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Símbolos del atraso

Denuncias en el Concejo por retrasos de una vía cuya construcción se está planeando hace medio siglo. La lista de trabajos a medio hacer en la capital es larga y existe mucho tiempo antes de que se conocieran los líos de la calle 26.

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El miércoles, en el Concejo de Bogotá, se llevó a cabo un debate de control político que desnudó los retrasos de una obra más en la ciudad. No se trata de cualquier calle ni de cualquier atraso. Es nada más y nada menos que la construcción de la Avenida Longitudinal de Occidente (ALO), una mega autopista urbana que según denunció la concejal Soledad Tamayo se está haciendo hace medio siglo. La ALO se suma pues a la larga lista de símbolos del imaginario colectivo bogotano, que encarnan las incomodidades ciudadanas y la inoperancia estatal. Aquí algunos.
 
Cincuenta años, un kilómetro

Quedó en evidencia en el Concejo: de tres tramos de la ALO en medio siglo sólo se ha construido uno: 1,88 kilómetros en 16 meses y a un costo de $12 mil millones. La obra completa le costaría a la ciudad (con recursos del Gobierno Nacional) $1,60 billones. En 1999, ese precio estimado estaba por el orden de los $646 mil millones.

Todos los datos fueron expuestos por la concejal Tamayo en el debate sobre los retrasos de la ALO, una avenida que debería conectar zonas como Chusacá y Chía para lograr un enlace regional estratégico. Clave para cruzar de norte a sur y viceversa la ciudad, aunque cercana a zonas de humedales. La primera vez que se habló de ella fue en 1961, cuando un acuerdo estableció el llamado Plan Piloto del Distrito Especial.

Hoy la realidad es que sólo se ha podido construir un escaso tramo, de los 170 kilómetros contemplados, y que el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) no ha logrado adquirir los 1.109 predios que se requieren para hacer la obras, para los cuales –ya lo reconoció la Secretaría de Movilidad- no se tienen los recursos. Así las cosas, el Distrito la incluyó dentro del proyecto de autopistas urbanas que se financiarían con recursos de la Corporación Andina de Fomento (CAF).

El viacrucis de la Pepe Sierra

Han sido más de dos años de mallas verdes, obreros trabajando, trancones, materiales en la puerta de los establecimientos comerciales y, en general, mucha incomodidad en la emblemática calle 116, también conocida como la Pepe Sierra, donde aún no se terminan de construir los andenes. Los retrasos de la obra, que en algunos tramos tuvo que repetirse porque faltaba la adecuación de las redes, llevó a que el pasado abril la Fiscalía citara a interrogatorio a la exdirectora del IDU, Liliana Pardo, por presuntas irregularidades en este caso.

Los trabajos se calcularon inicialmente en unos $3 mil millones y, según lo denunciado por algunos concejales, ya van en $10 mil millones. Arrancaron en 2008 y supuestamente demorarían unos siete meses. En marzo de 2009, el IDU anunció que el 46% de la obra estaba sin concluir. Amparado en la figura de la urgencia manifiesta, el Instituto le entregó el negocio a la firma Oceisa para que terminara los andenes. A fines del año pasado, se anunció que todo estaría listo en siete meses. Amanecerá y veremos.

La catástrofe de un río quieto

Si algo ha desnudado la emergencia invernal padecida este año por la ciudad y buena parte del país es la tragedia del río Bogotá, el principal cuerpo de agua en la capital, muerto debido a la histórica contaminación y por cuya suerte parece no querer responder nadie. Públicamente, las entidades responsables (la Alcaldía, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado, la Contraloría, el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial y la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca -CAR-) hacen pronunciamientos a favor de su descontaminación, pero la realidad es que, hasta el momento, todos los proyectos están sobre el papel.

Casi siete años después del histórico fallo que condenó a la Nación, al Departamento y al Distrito por la catástrofe del río, los planes para sanearlo arrancan parcialmente y 900 toneladas de basuras se siguen vertiendo a él todos los días.

Las obras del río, cuya cuenca alberga a cerca de nueve millones de personas de 25 municipios, costarían unos $4 billones e incluyen la construcción de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Canoas, en Soacha, y unos interceptores (uno de los cuales ya está hecho) que costarían $3 billones, según el exalcalde Jaime Castro.

Hoy la CAR dice que está en proceso la consecución de los recursos de la PTAR Canoas. Los expertos aseguran, mientras tanto, que con suerte y dedicación en un siglo el Bogotá podría volver a ser un río vivo.

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