Publicidad

La construcción de la paz

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Quizás no fue el inicio de una nueva era como quisieron venderlo algunos entusiastas del proceso de paz, pero no fue, desde luego, la claudicación total del Estado colombiano frente a las fuerzas del mal y del crimen como pretendieron mostrarlo sus detractores más encarnizados.

No puede ser el fin de la guerra, como pretendieron los defensores del proceso, porque se trata de una negociación con una de las muchas facciones que componen y nutren el conflicto colombiano, pero ello no le resta eficacia ni verdad al hecho de que se lograron acuerdos de desarme y desmovilización con una de las partes más beligerantes y con la más antigua de todas.

En una negociación de esta naturaleza y para un conflicto que se ha prolongado por más de medio siglo es natural que no todos queden contentos ni tan siquiera satisfechos, y es lógico que se deba ceder en puntos que algunos miembros de la sociedad consideran cruciales. En últimas, lo que está en juego es la discusión inveterada sobre el viejo dilema y de si el fin último de la comunidad política debe ser la paz o debe ser la justicia. Está claro en cuál bando de la discusión está cada una de las partes, y el presidente y su equipo de gobierno se dieron a la tarea de conseguir la paz porque la consideran el fin último y fundamental del orden político. Y la labor es admirable porque para nadie es un secreto que el costo político que suponía intentar tal negociación con un grupo guerrillero que sólo ha traído dolor y desolación al país era altísimo. Más fácil, claro, hubiera resultado continuar navegando por los mares de la guerra y seguir explotando políticamente los rencores y las políticas del odio que han surgido de esta contienda que parecía interminable.

Es evidente que la guerra no ha terminado porque hay algunos que se niegan a abrazar la paz. Y muchas dinámicas de la configuración histórica del Estado, que suponen el litigio de intereses encontrados, seguirán estando mediadas por la pugna y el conflicto. Pero es tarea de todos lograr que se tramiten ahora por los cauces de la política, es decir, de la paz. Porque la paz, amigos míos, no es algo que se tiene, sino algo que se construye paso a paso y día a día en las acciones más cotidianas y en apariencia insulsas. Claro que podemos criticar el proceso de paz y sus retos, sus tareas y sus deficiencias, pero sería bonito (y sería también un primer paso para construir la paz) que esa crítica no se hiciera con el lenguaje de la guerra.

@Los_atalayas

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido