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Dar soluciones integrales

Gran parte de la razón por la que ciertas zonas de Colombia se vienen abajo cuando cae un par de aguaceros fuertes es la falta de planeación a largo plazo.

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Las medidas paliativas, si bien necesarias cuando se presenta una emergencia natural, son insuficientes para solucionar el problema de fondo.

Lo vivimos con la ola invernal y sus destrozos. Años enteros de echar para arriba infraestructura sin pensar en términos ecológicos nos pusieron a andar por esa senda. Y ahí vimos los resultados.

La semana pasada, durante el II Foro Mundial Ambiental, organizado por El Espectador y The Nature Conservancy, se expuso la iniciativa para encontrar una solución definitiva a los problemas del Canal del Dique. No solamente se trata de controlar las inundaciones y mejorar la navegabilidad, como resueltamente podría pensarse, sino de mucho más: limitar el caudal, claro, pero también controlar la sedimentación que se genera ahora en la bahía de Cartagena y el impacto que tiene sobre las islas del Rosario, con sus corales arrasados.

El plazo para diseñar las obras propuesto por Carmen Arévalo, directora del Fondo de Adaptación, es de 24 meses. El plazo para la construcción es de otros 24 meses. El dinero: $1,02 billones que se irán ejecutando a medida que estén definidas las obras. Los encargados: el consorcio Dique (Gómez Cajiao y Royal Haskoning DHV), quienes definirán la ruta a seguir para luego, durante dos años, realizar las obras pertinentes. ¿Es mucho tiempo para solucionar los problemas del Canal del Dique? Puede ser. La respuesta de la funcionaria ante esa pregunta es que “se requiere liberarnos del cortoplacismo”. Y tiene razón. En este país es fundamental que las políticas que se definen para hacer frente a los riesgos naturales abandonen esa vocación. Porque, de lo contrario, seguiremos esa lógica hasta la eternidad. Sin un proyecto fuerte y viable, el Canal del Dique presentará peores problemas en el largo plazo.

Según Julia Miranda, la directora de Parques Nacionales, tres áreas están en riesgo: el Parque Natural Corales del Rosario, el Santuario de Fauna y Flora El Corchal “El Mono Hernández” y el Parque Nacional Corales de Profundidad, añadiendo a su conteo, de paso, los problemas de la sobreexplotación pesquera, la acidificación mundial de los océanos y el turismo no sostenible. Por lo tanto, el problema del Canal del Dique no es una pequeña parte de algo, no es siquiera un obstáculo regional, es una cosa que concierne a toda Colombia: basta mirar un mapa para darse cuenta de la dimensión real.

Los paños de agua tibia, entonces, no sirven de nada. Hace falta ver los resultados de la fase de diseño, por supuesto, que se ajusten a estrictos estándares ambientales y que sean viables en el tiempo planteado, que es bastante y que no puede dar demoras. Pero hacer cosas de gran envergadura para afrontar fenómenos como el cambio climático es fundamental. Si no, como dijimos, todo se vendrá abajo por cuenta de un par de lluvias. Y se llorará sobre la leche derramada. Y se enviarán ayudas. Y la sociedad se solidarizará. Pero, mucho más allá de lo urgente, lo necesario quedará relegado. El país debe estar pendiente de cómo se resuelve esto.

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