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Cuando leí JOP (Capitán Swing Libros), del escritor estadounidense Jim Dodge, pensé en el hombre que pasea a su pato por el Parkway, en Bogotá. El que no deja a nadie indiferente. Lo inesperado y lo ridículo como abrebocas de una buena historia. Al poner en una misma escena varios elementos extraños, casi aleatorios, el resultado de la narración será, por lo menos, original.
En esta novela, la de Dodge (escritor, poeta, recolector de manzanas, pastor de ovejas, leñador y jugador de cartas), tenemos a un abuelo centenario, con su fórmula alcohólica para vivir eternamente y una adicción al juego que le ha dado todo lo que tiene. A un chico huérfano, que luego será un gigantón obsesionado con construir cercas, llamado Peque. Y a una pata de nombre JOP (Jodida Pata). Todos reunidos en una casa de campo donde sólo se tienen a ellos tres para pasar la vida.
JOP es una fábula moderna, que tal vez significa que hay un cierto protagonismo de animales personificados y una verosimilitud en sus hechos. La pata va a cine, toma whisky y hasta tiene códigos (el animal que habla, aunque sólo diga cua cua) para dar a entender algo. El jabalí, o antagonista, es además un truco para que en su forma salvaje no adivinemos sus verdaderas intenciones y que podamos incluso creer en su inocencia y en su propio ocaso.
También diría que hay un poco de mitología griega, como la historia de Penélope, la que teje y desteje. Asimismo Peque arma y desarma las cercas para cuidarse de algo que desconoce, para tener qué hacer cada día: “la obsesión era (…) absolutamente traicionera; uno no nace si no se despega de la madre, y muy pocas personas son capaces de despegarse de una obsesión”. Este personaje nacerá, tal vez, el día en que abra sus rejas.
Ahora vamos al abuelo. Al que la inmortalidad empezó a aburrirle. Por eso se busca un objetivo, como enseñar lo que no sabe. Enseñarle a volar a JOP, la pata regordeta y porfiada. El humor que luego le abre paso a la tragedia: ese interés de sentir la propia muerte como un vuelo con patos que se dirigen al sur. Patos que pueden raptarnos del mundo para llevarnos a un lugar vacío… “pues sí, maldita sea, fui inmortal hasta que morí”.
El surrealismo es otro elemento de JOP. Un pato sale del estómago de un jabalí y de inmediato se hace grande y vuela. El propósito de la escena no es el relato en fantasía, ni entender el porqué de las cosas. Tan sólo deja pinceladas de una posible moraleja. Esto no significa que la historia sea inocentona y bien portada. En algún lado leí que si Mark Twain hubiera podido escribir la palabra P#%$, sus historias se parecerían a las de Dodge.
julianadelaurel@gmail.com