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Éstos se destinarán, según ha dicho el Distrito, a una serie de megaobras indispensables para atacar de forma contundente los problemas de movilidad que acosan a diario a la capital del país. Es decir, para echar arriba infraestructura: el punto débil de esta Alcaldía, la razón por la cual le llegan críticas desde casi cualquier espectro político.
De ser así, el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, quien acaba de ser el protagonista de una crisis de legitimidad (y gobernabilidad) por haber decretado su Plan de Ordenamiento Territorial ante la negativa previa del Concejo, en una maniobra que no deja de parecer inválida, retoma las riendas de la ciudad. Tiene vía libre, por decirlo ya en términos simples.
Esto es sumamente importante: si de algo se ha quejado el alcalde (y sus simpatizantes) es de que no lo dejan gobernar. Que hay una estrategia de unos sectores oscuros que se lo impiden. Asumamos que sí. Ahora, en esta noticia de la que hablamos, hay un visto bueno: demuéstrenos, entonces, alcalde, lo que es capaz de hacer cuando tiene todo a su disposición.
Aún falta el aval de la Nación, es cierto, pero ese es un trámite administrativo que no se demorará más de un mes, según las cuentas de los funcionarios del Distrito. De resto, ha dicho el secretario de Hacienda, Ricardo Bonilla, que la estructuración de los proyectos, para saber qué licitaciones se van a hacer, tendrán lugar este año. En octubre se conocerán los primeros proyectos. Y éstos se adjudicarán al principio del otro año.
Ya han salido críticas, por supuesto. De algunos concejales, cuyo argumento (vacío y tautológico) es que no confían en la capacidad de gestión del alcalde y que, justamente por eso, el endeudamiento es un error; que es un “cheque en blanco”, repiten una y otra vez. Al contrario: si algo le da capacidad de gestión al mandatario es ese cheque en blanco. Que lo use. Que lo tenga presente para adelantar las obras que ha propuesto. Siempre nos pareció que esta era la salida correcta: por eso, enhorabuena, el Concejo lo aprobó.
La segunda crítica parte de una pregunta sensata: ¿esto afectará las finanzas de los ciudadanos, cuando les cobren por esta deuda que la ciudad asume? Ha dicho que no el secretario de Hacienda. Ayer, ante La W, manifestó que se mantendrá la misma estructura tributaria y explicó algo que parece no estar tan claro por parte de la ciudadanía: Bogotá crece anualmente por dos cosas fundamentales: el sistema predial y la actividad económica. Reciben, ahora, por obra del cupo de endeudamiento, $3,03 billones, pero la ciudad produce $5,5 billones anualmente, casi el doble.
Ya lo dijimos: el camino está despejado y la oportunidad servida en bandeja de plata. ¿Cuáles son, entonces, las obras, cuyos primeros pasos veremos el otro año? La troncal de Transmilenio por la avenida Boyacá (en un nuevo modelo, esperamos, ya que el alcalde ha sido bastante crítico con el actual), los metrocables de San Cristóbal y Ciudad Bolívar, y el metro pesado que irá desde el occidente hasta el nororiente de la ciudad. Además, el cupo incluye $904.000 millones para la construcción de ciclorrutas, el reforzamiento de 42 colegios, proyectos de salud y la financiación de obras que se excluyeron del cobro por valorización.
Como siempre en esta administración, todo suena muy bien. Esperamos que se cumpla: hace falta más acción en esta alcaldía, sobran muchos circunloquios reflexivos. Ojalá el alcalde esté a la altura de esta circunstancia y empiece las obras en el tiempo más corto que sea posible.