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Sin embargo, la realidad actual tiene a la comunidad internacional pendiente de los acontecimientos que se desarrollan en varios lugares de esa región y de Asia tras las protestas contra Estados Unidos, así como por el número de víctimas o los destrozos causados en Libia, Egipto, Yemen, Jordania, Túnez, Turquía, entre otros. A medida que pasan los días y se riega más la pólvora, Israel y otros países occidentales, como el Reino Unido, Alemania y Suiza, han quedado incluidos en el grupo de sedes diplomáticas donde los manifestantes hacen presencia.
Aunque el presidente Barack Obama y la secretaria de Estado, Hillary Clinton, han tratado de quitarle presión a las protestas, al criticar la película La inocencia de los musulmanes, también se han cuidado de defender la libertad de expresión. Lo que se conoce de la cinta no parece ser más que algo de pésimo gusto hecho con el mero deseo de insultar. A pesar de los esfuerzos, las acciones de calle de los manifestantes han ido creciendo y el antiamericanismo vuelve a estar a la orden del día en una región del planeta que por momentos parece un barril de dinamita.
En Washington saben bien que éste es un asunto con el cual hay que tener especial cuidado, sobre todo a pocas semanas de las elecciones presidenciales y con una intención de voto algo pareja. De esta manera, quien cometa un error en su manejo puede sufrir las consecuencias en las urnas. Así las cosas, quien salió primero a declarar, de manera desafortunada, fue Mitt Romney, criticando de manera equivocada al manejo dado por el presidente Obama en un tema de política exterior que normalmente tiene el consenso bipartidista.
De otro lado, el tema amerita guante blanco, pues un par de años atrás un hecho aparentemente menor, la inmolación de un ciudadano tunecino, prendió la mecha de la Primavera Árabe. Las consecuencias de la misma no sólo han derribado gobiernos en el área, sino que en este momento tienen en entredicho la permanencia del régimen sirio en el poder. Así las cosas, su culminación no se ha producido y estos hechos son parte de la nueva realidad que se vive en los países árabes.
Veamos si no. Libia, país donde Estados Unidos se jugó a fondo, fue donde comenzó esta encrucijada. En un ataque al parecer planeado con antelación, y utilizando como florero de Llorente el descontento con la película mencionada, un grupo de 50 milicianos armados atacó con misiles el consulado estadounidense en Bengasi, ocasionando la muerte de cuatro personas, entre ellas el embajador Christopher Stevens. Luego, las protestas se expandieron a Egipto y Yemen. En El Cairo, el gobierno islamista moderado ha enfrentado la paradoja de tener que defender la sede diplomática estadounidense, como le corresponde, reprimiendo con violencia a los manifestantes, los cuales a la vez son parte de su base electoral. Tres soldados colombianos de la Fuerza de la ONU en Sinaí resultaron heridos el día de ayer. El hecho afortunado es que los Hermanos Musulmanes se han sumado en las últimas horas a los intentos de apaciguar los ánimos.
Continuando con las paradojas, la película que ha ocasionado los desmanes es de por sí un misterio total. Al parecer se estrenó en Los Ángeles ante un pequeño grupo de personas y algunos apartes de la misma se subieron a la red. Su director utilizó un nombre falso, no hay cómo encontrarlo y nadie más se responsabiliza de la misma. Los actores dicen que fueron engañados. El daño está hecho.
De momento sólo resta esperar a que se decanten los ánimos, que los gobiernos puedan apaciguar el legítimo descontento y que las consecuencias no vayan más allá de las dolorosas pérdidas de vidas humanas que se han producido en los últimos días.