manchas que delatan que varias zonas han sido tomadas y utilizadas como parqueaderos, botaderos de basura, potreros para ganado y, en el peor de los casos, para la construcción de nuevas viviendas.
Y aunque muchos de los predios están en proceso de negociación con el IDU, lo más preocupante, como lo advierte el vocero del partido MIRA, Carlos Guevara, es que muchos otros ya fueron comprados por el Distrito y aun así están siendo utilizados. Esto pese a que, según un informe del IDU, desde 2002 hasta 2010 la ciudad había pagado alrededor de $4.300 millones por servicios de vigilancia, limpieza y mantenimiento de los mismos.
Un ejemplo es uno de los parqueaderos de los alimentadores de Transmilenio, ubicado en el Portal de la 80. Allí, el asfalto todavía fresco es la prueba de lo que denuncian los vecinos: hace apenas un mes se remodeló el lugar, a sabiendas de que ese espacio es uno de los reservados para la vía.
Otro caso similar se presenta en Suba. Entre los barrios Villa María y Nueva Tibabuyes, en uno de los terrenos del IDU, no sólo funcionan una plaza de mercado y un parqueadero para camiones, sino que desde hace algunos meses otra parte de la zona es utilizada por recicladores como bodega.
Sin embargo, los nuevos habitantes de estas zonas no ahorran esfuerzos a la hora de defenderse. Uno de ellos es José Avendaño, quien tiene un local de mecánica automotriz en uno de los terrenos que supuestamente pertenecen al Distrito, en Engativá: “Hace cinco años pago arriendo y ahora no me pueden decir que me vaya, porque este negocio está acreditado”.
A la hora de hablar con Ramón Cadavid, el propietario, éste responde que compró el lote hace 10 años y que no cree que la avenida se haga pronto, teniendo en cuenta que la vienen prometiendo hace más de 40 años sin ningún avance.
Aunque ayer la directora del IDU, María Fernanda Rojas, confirmó la intención del alcalde Gustavo Petro de no apoyar la construcción y de que en su lugar se haga un tranvía, hasta el momento se han invertido en la vía más de $80 mil millones y, de los 1.109 predios requeridos para el trazado, el IDU ha comprado casi el 50%.
Debido a los constantes retrasos para iniciar la obra y a lo que Carlos Guevara califica como falta de planificación administrativa, cada vez son más los avivatos que siguen invadiendo los terrenos.
Al respecto, Marlén Gutiérrez, una de las habitantes del barrio Coca Cola en Fontibón, por donde pasaría la vía, exige que el Distrito decida rápido el destino de la ALO, ya que desde 1999 no han podido ni vender ni hacer ninguna remodelación a sus casas: “El alcalde Petro no puede salir ahora con que no quiere hacer la vía, después de que a nosotros nos han tenido en penurias durante todos estos años”.
Una vía con 50 años de retraso
Las promesas acerca de la construcción de la Avenida Longitudinal de Occidente (ALO) vienen siendo escuchadas por los bogotanos desde hace mucho. Exactamente desde 1961, cuando por medio de un acuerdo se empezó a hablar de la gran vía como parte del plan piloto del Distrito Especial.
Pero no fue sino hasta 1998 cuando el Concejo aprobó su trazado, dispuso su construcción y estableció que se utilizaría para ella la figura del mantenimiento por concesión. Como es sabido, el padre de la idea es el alcalde de entonces, Enrique Peñalosa.
Lo cierto es que hasta el momento muy poco ha pasado con el megaproyecto. El año anterior la corporación, por iniciativa de la concejal Soledad Tamayo, debatió el tema y le pidió al Distrito las explicaciones del atraso. “Pura negligencia”, sentenció más de un cabildante.
Por ahora, los escasos kilómetros adelantados de la ALO no coinciden con los diseños preliminares.