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Soy periodista de Blu Radio y de este diario, ambos del mismo grupo al que pertenece Caracol Televisión. Advertida esa circunstancia y teniendo en cuenta que desde hace más de 30 años trabajo en medios, veo con preocupación lo que está sucediendo con el manejo de la televisión.
Por eso me siento en la obligación de contarle al señor contralor general lo siguiente.
La Autoridad Nacional de Televisión (ANTV) ha contratado dos veces a la Universidad Nacional (UN) para estudiar el mercado de televisión y valorar las contraprestaciones económicas que tendrían a su cargo las empresas que quieran explotar ese negocio. A la UN le han pagado por sus dos estudios alrededor de $6.000 millones de pesos, lo cual de por sí parece exagerado, mucho más teniendo en cuenta que ese prestigioso centro educativo no tiene dentro de su objeto el de ser banca de inversión.
En todo caso, si a la UN la contrataron por sus calidades y experticia, resulta el colmo que la ANTV adicionalmente haya contratado a una banca de inversión —por una suma cercana a los $400 millones— y a una oficina de abogados —por $700 millones, aproximadamente— para que revisen el trabajo de la UN. Aún peor: los contratos respectivos se celebraron después de que el ministro de las TIC y la directora de la ANTV anunciaron con gran alharaca que estaban listas las bases para las licitaciones del Canal Uno y del tercer canal, gracias al estudio de la UN, lo cual al parecer no era cierto porque después salieron a contratar su revisión. ¿Sirven o no sirven los estudios de la UN? Y si sirven, ¿por qué hay que volverlos a revisar?
Es una perla más de la ANTV que logró la hazaña de hacernos añorar a la desaparecida Comisión Nacional de Televisión, de la cual heredó todos sus vicios y ninguna de sus virtudes.
Señor contralor, espero que a usted la ANTV sí le deje ver los resultados de los estudios, porque hay muchas cosas que se deben examinar urgentemente.
Notícula: Según una reciente y desafortunada sentencia de la Corte Constitucional, todos los espacios del Canal Uno se pueden otorgar a una sola empresa. El efecto de ese fallo es que en la próxima licitación podrían quedar por fuera de la televisión colombiana don Jorge Barón, Colombiana de Televisión y las programadoras de los admirados periodistas Daniel Coronell y Yamid Amat, lo cual no tendría nada de democrático ni justo con quienes han sido verdaderos quijotes de la industria. Esa única empresa podría ser una sociedad controlada por don Luis Carlos Sarmiento, dueño de El Tiempo y de Citytv. De esta forma, una de las fortunas más grandes de este país no se arriesgaría a invertir en un tercer canal, sino que se montaría en la red pública, quitándoles el lugar a empresas tradicionales de televisión, mucho más modestas financieramente, pero indispensables para el pluralismo informativo. Como dice un amigo mío: es como si yo me inscribiera en el Sisben para recibir subsidios y servicios de salud.