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Ocho días después de la muerte del grafitero de 16 años, Diego Felipe Becerra, que recibió un disparo en la espalda a poco más de metro y medio de distancia por parte de un agente de la Policía Metropolitana, siguen creciendo las dudas alrededor de las versiones de la familia del menor (según la cual él estaba pintando muros antes de ser hallado por las autoridades) y la de las autoridades y un conductor de bus, quienes aseguran que él estaba atracando el vehículo de transporte público.
Una de las claves para resolver la misteriosa muerte de Becerra está en manos de los físicos forenses de la Fiscalía, que tomarán pruebas de un graffiti cercano al lugar de los hechos (calle 116 con 71d) para determinar si éste fue pintado justo antes de que el joven recibiera el disparo mortal. Lo que incita a realizar esta investigación es que en la necropsia practicada al cuerpo del joven se encontraron rastros de pintura en sus manos.
La madre de Becerra, Liliana Lizarazo, se mantiene firme en su versión, a la cual hasta ahora no se le ha encontrado ninguna inconsistencia: “Mi hijo estaba pintando paredes. Pero para mí lo más importante ya no es demostrar esto, sino demostrar que la Policía está inventando una mentira para no aceptar que mató a mi hijo por error. Hay que esperar los resultados que entregará la Fiscalía el sábado para seguir tumbando la versión de las autoridades”.
La versión de las autoridades y del conductor de la buseta, según una investigación realizada por Caracol Radio, tiene inconsistencias. Primero, la investigación indica que aunque Jorge Narváez, el conductor, habló ante los medios identificando a Becerra como el asaltante de su bus, el supuesto asalto nunca fue reportado a la empresa Cootransniza, a la cual está afiliado el vehículo de transporte público.
Segundo, entre la llamada al 123 realizada por un pasajero del bus y la denuncia hecha por el conductor, no coincide el número interno de la buseta. Mientras que el pasajero dijo que empezaba con 67, el conductor afirmó que el número de su vehículo era 4521.
Tercero,Narváez afirmó que renunciaba debido a su temor de recibir represalias por parte de los “cómplices” de Becerra, pero dirigentes de Cootransniza lo desmintieron, al afirmar que el chofer abandonó su cargo porque el bus cambió de dueño.
Respecto a las inconsistencias indicadas por Caracol Radio, Medicina Legal manifestó que, dado a que el caso está en investigación, en ningún momento ha emitido está información sobre el tema.
En la necropsia, además de encontrar rastros de pintura en las manos del menor, también se confirmó que su muerte fue ocasionada por una bala que entró por el lado derecho de su espalda y que fue disparada a 1,80 metros de distancia del joven.
Las crecientes dudas que rondan la muerte del grafitero y el impacto que el hecho ha generado en la opinión pública, tal como afirma su madre, no permitirán que el hecho se quede en el olvido. De confirmarse, por parte de los físicos forenses, que el joven estaba pintando muros, sería la Policía la que tendría que arreglárselas para justificar las contradicciones en su versión.