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Hillary o si no ¿quién? ¿Trump?

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Nos importa mucho quién sea el presidente de los Estados Unidos.

Aquí hemos ganado guerras con Roosevelt y Truman, hemos continuado fuertes con Eisenhower, hemos llorado a Kennedy, reprobado a Nixon, etcétera. Nos cayó bien Obama, por su raza y juventud, y ahora estamos a la espera de una mujer en el poder de Occidente, porque es el poder de Occidente.

Tal vez no sea la mujer ideal. No es Eleanor Roosevelt, ni Golda Meir ni la Thatcher o la canciller Merkel o quizá todavía no lo sea. La gente en el poder se construye y se transforma y los que no lo son hasta se vuelven estadistas (con canas o sin ellas). Pero cualquiera ve el peligro de su alternativa, el señor Trump, gran paladín del americanismo excluyente de EE. UU., antipático y peligroso enemigo o variable amigo del resto del mundo. Y, me parece, sin la categoría para gobernar desde el salón oval, que no es la sala de juntas del reality “El Aprendiz”.

Interesantes discursos en la convención demócrata. El de Sanders, en la línea correcta de no romper la unión de su partido, muy querido por los suyos, algunos de los cuales no asimilaron el golpe de la entrega de banderas a su rival y se retiraron. Grave presagio. Muy enérgico y vital el de Joe Biden (hubiera sido mejor candidato), viejo querido y noble, para esta época en que los de mayor edad han repuntado gananciosos, véase si no a PPK en Perú, para no mencionar al ya pronto octogenario papa Francisco, aunque debe mirar bien por dónde camina. Fidel se fue de bruces a los 80, atenido a su fortaleza.

Hillary va a llegar o sería el desastre, pero es candidata sin carisma. Su risa es fingida y su esfuerzo agotador. Le han montado un hacker, como le ocurrió entre nosotros a Oscar Iván Zuluaga. Las malas artes de la política son lugares comunes. Pero su elección será un respiro para la democracia tradicional, ajena a las llamadas dictaduras democráticas, que ofenden la dignidad humana por la privación de libertades públicas esenciales.

Bueno, dejemos todo esto a mejores analistas del tema, que hoy abundan. Afortunadamente en el caso Hillary no nos toca definirnos para votar, como sí, entre nosotros, en el tema del plebiscito o lo que se conoce por tal en el argot santista. Es frecuente ver cómo algunos articulistas se definen tempranamente con los signos del sí o del no. Me parece que no lo voy a hacer para no dar el paso a ser activista, que es uno más allá de ser opinador, sin reprochar a quien lo dé.

La transformación jurídica de Colombia es un golpe de Estado según el expresidente Pastrana, lo que resulta innegable para quienes hemos pasado por escuelas de leyes. Vanos estudios desvirtuados por abogados externos de extrema y políticos nacionales de increíble laxitud.

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