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En tiempos de crisis económica, días en los que los bancos y los comisionistas de bolsa terminan quebrando y con investigaciones penales, parece ser que una de las jugadas más sensatas es pedir ayuda a los extraños.
Crowdfunding es una de las formas de impulsar la innovación que están ganando más relevancia en el mundo. El término, en palabras simples, se refiere a una modalidad de financiación colectiva en línea: quien tenga un proyecto puede acceder a varias plataformas (la más popular es Kickstarter), explicar su idea y solicitar un monto de dinero a cambio de algo. Si la persona quiere hacer un libro, una de las recompensas para quienes lo financien puede ser una copia autografiada, por ejemplo.
El éxito es un término relativo, es cierto. Pero una reescritura de Hamlet, una versión extendida con finales alternativos, venció su meta de recaudación en Kickstarter el primer día y en un par de meses recibió más de medio millón de dólares, de 15.000 financiadores. Cosas así.
Claro, se requiere dinero, pero también algo más. Un grupo de vecinos en Almería, España, busca ponerle riego a una huerta social, un terreno que fue cedido por un ciudadano para que varios pudieran cultivar y alimentarse. Un documentalista quiere hablar de la visión de los jóvenes sobre temas globales. Proyectos que, además de financiación, buscan dejar una huella, encontrar un público para difundir una colección de ideas muy particulares que en muchos casos hablan de mejorar la educación o el aprovechamiento de recursos naturales o poner bases de datos oficiales al servicio del público.
Goteo es un paraguas bajo el cual se agrupan ideas y soñadores que buscan cambiar el mundo, un proyecto a la vez. Es en el fondo una plataforma de crowdfunding, pero con sentido social, si se quiere.
El sitio vio la luz después de un par de años de discusiones y talleres ciudadanos (entre 2009 y 2011), que fueron dibujando un borrador de cómo podría ser un sitio que se alinea con la filosofía más básica y transversal de la red: la difusión libre del conocimiento y las ideas como pilar fundamental de la construcción cultural y el bienestar público.
Una especie de idealismo escaso, aunque también popular, si se permite la contradicción. “Nuestros datos nos dicen que cuando el proponente de un proyecto entrega algo más a cambio, si deja, por ejemplo, que su creación pueda ser compartida y reutilizada para generar algo nuevo, los financiadores se vuelven más generosos. La media de financiación es de 25 euros aproximadamente, pero en estos casos suele ser de 40 euros o más”, cuenta Enric Senabre, quien está a cargo de proyectos y comunidad en Goteo. Senabre también aclara que el 19% de las personas que financian proyectos rechazan la entrega de una recompensa por su aporte.
Uno de los capítulos más usados de la sabiduría popular dice que “de eso tan bueno no dan tanto”. Es cierto. El modelo de crowdfunding no es sinónimo de éxito, ganancias o satisfacción para los financiadores, o al menos no siempre. Tampoco es un pariente cercano del fraude y el robo. En la mitad de esos dos extremos hay riesgos y demoras, cosas que no funcionan muy bien. “Hay un estudio que encontró que el 85% de los proyectos en Kickstarter tienen problemas a la hora de entregar sus productos, pues sufren retrasos en su desarrollo”, dice Senabre.
El equipo del sitio web, además de una evaluación previa acerca de qué tan innovador y plausible es un proyecto, realiza una suerte de acompañamiento para que los proponentes tengan claro que, aunque es importante buscar recursos, también lo es tener la capacidad de respuesta una vez lleguen las inversiones, entre otros temas.
En el modelo de Goteo, la financiación es un término amplio, que traspasa las barreras del dinero para instalarse más en los terrenos de la ayuda. Algunos proyectos reciben donaciones, aunque también colaboración en un abanico de formas que van desde traducciones hasta prestar una furgoneta para transporte de mercancía. En el huerto social de Almería son bienvenidas las herramientas usadas y los jueves en las tardes es posible ayudar con las plantaciones.
Mientras el sistema financiero se despeña por el abismo del abuso y la especulación, lo que proponen iniciativas como esta es dar un empujón colectivo para favorecer las buenas ideas: meter manos para resistir y florecer.