Futuro de la caficultura: los jóvenes toman la palabra

Cinco caficultores están de acuerdo con que es necesario que el Estado genere condiciones para que la actividad económica en el campo sea rentable. Sin embargo, se reconocen como parte activa del cambio, dando valor agregado a su producto y cambiando parte de la mentalidad de los mayores.

Jonathan Esteban Botero, María Carolina Farfán, Andrés Felipe Quiñones, Maribel Llanos y Diego Horta. / Gustavo Torrijos.
Jonathan Esteban Botero, María Carolina Farfán, Andrés Felipe Quiñones, Maribel Llanos y Diego Horta. / Gustavo Torrijos.

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Mejores oportunidades laborales o educativas, así como mayores condiciones de seguridad, están entre las razones por las que los jóvenes rurales migran del campo a la ciudad. Así lo mostró el año pasado un estudio del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural. El asunto ha atraído más atención desde que último Censo Nacional Agropecuario dio cuenta de cómo el campo se está envejeciendo: hay cada vez menos hogares con menores de 15 años, pero cada vez más con adultos mayores.

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No en vano el relevo generacional es una de las principales preocupaciones de gremios como la Federación Nacional de Cafeteros. Además, como suelen decir los trabajadores rurales: que no se nos olvide que sin campo no hay ciudad. Ahora, no cabe duda sobre que condiciones que hagan atractivo el campo, como la rentabilidad de las actividades que allí se desarrollan, son vitales para motivar la permanencia de las nuevas generaciones. Sin desconocer la responsabilidad del Estado y otros actores en esa tarea, son los mismos jóvenes quienes se reconocen como parte fundamental para cambiar realidades.

Andrés Felipe Quiñones, de 21 años y originario de Rosas, Cauca, admite que solía ser apático frente al cultivo de café, en parte porque veía cómo su papá trabajaba de sol a sol por un retorno que no justificaba el esfuerzo. Sin embargo, cuenta que a raíz de un proyecto que el comité de cafeteros implementó en su colegio pudo empezar a tener una “visión diferente de territorio”. Se fue capacitando en áreas como el análisis físico y la catación del café, al tiempo que se iba consolidando como líder juvenil en su comunidad.

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Para él, es clave que entre los caficultores haya más unidad y organización, para compartir experiencias y conocimiento, no sólo con la propia comunidad sino con productores de todo el país. Es lo que, en alguna medida, pudo hacer a finales de agosto cuando visitó Bogotá. Estuvo con otros cuatro líderes cafeteros para continuar un proceso que empezaron con Juan Valdez y la Fundación Andi, tras ser identificados por su liderazgo, compromiso con el medio ambiente y la diversidad de sus orígenes.

El resultado tangible de ese proceso será una edición especial de café llamada “Renacer”. Serán 5.000 unidades, con cinco sachets cada una, del café que Juan Valdez les compró a estos jóvenes, con un valor diferencial por ser café especial colombiano, según Alejandra Londoño, vicepresidenta de Mercadeo de Procafecol (Juan Valdez). Estarán en 115 tiendas en 16 ciudades en Colombia y su objetivo, según Camila López, gerente de Sostenibilidad, es visibilizar las historias de estos productores.

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Talleres con expertos para fortalecer aspectos técnicos del cultivo y desarrollar habilidades de planeación financiera estuvieron en la agenda impulsada por Juan Valdez y la Fundación Andi en Bogotá. También hubo un componente de proyecto de vida, con el fin de responder a la pregunta de si el cultivo del café se compagina con sus propósitos a largo plazo. Pero, al oír a estos jóvenes, parece que es un interrogante ampliamente resuelto.

María Carolina Farfán, de Urumita, La Guajira, tuvo que dejar su tierra y esperar para volver debido al conflicto armado. Mientras tanto estudió ingeniería ambiental y proyectaba su futuro en el campo. Al regresar a su origen, empezó a escuchar de mujeres cafeteras y asociatividad. “No sabía que uno se podía agrupar y conseguir cosas en beneficio de la comunidad”, dice. Junto a sus compañeras formó la Asociación de Mujeres Cafeteras del Perijá. Con 23 años, afirma que “a pesar de la violencia y la escasez de vías de acceso, creemos que se pueden lograr grandes cosas alrededor del café”.

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Otra líder, Maribel Llanos Martínez, de 29 años, hace énfasis en la importancia de tener visión empresarial y transformar el producto dándole valor agregado. Desde su función, en el análisis físico y sensorial del café, da acompañamiento técnico a sus compañeras de la asociación de mujeres cafeteras en La Celia, Risaralda. Trabaja con la convicción de que es posible trascender la venta del grano a una cooperativa, para enfrentarse a un trabajo en laboratorio y luego a ruedas de negocios, para hablar de diversidad de sabores y aromas.

El fin de semana pasado, precisamente, se conocieron algunos resultados de las últimas elecciones cafeteras. La Federación resaltó que la participación de las mujeres y los jóvenes como representantes gremiales aumentó. En los comités departamentales la presencia femenina se duplicó, al incrementarse del 8 % al 15 %, “un gran logro de estos comicios, en línea con la estrategia de equidad de género de la Federación Nacional de Cafeteros”, resaltó el gremio en un comunicado. También subrayó la participación de los jóvenes: 20 % de los representantes en los comités departamentales y 34 % en los municipales son menores de 45 años.

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Jonathan Botero, de Abejorral, Antioquia, fue uno de los que se lanzaron al comité municipal. Si bien no quedó elegido, afirma que es posible trabajar muy de cerca con los representantes. Tiene 24 años y entre sus sueños está abrir su propia tienda de café, en la que pueda contarle a su cliente: “Este café lo produzco yo, generando empleo y protegiendo el medio ambiente”. Reconoce que los jóvenes están llamados a cambiar prácticas de sus antecesores, en defensa del medio ambiente. María Carolina asiente y cuenta cómo en ocasiones entre las personas mayores hay resistencia a renovar los cafetales, por miedo a no sacar cosecha. Sin embargo, es consciente de que se trata de un proceso necesario para alcanzar mejores rendimientos.

Diego Horta, de Santa María, Huila, tiene 23 años. Cuando cuenta que los papás en el campo suelen decir: “Mijo, estudie para que no sea como yo”, todos en la mesa están de acuerdo. “De ahí parte todo para que los jóvenes repelan el campo”. Hoy es técnico en producción de café y tecnólogo en gestión de empresas y con su liderazgo ha ido cambiando la opinión de quienes lo rodean. Andrés Felipe remata: “Tenemos que concientizar a los padres para que se sientan orgullosos de lo que son y que luego se atrevan a soñar con nosotros, que podamos hacer un empalme y trabajemos de la mano”.

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