Publicidad

Con la interlocución ganamos todos

Gina Parody fue nombrada como nueva consejera del Gobierno Nacional para Bogotá. Una nueva Consejería que el presidente Santos saca de debajo de la manga para articular mejor sus políticas nacionales y locales.

18 de septiembre de 2012 – 05:20 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

¿Cuál es la función que deberá enfrentar la excandidata a la Alcaldía de Bogotá? En términos simples, y pese a que el cargo no tiene capacidad de gestión inmediata, se trata de ser una bisagra entre el Gobierno y la administración distrital, con el fin de que, en los proyectos conjuntos, sea ella quien haga un acompañamiento a la Nación desde el nivel técnico.

Parody es, sin duda, una persona preparada en temas urbanos y entiende como pocos las mecánicas de la ciudad y sus prácticas internas. No en vano su programa de gobierno para las elecciones que ganó el entonces candidato Gustavo Petro era uno de los más completos y fundamentados de la baraja. Su preparación se hizo visible en cada uno de los debates: con las cifras siempre en la cabeza, con las ideas claras, con las críticas agudas a sus rivales. Nadie puede desconocerle a Parody el profundo estudio que hizo de la ciudad en su momento.

Ahora bien, no sobra volvernos suspicaces y prevenir a la nueva alta consejera sobre unos aspectos fundamentales. Este no es, ni mucho menos, un cargo para hacerle oposición al alcalde de Bogotá. Actitud de la que deberá desvestirse con prontitud ya que, en esencia, es lo que ha venido haciendo desde que perdió las elecciones con él. Tampoco se trata de un encargo para cerrarles el camino a algunos proyectos provechosos para la capital, usando su influencia sobre el poderoso presupuesto nacional en cabeza de los ministerios con los que ella trabajará hombro a hombro.

El acompañamiento debe ser técnico mas no ideológico. El presidente Juan Manuel Santos no ha nombrado una coalcaldesa para imponerle a Petro su visión tan distinta de la expansión de la ciudad y el desarrollo, y si esa fue la idea, estaríamos ante una extralimitación de funciones altamente inconveniente. Tal y como lo manifestó con sensatez el exalcalde Antanas Mockus, esta Consejería debería servir para ayudarle al burgomaestre a construir la ciudad más humana que ha prometido. No para forzarlo a cambiar de rumbo.

Con interlocución ganamos todos, así de sencillo. Las rencillas personales o ideológicas hay que dejarlas a un lado para que acá no pierda nadie. Y esto tiene que entenderlo, también, el alcalde Petro. El orgullo, del que confesó ser pecador, no puede ganarle al entendimiento de este nuevo cargo: qué mejor que trabajar en conjunto con la Nación para avanzar en su frenado Plan de Desarrollo. Por eso sorprendió que en un principio el alcalde haya rehusado reunirse con ella personalmente, pese a que manifestó que se le iba a atender con la “política del amor”.

A ambos hay que hacerles un llamado de atención para que los proyectos de la ciudad lleguen a su mejor término. Sobre todo porque Bogotá es una ciudad que, como ninguna otra, tiene una atención nacional bastante grande: el metro, la movilidad, la vivienda, el tranvía, el proyecto de la Avenida Longitudinal de Occidente, entre otros, se deslizan sobre el péndulo nacional-local.

La gracia, entonces, es que se haga una agenda única, como lo ha planteado con claridad Gina Parody. Esperamos que esta Consejería sirva a los intereses de la ciudad y no se enfrasque en una batalla de egos que la dejarían destruida.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido